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Revelaciones 24

Martes, 7 de mayo de 1.996   Rezo…      9:50 h.

Yo.- Amado Dios y Señor, Jesús. Tengo varias preguntas, de parte de Ansid:

Pregunta de Ansid: “¿Es verdad lo que hablan algunos, de la reencarnación?”

+ Yo, Dios, te contesto, amada y buena Ansid:

Es falso.

¡No es verdad!

Sólo hay una vida terrena para cada uno.

No temas, en esta vida que os doy, Yo, Dios, tenéis la oportunidad de ganaros el Cielo Eterno.

Tanto da que viváis poco como mucho, o que os quiten la vida, o que seáis tullidos, o estéis enfermos.

Vuestro espíritu es observado por Dios, y el espíritu, hija mía, no tiene edad ni físico.

Y es por vuestro espíritu, que obráis corporalmente.

Con vuestro cuerpo dais a entender al mundo vuestro interior. Y digo al mundo, ya que a veces, algunos mienten con sus obras, mas el espíritu no miente jamás.

Y si Yo, Dios, os creé con cuerpo y espíritu, es porque deseo la verdad, la verdad de que obréis junto con vuestro espíritu, que por vivir en gracia, esté en comunión con el mío.

Hija mía, Yo, Dios, no miento.

Los hombres sí que mentís.

Más Yo, soy grande, y no necesito mentir para demostrar mi grandeza. La grandeza de Dios, habla por mis obras, y mis obras sois vosotros, mis hijos, a los que os creé con libertad para pensar y actuar.

¿Quién que no sea grande, os dejaría libres?

Más bien, os sojuzgáis unos a otros, por el deseo de ser grandes.

Y ¿no es este mismo deseo, que os hace creer en varias vidas terrenas para vosotros?

¿No es el deseo de hacer más y mejor?

Yo, Dios, os hice inmortales. Más, por el pecado de vuestros primeros padres, vino la muerte.

Este deseo de inmortalidad que tenéis, es porque Yo, Dios, os creé inmortales.

Mas por no tener fe en Mí, en Dios, os mentís, y para suplir vuestros deseos de inmortalidad, creéis en que vais pasando por el mundo con diferentes vidas.

Se une vuestro deseo de inmortalidad con vuestro deseo de perfección, ya que vuestros primeros padres fueron perfectos, ya que salieron de mis propias manos, y todo lo que Yo creo, es perfecto, como Yo mismo, Dios.

Es bueno que sepáis vuestros deseos de perfección, por eso, algunos, para suplir la imperfección que todos tenéis, esperáis tener todas las “vidas”, hasta llegar a esa perfección que anheláis.

Mas os pregunto Yo, Dios: ¿Si fuera verdad que tenéis varias vidas, con los miles de años que existís, es que nadie ha llegado aún a esa perfección, que dicen algunos que os llega a través de varias vidas?

Pensad, hijos míos.

Si no tenéis fe en Mí, en Dios, por lo menos, usad del sentido común y la lógica.

Yo, Dios, os digo: Sólo hay una vida para cada uno.

Y el bien y el mal que hagáis con ella, se os paga con el bien y el mal, ya en esta vida, y luego:

-El Cielo Eterno.

-El Purgatorio.

-O el Infierno Eterno.

¿Que cómo se os paga ya en esta tierra?

Os lo digo, amados míos: Cuando hacéis el mal, vais contra la misma naturaleza, y la naturaleza, al ser quebrada por vuestro mal, empieza su lucha para recuperar el bien, la perfección con que Yo, Dios, la creé.

Y en toda lucha, hay violencia, y en la violencia hay el daño, ya que se violenta la armonía natural.

Y por recuperar el bien, pagáis la violencia del equilibrio y sufrís por la violencia de la fuerza cósmica del orden.

Y mientras se ordena lo desordenado, por vuestro mal que habéis hecho, al no cumplir mis Santos Mandamientos, pagáis y sentís en vosotros la fuerza del mal, que es volver a su cauce natural del bien.

