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Revelaciones 87

… rezo… (12:15) a (14:01)

 

Yo.- Mi Dios amado, tengo una lista de personas por las cuales me gustaría poder preguntarte y que Tú, mi amado amor, me dijeras si deseas algo para ellas o qué piensas, o lo que sea. ¿Quieres que te lo pida, mi Dios? 

+ Sí, lo deseo. Yo, tu Dios, vuestro Dios, desea hablaros, hijos, tan amados todos. Pregunta, Primavera, pregunta, Fuerza. Yo, Dios todopoderoso, os lo diré; y si hay alguien que leyendo estos mis Escritos, le entra en su corazón ansias de preguntarme algo, me lo pregunte, que a través de ti, amada hija Primavera, Yo, Dios, les hablaré.

Preguntad hijitos, vuestro Dios responde con la verdad, con mi amor y con mi justicia y Paz.

Preguntad. 

Yo.- ¿Qué deseas decirme, mi amor, de la señorita Alis? 

+ Podéis pedirle a ella, interceda por vosotros, ya que mi Santa hija está conmigo, en el mismo centro de mi Corazón, por su humildad y su gran amor.

Me pide le diga a mi hijo Fuerza, que está muy orgullosa por él, y que si no entendió que se uniera a ti, amada Primavera, hoy me pide bendiga vuestras almas. 

Yo.- ¿Qué deseas decirme de la abuela materna de Fuerza, Es? 

+ Aprended de ella, su entusiasmo en amarme y amar a los demás. Mi buena Es, está conmigo y está alegre, disfrutando de la visión celestial de su Dios.

Me pide te mande muchos besos suyos, amado Fuerza. Los sentirás en tu corazón al leer mis palabras. Goza del amor de tu Santa abuela. 

Yo.- ¿Qué deseas decirme de Tinc? 

+ Mi hijo Tinc está conmigo y con mi Santa Madre, que lo cuida y lo mima.

Reza por él, amado Fuerza, aún necesita de vuestras oraciones. Ya te las agradece y pide por todos vosotros, para que paséis de la vida al centro de mi amor: en mi Corazón Celestial. 

Yo.- ¿Qué deseas decirme de Kar y Desloab? Oh mi amado. 

+ No les enseñes nada, reza más por ellos y prevenles del terror del Infierno.

¡No te asustes y no llores, amada Primavera!

Enséñales, con tu ejemplo y tu amor, que Yo, Dios, existo, y vivo, y viviré, y he vivido siempre.

Ten mucha paciencia, y no te me entristezcas.

Yo intento e intentaré, ablandar su corazón para que busquen la humildad y me den su corazón.

Los amo, y deseo su amor; lo espero, como el de todos mis hijos.

Pero, ¿quién sabe si vuestro amor, oración y sacrificios, me sirven para rendir a vuestras personas amadas a Mí, Yo, ¡Dios!?

Y Yo, ese mismo Dios, oigo vuestras oraciones, sacrificios y amor.

Y por vosotros, y por Mí mismo, cerco las almas de vuestros amados; y si en vida, reniegan de Mí, se hacen torpes y despistados, no dudéis, amados míos, que a la hora de su muerte, todo lo que hacéis por ellos, cuenta ante Mí, vuestro amante Dios.

Y mi Madre, vuestra Madre, les ablanda el corazón con sus dulces palabras de arrepentimiento.

Entonces, las palabras de mi Madre, les recuerdan a las vuestras.

¡Hablad siempre de Mí!

No me ocultéis, que sembráis, siempre que pronunciáis mi Santo Nombre y el de mi Santa Madre.

¡No os arrepentiréis jamás, de haber pronunciado mi Nombre y mi Verdad!

Aunque parece a vuestros ojos, una siembra estéril, ¡Jamás, jamás lo es! Es la palabra de Dios que os lo dice, y no miente jamás.

¡Soy la verdad, la vida eterna, está en mis manos!

Lo puedo todo, si me permitís amaros.

¡Todo! Todo.

¡Amadme!

Yo os amo. 

Yo.- ¿Qué deseas decirme de Rosi? 

+ Déjala, ella vendrá a ti.

Yo.- ¿Qué deseas decirme de Edón? 

+ Ve a él, Fuerza.

Las habladurías chismosas y criticonas, que hicieron los hombres de ti, dañaron tu imagen.

