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Revelaciones 45

Jueves, 6 de junio de 1.996   Rezo…      12:57 h a 13:44 h.

Yo.- Amado mío, mi Jesús. Te pido perdón ya que el otro día que vi a una persona, que años atrás, me dañó; al verla, sentí rencor por ella; aunque intenté no sentirlo, lo sentí, y no sólo rencor, sino deseos de no ser simpática con ella, y además de devolverle el mal. Ya me fui a confesar por ello, pero te pido me digas lo que debo hacer.

+ Así es hija mía; así es lo natural; que acudáis a Mí, a Dios, en ayuda de vuestras imperfecciones:

¡Hay que dominarse!

¡Hay que luchar!

¡Hay que estar pendiente de vuestras imperfecciones!

Tú, Primavera, me debes la vida.

Viniste al mundo por mi Santo deseo.

Utilicé a tus padres para ello. Tus padres fueron mis instrumentos.

Y, ¡estoy tan contento contigo, hija mía! A pesar de ser imperfecta y pecadora. Pero me amas, reconoces mi rostro, y libremente me das autoridad sobre ti. Me la das, cumpliendo con mis mandamientos, acercándote a mis sacramentos, y ellos te llenan de Mí, de Dios.

Estás Conmigo hija mía, por permitir que Yo, Dios, viva en ti.

Tú, libremente me das tu permiso, con tus obras. Con tus obras de lucha en la obediencia y de humildad en la confesión.

Así, así, te deseo: Humilde, escudriñadora de ti misma, de tus pensamientos, sentimientos y obras.

Es más, mucho más importante, hija mía, que te escudriñes a ti misma, que a los demás.

Tú puedes “hacerte” santa. Y siendo tú, santa, ayudas a la santidad de los demás. Pero si no eres tú santa, no puedes ayudar a la santidad de los demás.

Os lo enseñé Yo mismo, Jesús, cuando lavé los pies a mis apóstoles. Si Yo no supiera lavar, no podría lavar. Hay que lavar los pies a los demás, y, primero es necesario que sepáis lavar.

La acción en uno mismo, acciona a los demás; por su misma acción, que es un hecho comprobado en las obras de la vida toda.

Toda acción tiene su fin en el mundo.

El mundo recibe toda acción.

Las acciones, si son buenas, van en armonía al mundo.

Haced acciones buenas hijos míos. Tenéis tiempo.

Yo.- Amor mío, Cariño mío. El otro día me di cuenta que el año próximo voy a cumplir cuarenta años, y me dio pena saber el poco tiempo que me queda para, junto con mi amado esposo Fuerza, podamos darte hijos. Y me llené de tristeza.

+ De santa tristeza. (Y sonríe). Sonrío por vuestra bondad, comprobada en la justicia de vuestras obras. Hay un tiempo para cada cosa, tiempo para crear y tiempo de ir al Creador: Vendréis a Mí, hijos míos. Yo, Dios, os espero al final de vuestro tiempo.

Y vuestros hijos os llamarán benditos de Dios, por haberles dado la vida, sin calcular.

¡Sois unos santos “locos”! Y me gusta vuestra santa “locura” de abandonaros a mis brazos. ¿Cómo puedo soltaros si os lanzáis directamente a mi Santo Corazón? (Ríe a carcajadas). Estoy contento ¡Estoy feliz! Y veréis mi felicidad en los rostros de vuestros hijos, al darles un espíritu por libertad, por obediencia al Amor, a Mí.

¡Estáis “locos”, sois deliciosamente “locos”! Y Yo, Dios, estoy “loco” de amor por vosotros. (Ríe). Sí, sí, sí, me río, me río de vuestra sabiduría.

Sois sabios en el mundo. Y por vosotros, me pertenece el mundo que os pertenece. Ya que al estar en vosotros, todo lo vuestro es mío, y al ser mío, lo domino, y os lo cuido, y todo lo que os acontece y tenéis, me acontece y tengo, viene a Mí, por estar Yo en vosotros. Os amo, os amo, os amo. (Y sigue sonriendo. ¡Parece que no va a dejar de sonreír jamás!).