Por ejemplo, amados míos: Cuando no dormís lo suficiente, no os cuidáis con amor, y os he dado un mandamiento en el que os digo: Amad a los demás como a vosotros mismos. Así que Yo, Dios, os pido que os améis a vosotros mismos, y quien ama, cuida de lo amado, por su mismo amor. Y si no os cuidáis y no dormís lo suficiente, no os amáis. Y ¿qué ocurre? Pues que durante todo el día, estáis de mal humor, estáis irritados, por el mal de no cuidaros y de no haber descansado lo suficiente, y para volver el orden, vuestro cuerpo os pide sueño; y como no se lo dais, la violencia de ir contra la naturaleza que os pide descanso, envenena vuestra conducta hasta que no vais a descansar, y cuando al fin vais a descansar, por el hecho de estar cansados, agotados, vuestro sueño es violento; ¿o no es así? Y hasta que no llega la armonía del descanso, vais histéricos, por la vía de vuestros hechos. Y si un día, tras otro día, no descansáis lo suficiente, vais dando mal a vuestro cuerpo que os devuelve vuestro mal con enfermedades que salen por el mal y la lucha de la naturaleza de recuperar el bien.

Ahora, Yo, Dios, os hablaré del bien y los frutos del bien, ya en esta vida.

Os daré un ejemplo: cuando uno lucha por su perfección, es decir, por cumplir mis Mandamientos, da el bien a sí mismo y al mundo.

Cuando uno calla los rumores de chismorreos o calumnias. Cuando sois comprensivos con vuestros semejantes, y no juzgáis, antes bien, por vuestro amor a Mí, a Dios, sois cariñosos y mansos con los demás, por saber de su imperfección, y rompéis la cadena de la calumnia y calláis, y además, dais vuestro amor desinteresado a la persona calumniada, ésta os recompensa con el apaciguamiento de su imperfección, que, por vuestra lucha para la perfección, le da vuestro cariño; y su mal, se vuelve en bien, por vuestro bien y vosotros recibís bien por bien y hay bien en el mundo, y estáis contentos y felices de contribuir a la armonía de la naturaleza, que es perfecta.

Así, Yo, Dios, os veo y veo vuestras obras, y me maravillo de mi sabiduría, que os creó perfectos.

Y mis gracias por vuestro bien, os llegan a vosotros, y por ellas, os vais perfeccionando de continuo.

Haced la prueba, amados míos. Esforzaos en hacer el bien y viviréis el bien del Cielo.

¿Si no lucháis en vuestra vida, cuántas vidas inútiles necesitaréis para perfeccionaros, si jamás lucháis?

No es así, no hay varias vidas, ¡sólo una!,

¡Vividla!, haced el bien.

Seréis felices y haréis felices a los demás, y contribuiréis a hacer un mundo mejor.

Y cuando muráis, Yo, Dios, os llamaré benditos, y con mi Madre Santísima, os llevaré a la Morada Eterna de la Perfección, y seréis perfectos, por vuestra lucha y mis méritos, los méritos del Dios Hijo, que morí por vosotros, ya que, por el engaño del demonio, Adán y Eva, que eran perfectos y libres, pecaron, por su libertad, que Yo, Dios Padre, les di para hacer el bien. Y sólo pudo restituir tal falta de libertad, y digo falta de libertad, ya que la verdadera libertad es decidir ser buenos, para ser justos y, con justicia, hacer lo natural, que es bueno, como es bueno que salga el sol, y es lo natural, lo que cada día acontece, aunque a veces no lo veis, por tener las nubes que velan su visión, pero el sol siempre está donde debe estar, y está para todos: No se paga, se da gratis, por dar el bien. Y por vuestro bien, Yo, Jesús, morí por cada uno de vosotros, ya que por el amor de Dios, sólo Dios mismo podía poner otra vez en orden lo desordenado por el mal de vuestros primeros padres.

Y Yo, Dios Hijo, Jesús, vine al mundo, y el mundo ensañó su mal en mi Cuerpo, y la violencia de poner orden y armonía a lo natural, lo pagué en mi Cuerpo, ya que Yo era el bien que recibía el mal, para la recobración de lo natural.

