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Revelaciones 69

Rezo… (10:21 h. mañana).

+ Mi fiel, Sici Is, mi amado amigo, te curo Yo, Dios. Bebe el agua de Lourdes, que te harán llegar, Fuerza y Primavera. Y ponte cataplasmas de miel, en el pie y donde haga falta, para curar la enfermedad empezada. Y reza la siguiente oración, cada mañana y cada noche:

“No persiga Satán mi cuerpo, mi alma es de Dios, y con ella, mi cuerpo espera la Resurrección. Amén, amén, amén.”

Y el Maligno no atormentará tu cuerpo mortal. Así es mi deseo, el deseo del Dios, Trino y Uno. Queda en mi paz, amado Sici Is, y bebe vino del que Edon te irá a buscar. No es malo el vino, si es natural. ¡Os bendigo a todos, hijos míos!, por mi amor, que tanto os ama, gracias por vivir en gracia.

(10:30 h).

+ A ti, amado Edon, mío en verdad, por tu libertad al consagrarte a Mí, a Dios, cuando mi amada hija, Dol, te impuso las manos, tu larga lista pidiéndome no sólo para ti, sino por la Labor mía, por tus familiares, por tus amigos y conocidos, por nuestra Iglesia, el Santo Padre, por los Lluvia, y por poder servirme, encendieron mi amor, y las llamas de mi Corazón tocaron el tuyo, y te estremeciste de emoción, ya que Dios, Yo, te toqué, amado y fiel Edon, te ungí, por tu deseo de ser mi apóstol; ¡lo eres! Ya no podrás dejarme jamás. Además de ser mi socio (y se ríe), y a ti, hijo mío, todo te sonreirá. Te amo. Tu Dios te ama, amado Edon; un abrazo.

Yo.- Amor mío. Te pide Edon que te pregunte por el cuadro que compró, si es auténtico.

+ Sí, lo es.

Rezo…

Yo.- Dios Bueno y Fiel, y Amigo de tus hijos, los hombres. De parte de Edón, desea le hables sobre Lucía (la vidente de Fátima).

+ No tachéis la identidad de Lucía, es mía. Es mi instrumento, y no deseo esconderlo. Mi niña Lucía, mi bonita Lucía. La primavera anunciadora de mi Iglesia. La esperanza, la antorcha en los años oscuros.

Mi niña vive, vivirá en la Eternidad Celestial.

Satán la busca, la buscó en la niñez, y en todos sus años de vida, pero me es fiel, me ha sido fiel. Y por su fidelidad, Fuerza y Primavera, pudieron servirme.

Es verdad y verídica, la comunión de vuestros espíritus, vuestras almas no están solas. ¡Nadie está solo, si Yo, Dios, estoy con él! Y Yo, Dios, estoy con todos, hijos míos.

Haced llegar estos, mis santos Escritos, a mi niña Lucía. Que sepa que sus sufrimientos han tenido fruto.

¡La era de la paz ha empezado, Lucía mía, de Dios, y de la Virgen María! Gracias por tu ayuda fiel, no has desmayado, has aguantado. Ahora podrás ir a “Marona”, ella te espera y te quiere tanto. Oh, hija buena. Tu Cielo te has ganado, en el mismo centro de mi Corazón. Escucha la voz de Mamá. Cuando leas sus palabras, la verás nuevamente.

* Hijita, mi Luciita, mi niña bonita, preciosa nena. Yo, la Santísima María, la Inmaculada, la Purísima, te espero, te quiero. Ven. El cielo está de fiesta, has cumplido hasta el final. Yo, María, te doy mi mano y, con ella, te encamino al Cielo Eterno. La Iglesia de Dios te debe parte de su blanco vestido, lo has ido cosiendo con tus sacrificios, con tu mortificación y venciendo siempre al Maligno. Has cumplido Luciita, ya la dicha ha llegado a la Iglesia. Te amo, niña mía, mi Lucía. Sí, te ama tu Virgencita, María.

 

 

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