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Revelaciones 84

Martes, 21 de noviembre de 1995… rezo… (18:00) a (18:42)

 

Yo.- Mi amado amor, ya te he dicho de propia voz lo que deseo me digas si es tu santa voluntad. 

+ Amados hijos, vuestros hijos son vuestros hijos, y son los únicos hijos que tienes, amado Fuerza.

Sólo los hijos que has tenido con mi hijita Primavera, son tus hijos.

Amado hijo Fuerza, reconforta tu alma, que Yo, tu Dios, al que tanto y tanto amas, quiere que vivas en mi Paz.

Tú, sólo has tenido y tienes una esposa, y es mi bonita y dulce hijita Primavera, que siempre te ha sido fiel en pensamiento y en obras. Y tus únicos hijos carnales, son esos maravillosos hijos de los dos, que tanto y tanto me aman y son las delicias de mi Madre, tu Madre, Fuerza, la Santa Virgen e Inmaculada María, a la que tanto amas, y la que me pide te ofrezca de sus manos, la prenda de su corazón, ¡la rosa roja!

¡Es tuya, Fuerza! Sí, emociónate, ya que el amor de mi Santa Virgen e Inmaculada Madre, es el amor de los amores. Arrodíllate, amado hijo Fuerza, que Yo Dios, prendo en tu corazón la rosa roja de mi Madre. Eres ya caballero de honor de la Santa de las Santas.

Y tu fidelidad nos la has demostrado hoy, ante los representantes de la sede de los De Belén. Eres obediente, fiel amigo, y proteges mis Escritos, y haces con ellos mi santa voluntad. Yo Dios te elevo a la condición de amigo íntimo del Dios Hijo, de Jesús.

Cuando nos veamos, te abrazaré hermano, ya que amas a mi Madre como un hijo cercano, porque hay hijos, que si aman, es por rutina, o sin pensar. Pero tú, amado Fuerza, eres de los hijos que, por Cariño, en mayúsculas, amas por amor y porque te place, a la que me llevó en su vientre.

Ahora, amado hermano Fuerza, te dejo con unas palabras de nuestra dulce Madre. 

* (- La veo y está radiante. Su vestido es hoy azul claro y plata, y brilla con el resplandor del sol, que creo que es el mismo Dios Espíritu Santo que la envuelve) Así es, hija mía, el Espíritu de Dios está en Mí y Yo vivo en Él, ya que está en todo el Cielo. F u e r z a (- lo dice muy despacio y dulcemente)amado mío, el que sabe de mis amores. Le he pedido a tu Santo y Dios hermano, Jesús, que te de mi rosa. ¡Cuídala!: tú que eres jardinero, sabrás cuidarla con todo esmero.

Riégala con sacrificios de inmenso amor y expiación.

Cuídala, cuidando de que nadie mancille mi Nombre ni el de la Santa Iglesia de Dios.

Eres mi preferido; tengo un cariño especial por ti, y por los hijos que, como tú, me “dan” a los demás y hacen que éstos me amen.

Me diste a conocer a muchos hijos míos, pero valoro el que gracias a ti, Fuerza mío, mi amada hija Primavera, me tiene devoción tan grande que no le cabe en el corazón. Y tus hijos todos, todos tus hijos, patriarca Fuerza, me aman con delirio, y es gracias a ti, amadísimo hijo mío, Fuerza.

Y Yo, tu Madre, deseo decirte como Dios: no tienes más hijos que los de Primavera. ¡Duerme tranquilo! Son otros los que no pueden descansar en paz. Pero tú, hijo mío, no sufras ya más, ¡nunca más!, te lo dice tu Madre, que es Santa y desea vivas tranquilo.

Tus hijos, son sólo los hijos que te ha dado Primavera. ¡Queda con la paz de mi Hijo!, y no te olvides de cuidar mi rosa roja. (- Y Mamá sonríe feliz, con una felicidad dichosa) Soy feliz hija mía, porque he hecho un bien a mi amadísimo hijo Fuerza.

La verdad, la verdad de Dios, hace bien a los hombres de buena voluntad, como lo es tu amado esposo Fuerza, varón recto y fiel, varón que busca la perfección, y que por ello, ya lleva prendida la rosa roja de María Santísima, que soy Yo, en su amoroso corazón.

Inclínate, amado hijo Fuerza, que mis dulces labios se van a posar en tu frente. Te amo, amado hijo… y ahora, álzate gallardamente, ya que eres mi caballero. Ve con amor y justicia, a defender mi Honor, el Honor de la Madre de tu Dios: ¡María! (- Y veo una multitud de ángeles que se inclinan al oír este Santo Nombre: ¡María!)