Sí vuestros primeros padres, hijos míos, de Dios, a los que creé con mis propias manos, me negaron. Vino al mundo mi Hijo, mío, Dios mismo, y recibió el mal que teníais que recibir vosotros, que era una vida sin Vida Eterna. Pero por Jesús, por Mí, por mi Hijo Dios, que padeció el mal sin haber hecho mal, antes bien, todo lo hizo perfectamente bien, os di y tenéis la Vida Eterna.

Leed el Evangelio, en él se habla de Mí, de Jesús; tenéis la prueba verídica de que existí, de que es verdad que me mataron y de que resucité, ¡Hay testigos!

Si creéis a los hombres, y los creéis, ya que a algunos os hacen creer las tonterías de la reencarnación, creed en los hombres que vieron y testificaron que Yo, Dios, Jesús, viví en el mundo.

Nací de la descendencia de los primeros padres. Y los profetas que escribieron en la Biblia, hablaron de Mí, de Jesús, muchos años antes de hacerme realidad.

Hay documentos verídicos, de gentes que vivieron en este mundo y hablaron de mi venida.

Y vine tal y como estaba escrito, de la estirpe de David.

¡Leed!, ¡leed la Biblia!, ¡allí estoy Yo!

Y nací de Dios, por ser Dios, que viví y me creé Jesús, en las purísimas entrañas de María Virgen.

Y testificaron de Mí, los evangelistas, hombres iguales a los hombres que testifican cosas que dicen creer pero no ver.

Dicen: “Tenemos varias vidas, pero mientras vivimos, no nos acordamos de las anteriores”.

Y Yo os digo: ¡¡Es falso!! ¡Es mentira! Es una mentira que se basa en fundamentos falsos, en suposiciones. ¡¡No hay Testigos!!

Sólo uno dice creer en sí mismo, en lo que dice.

De Mí, de Jesús, testificaron los demás, antes de nacer y después de morir.

Yo no escribí sobre Mí mismo, fueron los testigos, quienes lo hicieron.

Lo podéis comprobar en los Evangelios, ¡en la Biblia!

Antes de creer, leer de Mí.

Yo, Dios, tengo pruebas de gente que me vio, me conoció; y me vio y reconoció después de muerto.

Y si Yo, siendo hombre, resucité, vosotros, hombres, tenéis la resurrección, por haber pagado, recibido en Mí, en Jesús, la violencia de vuestro mal, para recuperar la armonía natural, ya que lo natural, es que Dios os creé para la perfección y la vida Eterna.

¡Sois libres!

Y vuestra libertad os exige encontrar la verdad.

No creáis las tonterías que los hombres os inventáis.

No creáis los cuentos. Eso es para los niños. Vosotros sois adultos, y deseo y os pido discernir.

La verdad es mucho más bonita y bella que cualquier mentira que la imaginación humana os cuente.

¡No hagáis caso a los cuentos!

¿Creéis que es más bonito nacer y vivir una y otra vez, sin acordarse de nada, siendo siempre como la misma y única vez, o no es infinitamente maravilloso que el Dios que tanto os ama, os rescató de la muerte y os doy la felicidad terrena de una sola vida, y Eterna en el Cielo?

¿O es que os da miedo lo bueno, por ser imperfectos y, por eso, vivís como gallinas picoteando el grano, pudiendo volar magistralmente en el cielo como las aves libres, que no viven cercadas en el gallinero?

Sois libres, hijos míos.

¡Volad, volad!

No vuela el torpe, el imperfecto, el que todo el día está pendiente de los demás; vuela el que es libre, y su libertad le individualiza, y no necesita de doctrinas falsas para no sentirse solo.

El ave perfecta está volando en el cielo, junto con Dios.

Los hombres perfectos vivís viviendo conmigo, que me uno a vosotros en la comunión, y os doy alas para batir.

Las alas son las gracias, los dones y frutos del Espíritu Santo, que os perfeccionan y os hacen dueños del bien, del amor.

Y os amáis por amarme, y amáis a los demás por vuestro amor.

¡Pedidme alas!, y os daré mis gracias espirituales, y volaréis en un cielo azul, en un mundo mejor.