* Yo, María, río junto a mi Niño Dios. Y estoy radiante de felicidad, por intentar perseverar en la bondad. Que la bondad es obedecer por amor los deseos de Dios.

Dejad que me ría (Y ríe. ¡Estás guapísima “Mamita” mía!). ¿Y qué es la hermosura sino estar feliz cuando lo está Dios?

Os amo, familia Lluvia: Seréis numerosos como lo son las estrellas en el firmamento. Ya que los padres enseñáis a los hijos a tener hijos por Dios, no para sí mismos, sino para el Altísimo.

Bienvenidos al Mundo Celestial, los que vivieron y viven en el mundo terrenal. Sólo se puede ir al Cielo si antes habéis pasado por la tierra.

Yo.- Amado Dios, hace tiempo, me han preguntado un par de hijos, que te pregunte si Adán y Eva, están en el Cielo.

+ Aquí están, Conmigo, con Dios, como lo estuvieron en el Paraíso. Adán y Eva, son los hijos, a los cuales más hijos míos han rezado por ellos.

Rezad, rezad, por los difuntos. Yo, Dios, deseo vuestras santas oraciones. Si a veces no sabéis qué pedirme, pedidme por los difuntos de todos los tiempos.

Yo.- Amado mío, te pido por los vivos también, por mis padres, mis hermanos, todos mis familiares y los de mi amado esposo Fuerza.

+ Yo, Dios, te escucho. No dudes jamás, Primavera. Yo, Dios, te escucho siempre.

Y aunque no lo parezca, comprobarás tus peticiones, si no en esta vida, en la venidera y eterna.

Yo, Dios, te oigo; te oigo siempre, hija mía, aunque no te lo parezca, ya que no ves ahora mis obras.

Pero para observar algo físico, antes tienes que tener vida espiritual.

Y la oración a Mí, a Dios, que soy Espíritu, crea lo espiritual, por salir de Mí mismo que soy Espíritu.

No dudes y sigue rezando por el mundo. Yo, Dios, te escucho Primavera, te escucho, te he escuchado y te escucharé. Ten fe.

 

Rezo… 14:17 h a 14:40 h.

Yo.- Al Amado, al que tiene el Corazón más grande. ¿Dime, Dios mío?

+ El vengativo, el que posee dentro de sí los deseos de venganza, éste es un miedoso, tiene miedo del que le dañó.

Los hijos de Dios, los que me reconocéis como Padre, no podéis ser vengativos, no podéis tener miedo.

Ya que si soy vuestro Padre Dios, por el hecho de serlo, os cuido y os protejo.

Y si sois buenos hijos del Dios Padre, me obedecéis y vivís en gracia, y por estar en gracia y al estar en gracia, Yo, Dios, estoy y vivo en vosotros, y donde Yo, Dios, estoy, no habita el miedo, ya que el miedo es un sentimiento de inferioridad.

Y es el orgullo lo que os hace ver inferiores.

Y en el orgullo está la soberbia de no ser humildes, de veros imperfectos y creeros únicos: ¡Necios!

Todo vengativo es un necio por no vivir la Verdad, por no seguir mi Camino, el camino de los sacramentos, que son los que os unen conmigo, con Dios.

Y, ¿Quién tiene los sacramentos? Sólo, sólo los posee Dios, ya que en ellos me doy, y si me doy, estoy. Y si estoy en los sacramentos, y quien da los sacramentos es sólo mi única y Santa Iglesia, la Católica, Apostólica y Romana, pues si es ella, Yo, Dios, soy Ella y estoy en Ella.

Así que acudid a Ella todo aquel que desee dejar su necedad.

Eres necio, si no eres bautizado en la Iglesia Católica.

Los católicos no podéis ser vengativos.

Si los católicos son vengativos, son necios; y por ser necios, no son verdaderos católicos.

Los católicos no podéis tener miedo; si tenéis miedo, no sois verdaderos católicos.

Si alguien tiene miedo, se quite el miedo utilizando de mis sacramentos.

