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Revelaciones 41

… rezo… (12:26) a (13:00)

 

Yo.- A mi amor, a mi Dios; de parte de Fuerza, mi amadísimo esposo, te dice que no entiende el salto entre el hombre prehistórico a Adán. ¿Deseas aclarárselo?

+ Yo, Dios, soy claro, y aclaro las dudas de mis hijos, y sacio su sana curiosidad.

Dice la Biblia que Yo, Dios, hice el mundo en seis días; pero el tiempo, “seis días”, es un tiempo irreal, ya que estuve billones de años, haciendo el mundo y el universo; eso es en tiempo terrenal, ya que Yo, Dios, no vivo en el tiempo, y ahora mismo, en este preciso instante, estoy creando al mundo, y me están crucificando, y el demonio se rebela contra Mí, y estoy en el fin de los tiempos.

Quiero decir, Primavera, que no hay tiempo para Dios, todo es presente.

El “hombre” prehistórico, que vosotros los hombres encontráis, era un “hombre” sin alma, con apariencia física a vosotros, como es semejante alguna especie de monos u orangutanes.

El hombre-hombre, mi hijo, fue y es Adán, el primer hombre perfecto, al que puse alma inmortal en su cuerpo carnal, con una conciencia justa y espiritual, que le hace discernir el bien del mal. Y es lo que le da poder ante todo lo creado por Dios. Y es esa libertad de actuar bien o mal.

El hombre, vosotros, fue lo último que creé; antes, os preparé un mundo dónde vivir, eternamente felices, en él; por eso amáis tanto la tierra, el mundo, ya que Yo, Dios, lo dispuse así en vuestro corazón, para que así os ocuparais de cuidar y proteger mi Creación, que era y es para vosotros.

Pero, al pecar vuestros primeros padres, os maldije, y vino la impureza, la imperfección, y con ella, el mal de ir contra la misma naturaleza que os di.

Sois vosotros quienes la destruís por vuestra imperfección, que pagasteis por querer servir a Satán, y no sólo a Mí. Y digo pagasteis, ya que tú hubieras hecho igual que Adán y Eva, ¡seguro! Fuerza, amado mío, ya he contestado a tu pregunta; el “hombre” prehistórico, era un ser sin alma, no era un hombre como tú, era semejante físicamente. ¿Lo has entendido hijo Mío?

Yo.- Y, Amor mío, tengo otra pregunta de mi esposo Fuerza, que desea, si es tu voluntad, le cuentes lo del diluvio universal y lo de la torre de Babel.

+ (Sonríe) Tienes muchas ganas de saber, hijo mío, mi amigo, Fuerza; Yo, Dios, te saciaré. (Sonríe) Sí, hija mía, sonrío, ya que hay fe en las preguntas de Mi hijo.

El diluvio, ocurrió en una parte del mundo, no en toda la tierra, pero para Noé, era el mundo, ya que no se conocía todo el mundo, como hoy día.

Y castigué Yo, Dios, a los hijos de los hombres, por su desorden, por su desobediencia a Dios.

La torre de Babel, como bien sabéis por la Biblia, la hicieron los hombres por miedo a otro diluvio, y Yo Dios me encolericé, ya que prometí no dar otro diluvio; por eso puse el arco iris, para cumplir mi promesa, a la que el arco iris me recordaba.

Pero los hombres no creyeron, el miedo a Mí, a Dios, los unió, y Yo, Dios, los desuní, ya que les confundí con lenguas diferentes y cambiando su físico. En el castigo por la torre de Babel, nacieron las razas, que aún hoy os desunen. Así lo hice Yo, Dios.