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Revelaciones 45

Miércoles, 3 de enero de 1996… rezo… (11:27) a (12:07)

 

Yo.- Dios, mi Amado, ¿deseas decirme algo?

+ Bien sabes que sí, amada Primavera. Desde que te has despertado, vengo diciéndotelo. (Y sonríe).

Yo.- Bueno… es verdad. Pero: ¿es necesario?

+ Es mi deseo, el deseo de Dios.

Yo.- Pero…pero, es que yo no soy digna.

+ Ninguno de mis hijos es digno de mi voz.

Si te he hablado para otras personas amadas de Dios, ¿por qué no puedo hablarte para el Santo Padre, Juan Pablo II?

Yo.- Estoy nerviosa, y… no quiero líos.

+ (Se ríe muy a gusto) Desde el momento que eres mi instrumento, y libremente lo sois, ya no sois más que míos, de Dios.

Yo.- Bueno, eso nos gusta mucho, pero… Oye Amado mío, y no te enfades conmigo. Yo, y todos nosotros, amamos mucho al Santo Padre y no quiero que sufra. Si tienes que decirle algo, que sea muy bonito.

+ (Sonríe) Y, ¿quién te ha dicho que no es bonito y bueno, lo que deseo decirle?

Yo.- Como la Iglesia Católica está tan mal. ¡Él no tiene la culpa! La culpa es mía y de tantos como yo, que no cumplimos su voluntad. Bueno, ahora ya lo hago, pero no lo hice siempre. Si tienes que enfadarte, hazlo conmigo; ¡yo soy la culpable de cómo va la Iglesia!

+ Yo, Dios, no juzgo a nadie en vida.

Apunta, hija mía, para el Santo Padre:

A mi amado, al más amado de Dios, al que cuido, con el que me gozo y me plazco. Yo, Dios, amado Karol, un abrazo.

Soy un Dios humano, soy Jesús, tu amigo, tu inseparable.

Y deseo Yo, Dios Hijo, en voluntad con Dios Padre y Dios Espíritu, bendecirte en Unidad.

Y así lo hacemos, amado de los amados.

Todo lo que haces como Papa, tiene nuestra aprobación, ya que cumples fielmente Nuestros deseos, y la inspiración del Espíritu Santo, que vive y actúa en ti.

Eres Nuestro ungido, el preferido de María, a la que le tienes “robado” el Corazón. La que hace muchos años ya, te concedió su rosa roja, y puso especial cuidado en que sus ángeles, mis ángeles, le quitaran las espinas, ya que sufres demasiado, por el sólo hecho de ser mi sucesor, el sucesor de Dios, el Cristo, el que amó tanto al mundo, que morí por el mundo.

Pero Yo, Dios, quiero que tú, Karol mío, de Dios, vivas muchos años, ¡te necesito! ¿Me oyes, hijo mío, de mi Inmaculado Corazón?, ¡te necesito! Y si te hablo a través de mi amada hija, Primavera, es para suplicarte.

Yo, Dios, ¡Dios!, te suplico de rodillas: ¡cuídate! Deseo te cuides. Eres humano, eres un hombre, y Yo, Dios, te necesito. (Y veo a Jesús de rodillas y con los brazos extendidos hacia delante) ¡Dios te necesita, Karol mío, mi niño, mi buen hijo! Haz lo necesario para cuidarte más; si es preciso, reestructura tu actividad.

¡Todo lo que haces y hagas, como lo que has hecho, me place, y ha sido mi voluntad, mis designios, los designios de Dios!

Pero, repito, te necesito, mi Iglesia te necesita.

Cuídate más, por mi amor, por nuestra Iglesia, la ¡Única Iglesia de Dios!, la Santa, la Católica, la Apostólica, la Romana; ¡la tuya, que es la de Dios, mía!

Ahora deseo, hijo amadísimo, que oigas a Mamá, a tu Madre, ¡a María!, mi Madre, la Madre de Dios.

* Hijo, hijo mío… mi Karol, mi amado, mi buen hijo en quién me plazco, acompañándote continuamente.

Yo, tu Madre, te suplico, y me arrodillo, como Dios, como Jesús. (La veo arrodillada. Luce un vestido amarillo con una capa azul cielo. Y hay ángeles en derredor suyo. Y hay mucha luz. Esta luz es algo plateada, y a los pies de Ella, hay rosas blancas, muchas rosas blancas, y en el centro, en medio de ellas, hay una de roja, muy bonita, y que brilla como si tuviera gotas de agua. ¡Es la Virgen que llora y la moja!) Lloro por el sufrir de mi hijo Karol, y esa es su rosa roja, la que le di.

Amado mío, mi Karol, no hagas llorar a tu Madre, por favor, hijo predilecto, ¡cuídate!

Ya nos veremos en el Cielo, pero de momento, deseamos, la Trinidad Santa, Dios, mi esposo san José, todos los santos y ángeles, y Yo, María, que sirvas a Dios, a nuestra Iglesia. Te pedimos: ¡cuídate, cuídate, por nuestro amor! (Y empiezan a cantar los ángeles, ¡hay muchísimos! y cantan: “Bendito el Cordero de Dios y su Sucesor”).

+ Así lo has visto, Primavera, y así ha sucedido. Yo, Dios, lo certifico, lo sello y lo rubrico con mi fuego, que es el Amor.