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Revelaciones 80

… rezo… (13:02) a (13:32)

 

Yo.- Amor mío, ¿por qué los hombres deseamos la felicidad? Además, Tú dices que amarte, da la felicidad, pero luego dices que quién te ama debe llevar su cruz, y la cruz es negación y sacrificio, y no creo que uno sea tan feliz llevando su cruz, o por lo menos no es la felicidad que deseamos. ¿Es que hay varias clases de felicidad, la humana y la Tuya?

+ (Se sonríe muy feliz y contento. ¿…?) Estoy contento con tu discernimiento.

A los hombres os parece que hay dos clases de felicidad, tal y como bien me has dicho, llevada de tu sinceridad, amada Primavera, pero Yo, Dios, os aclararé que sólo hay una, la de tener vuestra alma, vuestra conciencia, en paz.

¡Sólo una!

Si para conseguir la felicidad, vais contra mis diez mandamientos, que son las bases seguras de la felicidad terrena, ya no podéis ser felices.

¡Os es completamente e inútilmente imposible, amados hijos de Dios!

Vosotros, hijos míos, existís, no para vivir en este mundo, al que maldije por el pecado de vuestros primeros padres, vosotros existís para vivir en el Cielo Eterno, en mi Paraíso, que es y será vuestro.

Aquí en la tierra, estáis de paso, y los diez mandamientos son para daros la única felicidad posible mientras vivís aquí.

Repito, ¡la única posible!

La auténtica, la maravillosa, la sublime felicidad, está en el más allá.

Allí, oh amados míos, os llenaréis de la verdadera y plena y frondosa y sublime y maravillosa felicidad, la felicidad de verme, de tratarme, de sentirme, de tocarme, de acariciarme y oírme decirte de continuo: Bendito, bendito, bendito seas.

Y lo serás de continuo, sin término, ¡hasta el infinito!

Y mi Espíritu y el tuyo, estarán juntos y mezclados, que serás parte de Dios.

Y como Yo, Dios, soy Felicidad infinita, tú lo serás; serás infinitamente feliz, por ser, por estar conmigo, con Dios, con la suprema y auténtica y grata felicidad, la felicidad de la potencia Divina, Creadora, Redentora, que ama, que por y con ese amor, da y es la felicidad, la verdadera y única y suprema felicidad.

Ahora, hijos míos, tan y tan amados, sólo podéis sentir un tanto de felicidad, si cumplís mis mandamientos, ya que en el cumplimiento total de mis diez mandamientos, está la perfección.

Y la felicidad es la dicha perfecta, sin mancha, sin suciedad, ni temor, ni desespero.

En mi Cielo, cuando estéis Allí, ya seréis perfectos, y por esa perfección Celestial, tendréis y seréis felices.

¿Queréis ser felices?

¿Deseáis la felicidad?

Cumple con mis mandamientos, que son mis santas órdenes, las órdenes de Dios, que quien las cumple lleva la cruz, por el hecho de negarse a sí mismo, y obedecerme a Mí, a Dios.

¡Y Yo, te aseguro, Dios te garantiza, la felicidad Eterna!

Lo digo Yo, Dios, y mi Palabra, como toda palabra que sale de mi boca, es santa, por ser perfecta; y es perfecta, por ser verdadera.

¡Ámame y serás feliz! ¡Es palabra de Dios!