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Revelaciones 83

…rezo… (16:22) a (17:48)

 

Yo.- Sabes, amado, hoy tengo mucha paz, mucha, y muchas ganas de estar contigo, de oírte, de verte.

+ Hijita mía, tu paz viene de mi bendición.

Permití la prueba de tu humildad a mi obediencia, y saliste vencedora.

Ayer, cuando mi muy amado hijo, Fuerza, te contaba la conversación telefónica que sostuvo con tu amiga del alma, en la que le decía que no creía que la respuesta a sus preguntas era mía, de Dios; ya que no creía la fidelidad de su esposo, y que os pidió os apartarais de ellos, diciendo que su esposo y su hijo estaban enfadados con vosotros, y que habían pedido llamaros por teléfono, mas ella lo impidió, ya que prefería decíroslo ella misma, Yo, Dios, os digo: ¡¡Os mintió!! Mis hijos amados, no han dicho nada en pro de cortar vuestra amistad. Repito, ¡os mintió! Y os lo digo Yo, que soy Dios, ¡Dios!

Fuerza, amado hijo, tanto el padre como el hijo, no desean tu enemistad. ¡Créetelo! Yo, Dios, ¡no miento jamás!, ¡¡jamás!! Y no es cierto, que no crea que estos Escritos no sean míos, ¡de Dios! Yo, Dios, aclaro vuestros asuntos. Soy Dios, lo veo, lo sé todo, y puedo decíroslo, si me place.

Fuerza, invita a comer a mi hijo, es el deseo de Dios que lo hagas, y que él venga. ¡Es mi santa voluntad! No temas, amado Fuerza; no habéis hecho otra cosa que obedecer. Mi hija pidió le contestara unas preguntas, y así lo hice, a través de la escritura de Primavera. Si la respuesta no fue de su agrado, no es culpa vuestra, no es culpa de nadie, ya que las respuestas mías, de Dios, son la verdad, y la verdad es la verdad.

Quedaos tranquilos, hijos míos; por transmitir la verdad, no voy a permitir Yo, Dios, que los terceros se enfaden con vosotros.

¡Confiad en la justicia de vuestro Dios justo!

Y te digo hija mía, mi linda Primavera, que me agradó observar en tu espíritu, ayer, mientras Fuerza te iba narrando las palabras de tu amiga del alma, y tú, silenciosa, con sollozos amargos en tus entrañas, ibas haciéndote por momentos, más y más pequeñita; y cuando más pequeñita e insignificante te sentías, aumentaba tu humildad, y crecía mi paz, y mi bendición caía sobre tu cabeza.

Aceptaste tu cruz por obedecerme.

Yo, Dios, te pedí ser mi instrumento, y estar a las órdenes de las preguntas de mis amados hijos, y transmitírmelas a través de tu escritura, por mis órdenes, transcribirlas y dárselas a conocer, todo por obediencia pronta, eficaz y fiel.

Y por eso, amada hija, Yo, Dios, te recompensé, dándote mi bendición, y con ella, mi paz y mi amor.

¡Nadie podrá dañaros jamás!, ya que Yo, Dios, me apresuro a derramar sobre vosotros, mi paz, por vuestra humilde obediencia.

Y cuando un hijo mío, tiene mi paz, aunque le hagan la guerra, no pueden destruir ni aniquilar la paz de Dios.

¡Mi poder es insuperable, invencible, indomable!

Y lo mismo les doy a todos, todos mis hijos que estáis en Gracia, y que por servirme, obedecéis y cumplís mis mandamientos.

Por vuestra fiel y eficaz obediencia, Yo, Dios, os bendigo, y os doy mi paz, y nada ni nadie, puede quitárosla jamás, ¡jamás!, mientras sigáis fieles a Mí, a Dios.

Hijos amados, hijos predilectos, por vuestra obediencia, por vuestra cruz, que lleváis a través de obedecerme, Yo, Dios, os afirmo, que nada ni nadie, podrá dañaros. Yo, Dios, os protejo y os afirmo, que por vuestra misma obediencia, que es devolver bien por mal, ¡nadie!, ¡nadie!, ¡podrá dañaros jamás!, ¡jamás! Sois mis hijos predilectos, y Yo soy un buen Padre. Y además, la misma naturaleza de cumplir mis mandatos, os hace de escudo, por cumplir, con amor, con vuestros semejantes.

Y los mandamientos os piden la perfección, y en la perfección hay dicha, no hay dolor, por ser perfecta vuestra conducta.

Amados, cumplid con vuestros deberes conmigo, con Dios, que son servirme a través de los diez mandamientos y los cinco de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Yo, Dios, os bendigo, y con mi santa bendición, viene mi fuerza espiritual, que ningún hombre puede destruir jamás, ya que al ser fuerza Divina, es inalcanzable a las artimañas humanas o satánicas.

Id confiados, hijos míos. Id con la confianza de la Providencia, de la Providencia de Dios, que no os desampara jamás.

Soy el Padre de la creación. Y, vosotros, mis hijos, formáis parte de ella. Es más, por vosotros, por vuestro fin, la hice en un principio.

¡Sois lo más amado que ha salido de mis manos!

