Saltar al contenido

Revelaciones 58

Sábado, 20 de enero de 1996… rezo… (11:00) a (11:13)

 

Yo.- ¿Me amas, Dios mío, me amas?

+ Niña mía, te amo, te amo locamente.

Tu Dios te ama, criatura mía, y te comprendo. (Me habla con mucha dulzura).

Y no sólo Yo, Dios, te amo, sino que mi Madre, tu Mamá, te ama tanto como Yo.

Eres amada por la Divina Trinidad, Dios.

Y, san José, junto con Mamá, te aman por mi amor.

Descansa tranquila, Primavera. Es muy difícil ser fiel y dócil a mis Locuciones Divinas, ya que el enemigo no parará jamás de perseguirte y atormentarte, poniendo, siempre que pueda, su voz; ya sea en imitación mía, ya sea dañarte con su verdadera personalidad. Pero mis ángeles, amada mía, están todo el tiempo y en todo lugar, contigo mi niña, ya que Yo, Dios, te amo tanto, que les ordeno te custodien. Debes ser muy buena. ¿Lo intentarás?

Yo.- Sí, ¡sí!, de verdad, de verdad que sí. ¿Me ayudarás, Dios mío?

+ (Se ríe jovial). Te ayudo y te ayudaré. Ten fe. Yo, Dios, jamás abandono a la entrega total por amor.

Es esta la verdad de Dios. Y quiero y deseo Yo, Dios Hijo, que el mundo lo sepa, y se admire de mi amorosa Providencia.

Sí, sí, te amo, Primavera. (Y sonríe feliz). Soy feliz por tu amor, por tu humildad al preguntarme si te amo, y por tu dulzura, que tanto Yo, Dios, amo. ¡Te amo, Primavera, sí, te amo!