Saltar al contenido

Revelaciones 55

Rezo…

Yo.- Mi amor, amor mío y Dios mío. Soles-des me pide te pregunte por el padre de Sinco, que hace poco murió. ¿Está en tu Cielo?

+ En el último instante, se rindió a la voz de Mamá, de santa María, y se dejó abrazar por ella, que como buena Madre que es, no lo soltó.

Rezad mucho por él, ya que sufre en el Purgatorio, y necesita de vosotros para llegar cuanto antes al Cielo, donde estoy y soy Yo, Dios.

No es una broma la vida.

No es un pasaje que termina.

La vida, hijos míos, tan amados, es el tiempo de darme en libertad vuestro amor.

No temáis. Hay hijos míos, que van al Infierno, pero muchísimos se arrepienten, en cuanto oyen y ven a María, a Mamá; y es gracias al Santo Padre, que con sus incansables viajes, nos da a conocer.

Casi todo el mundo ha oído hablar de mi Iglesia, de mi sucesor, de María, de Mí: Cristo, Dios; y es el Santo Padre, quien más almas me salva en el último instante.

¿Quién no conoce a Juan Pablo II?

Uníos a él, y ¡venceremos!

Las puertas del Infierno se cerrarán, ya que nadie elegirá aquel terrible lugar.

¡Todos con Mamá! ¡Todos conmigo! (Y se ríe, ¡se ríe!).

Lo veo, hijos míos, veo el nuevo tiempo.

Vuestro sí, es mío, ¡del Dios que tanto os amo! (Se ríe). Me río, ya que mi dolor, mi Pasión, mi Cruz, no fueron en balde; por ellos, tú, ¡tú!, puedes venir eternamente al Cielo. Ven… ven… ven… (Y veo a Jesús, Dios, con los brazos extendidos, llamándonos amorosamente y con una de sus mejores sonrisas).

Yo.- Yo vengo… ¡Espérame Dios mío! ¡Mamá! ¡Mamita bonita, preciosa, linda, primavera! Yo vengo… Vamos a venir todos ¿Verdad que iremos todos? Sí, sí, sí.