Saltar al contenido

Revelaciones 35

Viernes, 29 de diciembre de 1995… rezo… (12:55) a (13:14)

 

Yo.- Amado, ¿deseas algo? 

+ Amada, deseo agradecerte tu amor.

Hijita, Primavera, Satán te tienta y te hace pasar malos ratos; refrena tu mal humor, sé más dulce con todos.

Hay personas que al leer mis Escritos, los Escritos de Dios a través de tu amada escritura, mi Primavera, tendrán y tienen celos de tu suerte, y eso les mueve a “destruirte”.

Ten compasión de ellos, Primavera.

Y tú, amado patriarca Fuerza, defiéndela, como san José hizo con Mamá.

Sí, hijos míos, es una gran suerte para mis hijos, recibir mis Locuciones; pero sabed que lo que vosotros leéis, son mis Palabras, mis Santas Palabras, las Palabras de Dios, salidas de su propia y divina Voz; pero mis instrumentos sufren de continuo las persecuciones de Satán, que a veces, se cuela entre mis Palabras, y no sólo eso, sino las múltiples y horribles visiones que perciben y tienen de él y sus secuaces, además de las dudas y los insultos de muchos hijos míos que os creéis mucho más perfectos que mis instrumentos, y en cambio, no tenéis mis Santas Locuciones. ¡Yo, Dios, sé lo más escondido del corazón de cada uno de mis hijos!, y a veces, en apariencia de piedad y santidad, se esconde la envidia y la soberbia.

Deseo que seáis personas naturales, que riáis, cantéis, y a veces, como imperfectos que sois, os enfadéis. Eso lo permito Yo, Dios, para que veáis vuestra nada, que sin Mí, Dios, no vale nada.

Haced examen de conciencia, y veréis que Dios, ¡Yo!, no soy jamás injusto. Sólo Yo, ¡Dios!, veo lo más profundo de cada corazón, ¡sólo Yo!, ¡Dios!

Te he dicho lo anterior, amada Primavera, mi niña, ya que es lo que le pasa a (x), y a (x); me han dado su vida, y en cambio, Yo te hablo a ti, pecadora, mi amada pecadora, Primavera. Y pregunto: ¿en tu lugar, en tu situación; qué habrían hecho estas hijas mías?

No os juzguéis unos a otros. Amadme y gozaos de que Dios elija por lo menos a alguien para ser instrumento de mi voz.

¡Dad gloria a Dios!

¡Amadme por mi Santa e infinita Misericordia!

Yo os amo a todos, hijos míos, ¡a todos!, pero no juzguéis los hechos de vuestro Dios; ¡es un sacrilegio!