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Revelaciones 39

Lunes, 30 de octubre de 1995… rezo… (9:15) a (9:38)

 

Yo.- Amor y Dios mío, ¡estoy asustada! Es tanto tu poder, y yo soy tan insignificante. El amado sacerdote Cal, vuelve a tener paz, y otra vez nos trata amistosamente. Tú, amor mío, ya me lo dijiste.

Mi amado esposo, ayer domingo, estuvo mucho más pendiente de la familia, y cuando nos dio la charla espiritual, todos colaboramos al final de ella, y se hizo una agradable tertulia, y Bondad le dio las buenas noches, como Tú, amor, amor mío, me lo dijiste.

Pero no es por eso que estoy asustada, sino porque al salir de Misa, hablé con varias personas, y sentí en mi espíritu la gran sed que tienen de Ti, y pensé que si se enteran alguna vez de que me hablas, se van a volcar en mí por Ti, y yo soy tan poca cosita y tan torpe, que me asusté de su sed y de mi poca cosa. 

+ Amada, mi amada hija. Yo, tu Dios, permití que sintieras esa sed que los hombres tienen de Mí, porque deseo Yo, tu Dios, que les consueles.

Se sabrá que Yo soy tu Amigo, y vendrán a ti, por eso te quiero humilde y fuerte. Muchos se burlarán de ti, lo pondrán en duda y te insultarán. Otros muchos, te amarán. Tú, seme fiel, y no temas, Yo estoy contigo, y también Dios, Espíritu Santo, que será el que obrará en ti, en Fuerza y en tus hijos.

Fuerza, amado, ayuda a tu esposa; ella es torpe, por eso Yo actúo tan bien a través de ella. Tendrías, hijo mío, que dar más charlas espirituales, no esperes sólo los domingos, es preciso que Primavera y tus hijos, se instruyan pronto, ya que Yo no esperaré mucho en atender a mis hijos a través vuestro.

Tú, amado hijo Fuerza, eres el más fuerte y valiente de la familia, eres el patriarca de ella; aconséjales, guíales, y por favor, cuídales.

A todas las personas que se acerquen a vosotros, hablarles de asistir a misa a Finsiux, con mi amado sacerdote Cal; allí estoy Yo, presente en cuerpo y alma; y allí, a través de mi hijo Cal, que hablará de mi amor, resurgirá la alegría de servir a Dios, ¡ a Mí!

Se cumplirá lo que digo, como todo lo que te he dicho, Primavera, amada hija, instrumento bueno y fiel.

Vienen nuevos tiempos, tiempos de hambre espiritual, que mis sacerdotes deberán saciar con la verdad, con la misma verdad que sale de la boca del Papa. ¡Uníos todos a él, y a mi Madre Santísima! Yo, Dios, os espero en el Cielo. (Yo.- Lo veo, ¡lo veo!) Y deseo que vengáis todos. ¿Queréis venir a Mí, amados hijos de mi Inmaculado Corazón? 

Yo.- Amado mío, cuando terminé de escribir lo anterior, estaba muy asustada, y acudí a mi amado esposo, y he visto que es verdad que es fuerte, ¡le necesito!, ya que tienes razón; soy tan torpe, tan miserable.

Me dice mi amado Fuerza, que te pregunte qué deseas que hagamos con lo que me dictas. Dice él, que por ejemplo, hay cosas que el amado sacerdote Cal podría saber ¿?, y también todo lo que me dijiste de Ana y Víctor, y otras cosas que Tú hablas en general. ¿Qué deseas que hagamos, amor mío? 

+ Deseo Yo, vuestro Dios, que tanto os ama a toda esa maravillosa familia que está pendiente de Mí y que está feliz de ser mis instrumentos, (- se ríe mucho), que primero, al amado hijo Cal, vayáis tú, Fuerza, y tú, Primavera, y se lo explicas tú, amado Fuerza, con humildad. No hace falta que sea por confesión. Y tú, patriarca de la familia, serás mi voz.

En cuanto a mi hijo Juliumpius, que el patriarca vaya él solo, a verlo y a comunicarle la nueva.

No te enfades, amado hijo Xifón, soy Yo, Dios, que se lo ordeno. En este caso, Yo tomo las riendas de director espiritual, ya que no es solo Primavera, sino que Fuerza y todos sus hijos, son mis instrumentos. Ya sé que es un caso único en el mundo, pero Yo soy el Amo del mundo…

Se pueden propagar ya, hoy, ahora mismo, estos escritos, ya que son verídicos, y muchas almas tienen sed de mis Palabras y mis obras. Pero sed muy prudentes, porque todo y así, me insultarán a Mí y a mis amados instrumentos, pero pensad que nos reiremos mucho de nuestra gran amistad, cuando ya estéis todos conmigo y con Mamá, (Yo.- se ríe) en el Cielo.

Víctor y Ana están contentos de pertenecer a la familia amiga de Dios.

No temáis, todos estos diez años que habéis pasado de humillaciones, no han sido en vano; os habéis acostumbrado a pasar de los hombres y a mírame a Mí, ¡y así vais a seguir!: de Dios a Dios. Os amo, os amo, y mi corazón se enciende cuando os veo, y os veo siempre. Sed muy, muy humildes, hijos de Dios; que os pisarán cuanto puedan, pero la carne no sólo hace al ser humano; el espíritu es invencible, y vuestros espíritus arden junto a mi corazón. ¡Os amo!