Ve a mi hijo Edón, pero no le digas nada de esto mío, de Dios, el primer día. Antes, que te devuelva la visita. Ve con mi hijita Primavera, para que la conozca y discierna ante su corazón, que las críticas fueron mentirosas.

Y cuando conozca a tus hijos, esos maravillosos niños míos, (Yo.- está muy contento ahora Dios, y sonríe con una cariñosa alegría) rendiréis su corazón a la verdad, a la verdad de que sois todos buenos y amantes fieles de vuestro Dios; Yo. 

Yo.- ¿Qué deseas decirme de Culebra? 

+ Ve a ella, hijo mío, Fuerza, y dale mis santos escritos.

Me ama, mi hija Culebra; me ama tanto, como una hija de María.

Mi Madre y Yo, Dios, cuidamos de ella.

Culebra, hijita, tu amado esposo Vid, está conmigo, en mi centro de amor, en mi Corazón, en mi Cielo Eterno, y no deja ni un instante siquiera, de rogarme por ti, mi buena hija Culebra.

Sé prudente con estos, mis Escritos, hijita linda, mi preciosa niña Culebra, y no se los dejes a cualquiera; antes, medita en tu corazón, si puedes en conciencia, darlos o hablar de ellos; ¿lo harás, verdad, niña mía? (Yo.- Cuanta dulzura hay en la voz de Jesús por ella)

Yo, tu Dios, te amo, y te conozco como a la palma de mi mano; sé prudente, y no le enseñes estos mis santos escritos a mi amado hijo Xifón. Sé que te costará, pero Yo, tu Dios, te lo pido; y sé por qué te lo pido.

A quien puedes enseñárselo y deleitaros entre ambos, es a mi amado hijo, tu hijo Asmanteo, sólo a este hijo tuyo; repito: Yo Dios, sé por qué te lo digo.

Mi hijo, tu hijo Solomali, los deleitaría, pero personas de su alrededor, ensuciarían nuestro mutuo amor. Más adelante podrás dárselos, amada hijita linda, mi preciosa niña Culebra. Pero, de momento, disfrútalos tú, mi niña, y mi hijo amado Asmanteo, al que tanto y tanto amo, Yo, Dios de amor y misericordia, sabio y fuerte, justo y prudente.

Aprended de Mí, y discernid sobre el amor tan grande que os tengo a los dos, Culebra y Asmanteo.

Mi amor, al que permitís que os de, ha encendido en vuestro corazón la llama del vuestro, y ya ardéis en mi Corazón.

Y de vuestra vida terrenal a mi Corazón, sólo hay un obstáculo, la muerte.

Pero no la temáis, ya que cuando una persona muere, ni un instante siente el frío de la oscuridad, ¡ni un instante terrenal!

Se pasa, de ver a los hombres, a ver a Dios, mi faz.

Y, en Dios, no hay miedo, ya que soy luz, amor, misericordia infinita.

Y mi Madre, vuestra Madre, está en Mí, en el Espíritu de Dios, que está en los Cielos como en la tierra; pero en los Cielos, los hombres me veis, y os doy la santa paz de mi gran e intenso amor.

¡No temáis a la muerte!

Yo, Dios vuestro, vuestro Dios de amor inmenso, estoy en el mismo instante que dejáis vuestro cuerpo.

No pasa un instante terrenal, y ya estáis en los amorosos brazos de Mamá, la Santísima Virgen María, que os llena de dulce dicha, el verla.

Es tan dulce y hermosa mi Santa Madre, ¡es maravillosa!

No temáis a la muerte, hijos amados. No es nada más que un velo blanco que cubre el rostro de vuestro amado Dios, y que cuando morís, hijos míos, ese blanco velo desparece; ¡al instante, ya estáis en mi Cielo!:

¡Allí os espero, hijos míos!

¡Allí nos vemos! 

Yo.- ¿Qué deseas decirme de Rasín? 

+ Mi hijo Rasín, mi amado hijo Rasín. Déjalo que siga su vida. Si desea acudir a ti, amado Fuerza, ya sabe donde hallarte. Sé por qué lo digo. Yo Dios, lo sé todo, lo veo todo, y nada se esconde a mis ojos. 

Yo.- ¿Qué deseas decirme de Wom? 