Y si Dios os ama, os protejo y os cuido, e incluso, lo malo que os acontece, siempre, siempre, es para un fin bueno.

¡No os desesperéis jamás!

Yo me sonrío de los lazos del Maligno, y hago que caiga en ellos.

Y, en vez de vosotros, mis escogidos, son ellos los que sufren su propia caída, en la trampa que os preparó, y que Yo, Dios, os libré de ella, por vuestra fiel obediencia a mis mandamientos, a mi santa voluntad.

¡No temáis!

¡No temáis, hijos de Dios!

¡No tengáis miedo!

Es mi Espíritu vivo, quien controla todo suceso.

Nada, ¡nada!, pasa u ocurre en contra de mi voluntad.

Incluso el hambre o la injusticia del “tercer mundo”, es vista y controlada por Mí. Y esa hambre, esa injusticia, os lleva directamente al mismo Centro de mi Corazón, de mi Cielo.

Y, Yo, Dios, quisiera daros de comer, quisiera que la justicia fuese equitativa, pero os di mi palabra de libertad, y sólo puedo actuar a través de los hombres que deseáis servirme.

Si os convertís, si me servís, por y a través de vosotros, daré de comer a los hijos míos tan amados, del “tercer mundo”, y por y con vosotros, mi justicia les protegerá. Pero, ¡¡os necesito!! (Y lo grita) ¡Os necesito, Yo, Dios!

Poned vuestra obediencia bajo mis órdenes, bajo mis mandamientos, y el “tercer mundo”, será un mundo de amor, de paz, ¡por vosotros!, ¡a través de vosotros!, ¡con vosotros! ¡¡Os necesito!!

Necesito que pongáis a mi servicio, al servicio de Dios, vuestra libertad.

Tenéis que dármela por amor, libremente. No puedo robárosla; debéis decirme, darme, el sí, libremente.

Yo, Dios, lo estoy esperando, ansío sentirlo. Y con vuestro sí y mi Providencia, haremos un solo mundo para toda la tierra.

¡Os necesito!

No os quejéis de “mis injusticias”, que decís, al saber de la existencia del “tercer mundo”, o del dolor o el desespero.

¡No os quejéis de Dios!

Ya que Yo, Dios, os di la libertad, y no puedo obligaros. ¡¡No puedo!!

Ya os he contado que sois libres de verdad; os lo he dicho muchas veces y os lo repetiré muchas más.

Pero vosotros, sí; vosotros, amados míos, tenéis en vuestras manos la clave para arreglar al mundo.

¡Poneos bajo mis órdenes, libremente!

Obedecedme, amándome y amándoos.

Os lo pido, os lo grito. Es la angustia del Dios Hijo, es mi agonía.

Dadme vuestra obediencia, con vuestra cruz por obedecerme libremente.

Yo, Dios Hijo, os abrí el camino. Obedecí en todo a Dios Padre y me dejé llenar de Dios Espíritu.

Vosotros, obedeced a Dios, y mi Espíritu os llenará, y Yo, Dios, con vosotros, que libremente me amáis, y por mi amor, amáis, haremos el mundo de la paz.

¡Está todo previsto!

¡Todo está a punto!

Sólo falta vuestro libre ¡Serviam!

Aprended de María, aprended de Ella y su humildad, a su sí para ser mi Madre.

¡Falta tan poco para la Era de la Paz!

Sólo falta vuestro libre ¡sí!

¡Os necesito!

Yo, Dios, ¡os necesito!

Es la verdad. Necesito de ti, de ti.

Sí, de ti y de ti y de ti.

¡Os necesito a todos y a cada uno!

Es para dar la Era de la Paz al mundo.

¡Mirad al Santo Padre! ¡Os está esperando!

¡No tengáis miedo!

Él lleva el bastón de Moisés, el bastón del poder de Dios, para dirigiros a la paz, a la unión con Dios, conmigo.

Id todos, acudid todos a mi Única y Santa Iglesia, la Iglesia de Dios, la Católica, Apostólica y Romana; la que Yo, Cristo, el Dios que murió de amor, fundé en Pedro, mi primer Papa. Y hoy, mi sucesor, es Juan Pablo II. ¡Uníos a Mí, a Dios, a través de él! Yo estoy con él; él está conmigo.

Y vosotros, venid a Mí, y por Mí y conmigo, caminemos juntos con el Papa.

Y la Era de la Paz empezará a llenar la tierra toda, y toda ella será un mismo mundo, el mundo del amor a Dios, el mundo de paz espiritual, y por ella, la paz total.

Oh amados, os amo, os necesito. ¡¡Os necesito!! ¿Me habéis oído? Si me habéis oído, y me dais el sí, acudid a mi verdadera Iglesia; usad de mis sacramentos, obedeced mis mandamientos, y el mundo cambiará como un milagro, el milagro del amor, de la unidad de todos conmigo, con Dios.

Y mi Iglesia, la Católica, ¡mi Única Iglesia!, dará paz al mundo, y el mundo será dichoso, ya que será gobernado por Mí, por Dios, a través de vuestra libre obediencia a mis mandamientos.

¿Queréis la paz?

¡Dadme vuestro sí!, y la tendréis.