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Revelaciones 56

… rezo… (22:49) a (23:14)

 

Yo.- Amado Dios, amor mío, me dijo Fuerza que te preguntara si puede ir con estos escritos al Jazmín, a enseñárselos, y si deseas que le diga algo de Tu parte. 

+ Sí, ve, hijo, y dile que estoy harto de su desobediencia a Mí, Dios, y al Santo Padre. Dile que si estoy enfadado, es porque entorpece mi Santa Voluntad, y que si sigue así, no podré impedir que las llamas del infierno le quemen. (Yo.- Estoy muy asustada al escribir esto, ya que son unas palabras muy duras) Más duro será mi juicio, cuando mi hijo Jazmín venga a Mí. 

Yo.- (Vuelvo a rezar la oración de la luz y a santiguarme con agua bendita). 

+ Jazmín, eres obispo de mi Iglesia, y ¿qué haces para Ella y para Mí? Los sacerdotes de tu diócesis, casi todos, siembran confusión y desunión y caos. Y tú, amado hijo Jazmín, ¿qué haces para evitarlo? ¡Te escondes! Pero Yo, Dios, el Dios que escudriña los corazones, te veo, y me lleno de ira.

Los obispos como tú, cobardes y miedosos, habéis roto el velo de mi Madre. La vergüenza de los hijos de Dios, está en vuestras faltas. ¡Cuántos hijos me habéis perdido! No tendré compasión de vosotros. Sois como un aborto para la Iglesia. Mis palabras son inútiles, pero no tendré piedad de vosotros. ¡Rectificad!, que mis hijos son para la Verdad. Vuestro camino no conduce a Mí, ¡a Dios!, vuestro camino conduce al exilio del Cielo, va directo al Infierno. Ay, ay, no todo aquel que me diga, Señor, Señor, entrará en el mundo de los Cielos.

Fuerza, amado hijo, no le dejes los escritos. Dile a mi hijo Jazmín, que se una al Santo Padre, es mi orden. Te escuchará, ya que verá tu unidad con Dios, tienes mi gracia, mi sello y mi verdad. Dile también lo que te he dicho al principio y no temas ser duro, ya que si no, no harías mella en él.

Que mis ángeles te guarden, amado patriarca Fuerza. Tu servicio dará fruto, aunque pienses que no. Yo lo controlo todo; soy Dios. Gracias, amadísimo Fuerza, varón bueno, recto y fiel. Tu Dios te agradece las almas que me salvarás a través de este servicio. Yo, Dios, pongo mis manos sobre tu cabeza y te bendigo. Ve con mi paz, hijo de Dios vivo.