+ Cuando desee venir, vendrá, y cuando venga, dadle vuestro cariño y amistad. ¡Nada más!

 Yo.- ¿Qué deseas decirme de Jos? 

+ Ese hijo mío, necesita de mis Escritos, ¡los necesita! ¡Dádselos enseguida, amado patriarca Fuerza!

Hijo mío, mi amado hijo, mi preferido, al que amo, al que no escondo mi voz, ya que me necesita tanto.

¡Soy Yo, tu Dios!

El Dios que te ama, el Dios que te sonríe, este Dios que desea más y más de tu amor.

¡Dámelo! No te se me escondas, que Yo te busco, que Yo te cerco y deseo rendirte al fuego de mi interminable y eterno amor.

Me has sido fiel muchos años, ¡No me dejes ahora, hijo amado!

Te deseo, Yo, tu Dios, el Dios por el has vivido tantos años, te desea.

Anhelo sentir tus oraciones de arrepentimiento, en mi Corazón.

Ve a confesar tus pecados, y dame de nuevo tu amor.

Por estas palabras que te digo, sabes que Yo soy Dios, tu Dios, tu amor.

¡Ámame con más intensidad!

¡Ámame, amado hijo!

Mi Madre, tu Madre, está preocupada por ti, y te sonríe con lágrimas en los ojos, esperando te reconcilies a Nosotros.

Hazlo, hijo mío.

Mis brazos están esperando, me permitas envolverte con ellos.

¿Lo quieres?

Di.

Amado mío, mi hijo, ¿lo quieres?

Anda, di que sí.

Dime que sí; y ve a celebrarlo, yendo a comulgar.

Yo estaré físicamente en ti, y sentirás mi gran abrazo.

Te amo.

¡Te amo! ¡Tu Dios te ama tanto, que me pongo de rodillas para mendigar tu amor!

¿Me lo das?

Yo, tu Dios, te lo pido por favor…

¿Me lo das, hijo mío? Dime, dile a tu Dios que sí.

Si lo haces, entonces seremos felices los dos, tú y Yo.

¡Ámame! ¡Ámame!

Te Amo.

Primavera, hijita linda, mi fiel instrumento, no sufras por lo que escribes a través de mi voluntad. Sé humilde y sencilla. Sabrás muchas cosas de los demás, pero sé que tanto tú, como mi amado Fuerza, varón fuerte y recto, seréis discretos. No vayáis pregonando las cosas que Dios dice a sus hijos, a través vuestro. Ocultad enseguida sus identidades, y tachad los nombres y ciudades. Lo que digo, que quede abierto a la luz, ya que hará bien a otros hijos míos que lo leerán, y se sentirán identificados. Yo confío en vosotros, amados, mis amados Fuerza y Primavera. Vosotros también habéis pecado, y sabéis lo que siente un pecador. Por saberlo ellos, mis hijos, os tendrán cariño, ya que se sentirán unidos a vosotros, por el gran amor que me tenéis, a pesar de ser unos pecadores, como cada uno de todos los hombres. Mas, vuestra humildad, amados Fuerza y Primavera, en saberos pecadores, y a pesar de ello intentar desesperadamente y ansiosamente agradarme, eso os hermana, ya que os unen vuestras miserias y vuestro amor a Mí, a vuestro Dios y Señor.

Hijos amados, a todos los que leéis mis palabras, confiad en Fuerza y en Primavera; ellos son como vosotros, igual que cada uno de vosotros, llenos de imperfecciones, de fallos y pecados.

Ellos os comprenden y se unen a vuestro dolor, al dolor de haber ofendido a vuestro Dios, que tanto os ama, Yo, el Dios perfecto.

El único perfecto.

El Dios Hijo, que murió por todos.

¡Y volvería a morir!

Ya que os amo tanto, ¡tantísimo!, que volvería a derramar toda mi sangre.

¡Hasta la última gota!

Por cada uno de vosotros.

Sí, por ti…

Por ti.

A ti, te lo digo:

¡Por ti, Yo Dios, tu Dios, volvería a morir una y mil veces, vertiendo hasta mi última gota de sangre!

¡Te amo! Te amo tanto, a ti, que muero por ti.

¡Hazme vivir en tu corazón!

Permíteme darte mi amor.

¿Puedo dártelo?