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Revelaciones 26

Viernes, 10 de Mayo de 1.996   Rezo…      12:00 h. Rezo el Regina Coeli.

Yo.- Mamá y Jesús: he pensado poner dos condiciones a mi voluntad.

1ª No ser la última en hablar, es decir dejar que sean los demás, quienes digan la última palabra, y…

2º cuando mis hijos y esposo me digan algo, no les rebatiré aunque no esté de acuerdo, sino que procuraré mirar su punto de vista.

Pero para conseguirlo necesito de vuestra ayuda: ¿Me ayudaréis?

+ Yo, Dios, Jesús mismo, te ayudo.

 Fue mi Santo Espíritu quién te aconsejó.

Y como que es mi deseo, el deseo de Dios en unidad, mando a mi Ángel que te custodia, a José, que te ayude a recordar tu propósito.

Ya que a veces, no es por maldad que no os esforzáis en ser mejores, sino que es por vuestra falta de memoria.

Y además, la vida actual es muy ajetreada: se ha perdido el silencio.

Y en el silencio estoy Yo, Dios, que a través de vuestra meditación, me halláis.

Hoy día es mucho más difícil vivir en comunión espiritual conmigo, con vuestro Dios que tanto os amo.

Id con silencio.

No abuséis de las palabras.

Recogeos en vuestro interior y gozaréis de los dones de mi Espíritu Santo.

* Niña mía, mi buena y fiel Primavera, tu «Mamita» te quiere. (Me lo dice en mi idioma materno. Y me gusta, ¡me gusta que me quiera) Sí, mi niña, te amo y te quiero. Y te ayudaré en todo lo que te lleve a la santidad, a la perfección. Gracias por pedirme ayuda; puedo dártela y lo haré. Tú lo verás, amada y buena Primavera; y los demás lo verán. Dile a mi amado hijo, tu esposo Fuerza, que te ayude. Él puede hacerlo; al recibir el sacramento del matrimonio, recibisteis también el don de la ayuda mutua; podéis y debéis ayudaros.

¿Ayudarás a Primavera, verdad, amado y fiel hijo, mi Fuerza? Yo, María, os bendigo; puedo hacerlo, ya que cuando digo, os bendigo, Dios se une a mis deseos y os da su bendición, que viene del Cielo, de donde vivo Yo, María Santísima, de donde vive Dios, y en donde viviréis vosotros, amados hijos míos, si vais santificándoos, que es perfeccionándoos, y usando de las gracias que Dios da siempre, de continuo, al mundo, y que el mundo, vosotros, sólo recibís si las queréis y buscáis.

¿Que cómo se buscan? Ante todo, permitiendo que Dios os ame, es decir, abriéndole vuestro corazón con vuestro amor, y amor con amor, se unen, al unirse el amor de la criatura con el Creador, el amor del Dios creador de amor; ya que toda creación fue por amor, por el más auténtico amor. Digo, que el amor de Dios Amor, os va perfeccionando, ya que su Espíritu Santo vive en vosotros, que por su amor vivís en gracia, es decir, andáis limpios de pecados, por haberlos confesado. Y el sacerdote, en su Nombre, en el nombre de Jesucristo, de Dios, os los perdona. Y el Espíritu de Dios Amor vive en vosotros, amados hijos de Dios, y os llena de gracias para luchar y perfeccionaros, es decir, santificaros.

No te queda más remedio, hija mía, mi amada y buena Primavera, que hacerte santa, si es que caminas por el sendero de la Luz de Dios. (Y sonríe con una sonrisa dulce y comprensiva). Sí, te comprendo, hija mía, pero a Mí, a María Virgen, me llaman Santa y no me enfado (Sonríe), ya que Yo misma  me llamo Santa, por ser verdad, ya que vivo con Dios en el Cielo, y es donde tú, Primavera, vivirás si eres fiel a Jesús.

Yo.- Yo quiero ser fiel, de verdad, Mamita. ¡Quiero! ¡Quiero!

* Pues si quieres, lo conseguirás, sólo hace falta querer y pedir, y Dios os lo da. 

Yo, María, lo sé, y os lo digo: Pedid, pedid hijos de Dios, que vuestro Padre y Yo, María, vuestra Madre, os ayudamos, ¡Seguro! No hay más amor como el de Dios y el de su Madre, el mío, el de M a r í a (Y al decir su nombre, con dulzura, los Ángeles se inclinan, y el brillo que desprenden, es dulce, como lo es María, como lo es Mamá).

Yo.- Te quiero, Mamá, te quiero con toda la fuerza que siente mi corazón. Y siento mucha fuerza; si pudiera besarte, te “comería” a besos.

(Sonríe, sonríe, tan y tan dulcemente, y sigue, sigue sonriendo. Creo que no dejará jamás de sonreír; su sonrisa es infinita, y lo llena todo. Siento mi corazón lleno de Dios, y alegre por la sonrisa infinita de María. Oh Mamá, qué linda eres, qué requetebonita, ¡preciosa! ¡Guapa!).