Si los usas correctamente, es decir, con fidelidad a mi Santa Doctrina Católica, tendrás la paz, y si la pierdes por miedo, la puedes recuperar utilizando de los sacramentos.

No tengas miedo. No te sientas inferior. Eres hijo del Dios Vivo, que vivo en los sacramentos. Tú, con ellos, eres santo; podrás vivir en el Cielo Eterno.

Yo, Dios, contigo, te quito el miedo, te cuido como a un hijo, por reconocerme Padre y acudir a Mí, a Dios, en los sacramentos.

Si tienes deseos de venganza, es que algo falla en ti, hijo mío, hija mía, ya que por ser mi hijo, no puedes tener miedo, por ser Yo, Dios, tu Padre.

No tengas miedo, no seas necio: sé un verdadero católico.

 

Rezo…     18:26 h a 19:35 h.

+ La paz no es rápida, la paz es prudente, no es precipitada.

La Paz es santa, es perfecta y une, no separa.

No seáis precipitados. Actuad con paz.

La paz es perseverante, ya que su prudencia la hace reposada.

No actúa con rapidez, es sencilla como la misma armonía.

Cuando un hijo mío vive en paz, va tranquilo, habla tranquilo, piensa tranquilo, obra tranquilo, todo en él es armonía, como lo que obedece a Dios, a Mí.

Como el sol, como el movimiento de la tierra, como la luna. Todo lo que Yo, Dios, domino, todo lo que vive por mi energía cósmica, está lleno de Mí, de Dios; lleno de paz, lleno de amor.

La pasión por sí sola es rápida, no es prudente, no da armonía, sino violencia física. Cuando esta pasión es sentida dentro del sacramento matrimonial, el mismo sacramento la llena de paz, de armonía, de dicha, por saberse compensada su imprudencia, por la fidelidad del santo matrimonio.

Lo imperfecto se hace perfecto, por el sacramento en el que estoy Yo, Dios, y lo domino de su imperfección y vulnerabilidad, por mi sacramento activo, que lo sujeta de su libre albedrío, al que están sometidas las bestias.

Por ser el Dios de la Paz, lo lleno de paz, y la excitación de la pasión se somete al amor, al amor en que se aman los esposos. Y sin dejar su misma potencia ardorosa, por la pasión de los instintos, es más, teniendo y conteniendo la misma pasión, por su unión con el amor, el goce matrimonial es santo, es perfecto, por la pureza del amor, que al ser amor en Dios, en Cristo, es amor a mi santo servicio, para crear hijos, para la ayuda mutua, que es el goce del amor físico, por la misma unión matrimonial, en y bajo mi santo sacramento.

Ved hijos míos, que la paz es posible bajo mi Santo Espíritu, que lo mueve todo con armonía, y que en el sacramento matrimonial, vivo y actúo, como vivo y actúo en el sacramento sacerdotal.

Mis hijos sacerdotes, por mi santa acción sacramental en el sacramento sacerdotal, estáis revestidos de la paz, y en la paz, la pasión es pacífica, por el mismo hecho de tener en vosotros mi sacramento sacerdotal. Os preguntaréis: ¿es que los sacerdotes no tienen, no sienten la pasión de los instintos sexuales? Mis hijos, todos sois iguales, amados míos, y si sois iguales, sentís por igual la pasión, pero al igual que al matrimonio sacramental le cubro con mi santa acción espiritual, así mismo actúo en mi santo sacramento sacerdotal.

Y es el amor, igual que en el matrimonio, el amor, digo, el verdadero amor, lo que da paz y suaviza la pasión en el sacerdote.

Pero, el sacerdote, igual que los laicos, por amor a Mí, a Dios, debe con total libertad servirme y obedecerme, cumpliendo con mis mandamientos, y si peca, debe acudir a mis sacramentos, al arrepentimiento en la confesión, y al de la unión en la comunión. Y son mis sacramentos quienes restituyen la paz por el amor.

No sois dioses. Lo que sí tenéis que ser, es semejantes a Mí, a Dios, sin olvidaros jamás que no sois dioses.

