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Revelaciones 81

… rezo… (12:05) a (1:01)

 

Yo.- ¡Te amo mi Dios, mi amor, te amo a Ti, Dios mío! ¿Deseas que escriba cómo fue nuestro ofrecimiento de nuestro hijo (primero en Ana, que murió a los tres meses de gestación, y luego en Víctor, que murió a los siete meses y diez días de vida)? 

+ Yo Dios, el mismo Dios que recibió y aceptó vuestro ofrecimiento, de vuestros hijos, para ayudarme a salvar al mundo, lo contaré. Lo explicaré todo de mi propia y santa voz.

Pero antes contaré algunos detalles de vosotros dos, amados Fuerza y Primavera; porque Yo, Dios, lo sé todo, lo veo todo, y me place venir en vuestra defensa, ya que fue cuando Fuerza y tú, Primavera, no estabais aún casados por mi Santa Iglesia Católica. Pero diré, a todo aquel que sea justo con mi voluntad, que si sucedió así, no porque vosotros no desearais la bendición de mi Iglesia, sino que por el mundo, por el maligno, no pudisteis hacer cumplir vuestros y mis deseos, antes, ya que así fue previsto por Dios.

Fuerza y Primavera se casaron una primera vez, pero tal como sentenció mi Santa Iglesia, ambos matrimonios no existieron, y Yo, Dios, preví que os encontrarais, en el momento que lo hicisteis, ya que los tres hijos del supuesto matrimonio de Primavera, necesitaban y me pedían casi constantemente, tener un padre bueno. Y Yo, Dios, oigo ante todo, las oraciones de mis pequeños.

Por eso os conocisteis, amados Fuerza y Primavera, por esos hijos que me tienen robado el corazón.

Pero como los hombres sois libres, hijos míos, Yo no hice nada, para que los hijos que no me conocen y no desean servirme, os entorpecieran vuestra y mi voluntad de que pudierais casaros, hasta que así fue. (Yo.- El 15 de Agosto de 1995, justo 10 años después de que Fuerza y yo, firmásemos un contrato privado, con dos testimonios, en el que nos dábamos en matrimonio)

Pero Yo, Dios, y mi Madre Santísima, no dejábamos de seguir y cuidar vuestros pasos, a pesar de que como hombres imperfectos que sois, también pecasteis contra Mí, Dios, e hicisteis fallos.

Pero os perdono Yo, vuestro Dios, ya que os confesasteis de todo ante un sacerdote, que me representaba.

Dos años antes de que os unierais a la voluntad de mi Iglesia, y vivierais bajo el manto de mi sacramento, me ofrecisteis por amor, y ante vuestra impotencia de poder hacer algo más por Mí, por vuestro Dios, ya que no estabais aún unidos por mi sacramento, aunque sí por mi voluntad, la voluntad del Dios de amor, hicisteis, del fuego abrasador, por amor a vuestros hermanos los hombres, el ofrecimiento más humilde, desinteresado y sencillo: tener un nuevo hijo, aún no engendrado, para ponerlo en mis Santas Manos, y que hiciera de él mi voluntad, pero que si, Dios, lo consideraba digno. (Al ser un hijo ilegítimo a los ojos de los hombres, que van ansiosos de hacer cumplir, que es, no cumplir, los deberes de los demás, ante mi Santa Iglesia). Y, vuestra sencillez de corazón, hijos míos, al darme la semilla de vuestro amor, para ayudarme a Mí, a Dios, a salvar al mundo, a vuestros hermanos, nos llenó de regocijo el corazón, a Mí, al Dios Hijo, y al Dios Padre, y al Dios Espíritu Santo, y a mi Madre, la Santa, la Santísima Virgen María. Y lo aceptamos, se aceptó en el Cielo, el ofrecimiento del amor de dos esposos. Y se cumplió los deseos de Dios. Y Ana murió antes de nacer, y comprobó Dios que no fue un ofrecimiento impremeditado, ya que volvisteis, oh amados, a ofrecer al nuevo ser que pensabais engendrar. Y nació Víctor. Antes, ya en tu vientre, empezó a servirme y a sufrir por vuestra salvación, la del mundo, ya que un hijo, en el mismo instante que es engendrado, es ya un hijo de Dios, Mío. Y cuando vio la luz, sufrió y siguió sufriendo por vosotros todos, hombres de poca fe. Y continuó sufriendo, hasta el último instante en que me entregó su aliento.

Todos sus momentos, fueron vuestros momentos de perdón.

Y Nosotros, la Santísima Trinidad, Dios, lo añadimos al sufrimiento del Dios Hijo, al de María Santísima y al de todos los Santos de todos los tiempos, y se pesó en la balanza, y a los ojos de Dios, la pesa fue justa y le agradó, y cerró por ella las puertas del Infierno. Se sellaron, y llegaron los tiempos de paz, los tiempos últimos en que los hombres estaréis libres de la funesta intensidad mortal de las intervenciones de Satán sobre vosotros.

Y a ti, amado sucesor del Cordero de Dios. Oh, mi hijo, pescador de hombres por mi amor. (Yo.- Se trata del santo Padre) Sí, Primavera, mis palabras van destinadas a él.

Hijo amado, el mundo se está acabando.

Ya tengo dispuestos los planos de la Nueva Tierra.

No hay dolor en sus columnas, no hay temor.

Todo está confeccionado con piezas de amor; de amor a Mí, a Dios, al Dios Uno, que es Trino por ese amor.

Hijos, os espera la maravilla de estar todos juntos, eternamente juntos y amados, y amándonos.

Mi locura, la locura de un Dios por sus criaturas, nació del mismo amor de Dios.

¡Os espero!

¡Os espero a todos! A ti. A ti. Sí, a ti.

Ven, ven.

¡Te deseo, te espero, y es para amarte y amarnos!

¿Quieres venir?

¡Dime que sí!