Tú, no eres Dios. No te envanezcas. Ya que si vas con orgullo, pensarás que eres Dios y no puedes pecar, y antes de admitir tu pecado, te engañarás diciendo que no existe el pecado, y así, si no existe, no pecas, y al no pecar, eres Dios, eres perfecto: ¡no seas tonto, tonta! Aunque te engañes, la verdad es verdad, y sigues sin ser Dios.

Sé humilde, hijo mío, hija mía. Y acepta que debes ser como Dios, pero no ser Dios.

Si lo aceptas, serás verdadero, serás humilde.

Yo, Dios, no puedo darte la humildad, eres tú y sólo tú, quien libremente te debes reconocer no ser Dios. Y si lo reconoces, te pondrás en tu sitio, en tu lugar, a ser igual que los demás, y no esperarás sobresalir, más bien los ayudarás y te ayudarás a ser semejante a Mí, a Dios, a ser bueno, justo, equitativo, misericordioso, protector, amoroso.

Pero cuando lo seas, no te sientas perfecto, por ser semejante a Mí, a Dios: ¡no te sientas Dios! Que cuando peques, no querrás reconocer tu pecado y al no reconocerlo, es como si te nombraras Dios, y en este nombramiento, te harás la injusticia más grande, la de ponerte en manos de Satanás, el diablo, que os llama dioses y os hace herederos del Infierno.

Allí os adorarán las llamas, y el azufre os dará gloria, la gloria de los dioses necios; de los que siendo hombres, os proclamáis dioses.

Un Dios no se miente, un Dios es humilde, y su humildad, proclama su reino.

Yo, Dios, soy humilde: Os lavé los pies. Os di mi vida con mi muerte: es un hecho real, no una fantasía, o un cuento que se cuenta a los niños. Hay testigos de mi santa venida al mundo.

Y María Purísima me llevó en sus santas entrañas.

Lo creáis o no, es cierto, es verídico, como lo es que Yo, Jesucristo, soy el don mismo de los sacramentos; sin Mí, sin Jesús, la fuerza del Espíritu Santo seguiría en la niebla de su Ser, sin poder introducirse en vosotros.

Yo, Jesucristo fui el embudo por el que el Santo Espíritu Santo se introdujo en el mundo.

Si no lo creéis, comprobadlo; os reto Yo, Dios, a comprobarlo.

Bautizaos a mi Única y Santa Iglesia, la Católica, Apostólica y Romana, y usad de los sacramentos que custodia y os doy por mi Santa Misericordia, la misericordia del único Dios, del perfecto Dios, del humilde Jesús, Dios.

Utilízalos con verdad, con justicia, y te sentirás semejante a Mí, por ser Yo mismo, Dios, quien vivo en ti a través de mis sacramentos: ¡¡Compruébalo!!

* Yo, María, tuve al Sacramento vivo en Mí, lo engendró el mismo Espíritu de Dios, que está en Dios, es Dios, y está en los hombres por la fuerza, por la gracia sacramental.

Y Jesús, el Dios Hijo, estuvo en Mí, en María Inmaculada, en perfecta unión, en constante unión. Yo, lo llevaba en Mí, y yo, María Purísima, estaba en Él.

Sentí su fuerza, su potencia en mi ser, en todo mi ser, y ahora que vivo en el Cielo, en Él, os digo que no hay más dichosa paz que pertenecer al Espíritu Santo, a Dios.

Lo llena todo, lo abarca todo dulcemente, amorosamente, completamente.

Es como bañarse en el mar, siendo el mar.

Yo, María, os insisto a hacer la prueba, la prueba de vivir imitando a Dios, sabiendo que no sois Dios, ni que jamás lo serás, pero sabiendo que, en verdad, el amor de Dios te envuelve y está dentro de ti.

¿Por qué?, porque Dios así lo quiso, porque sí.

Ya que Dios nos dio su porque sí, dadle vosotros, como hice yo, María Virgen, mi porque sí.

Hacedlo con paz. Con la paz del verdadero amor, del amor de Dios en vosotros.

Yo, María, que no soy Dios, mas soy la Madre de Dios, y vivo con, y en y por Dios.