Vuela, amada Ansid, vuela ahora, hoy.

¿Para qué esperar a otra vida, cuando tienes lo necesario para perfeccionarte ya?

Tienes a mi Santa y Única Iglesia, la Católica, Apostólica y Romana.

Tienes mis órdenes que te dan felicidad. ¿O acaso es mentira, que cumpliendo mis Mandamientos no serás más feliz?

¿Es más feliz quien mata, que quien da la vida?

¿Es más feliz quien roba, que quien da?

¿Es más feliz quien ama y es fiel a su cónyuge, o es más feliz quien engañando al cónyuge, le es infiel?

¿Es más feliz el que desea lo que poseen los demás, o el que disfruta de lo que tiene?

Usad de la mente, os la di Yo, Dios, para que la usarais. ¡No tengáis miedo de usarla!

La verdad os lleva a Mí, a Dios.

¡Venid! ¡Venid!

Y te doy a Mí mismo en los sacramentos; me recibes en el Bautismo y la Confirmación, el Sacerdocio, la Extremaunción, el Casamiento, la Confesión. Allí estoy en Espíritu.

Y en la Comunión, oh amado mío, amada mía, allí estoy Yo, Dios Hijo, físicamente, físicamente presente. Y te abrazo y te demuestro mi amor.

Y si estoy físicamente, también estoy espiritualmente, ya que para que haya una vida física, se necesita del espíritu.

El espíritu puede vivir sin lo físico, no así lo físico sin lo espiritual.

Pues cuando vienes a comulgar, si estás en gracia, es decir, si antes has confesado todos, todos, tus pecados, ¡no unos cuantos!, ¡todos!, viene mi perdón, y con él, mis gracias, que te hacen digno de recibirme física, espiritualmente.

Soy Dios soy perfecto, y vivo en lo perfecto. Y para una perfecta Comunión, tienes que estar sin pecado, por haberlos confesado.

 Por eso, tu gracia de vivir en gracia, me reconoce y nos amamos.

Yo, Dios, deseo vivir, físicamente y espiritualmente, contigo, hijo mío, hija mía, en la comunión. Y vas amándome más, y al final, después de tu muerte, tu única muerte, vives siempre así: en Comunión conmigo en el Cielo, tu espíritu y el mío, el de Dios, por siempre unidos y gozosos y felices.

¡No tengas miedo de Mí!

Si tienes miedo, tendrás miedo de vivir en el Cielo.

Yo, Dios, te amo, te amo tal y como eres.

Y te ayudo a ser mejor, porque te amo.

Soy como un padre bueno, que ayuda a sus hijos a ser mejores, por mi amor.

No tengáis miedo.

Lee la vida de Jesús, de Dios Hijo, y verás que te amo, ¡te amo!

Yo.- Pregunta de Ansid: “Fui a ver a una vidente, y se puso en trance y de su boca salió la voz de mi madre, que me habló: ¿Puede ser que a través de esta señora yo haya podido hablar con mi madre?” 

+ Amada y buena Ansid. A vuestros primeros padres, ¿quién les engañó?, ¡Satanás!, el demonio, el ser que se reveló a Mí a Dios, y que Yo, Dios, le creé el Infierno para vivir en él; y es donde van a vivir eternamente, los hijos de los hombres que reniegan de Mí, de Dios.

Y ¿cómo puede ser que haya hijos de los hombres, que renieguen del divino amor y prefieran los infiernos?  Porque el demonio sigue engañando a los descendientes de Adán y Eva, a vosotros, los hombres.

Os engaña, os sigue haciendo creer, que podéis ser como Yo, Dios.

Y hay personas que se lo creen, que ingenuamente creen que son los intermediarios entre el más allá y vosotros.

Satán los engaña y habla a través de ellos, y ellos, a su vez, los videntes, os engañan a vosotros.

Muchos no van de mala fe, se dejan engañar y, por los resultados, creen, creen que el espíritu de un muerto, puede abandonar la eternidad espiritual y hablar a través de ellos. Más no es así, es el espíritu de Satán que los engaña. El demonio sabe de la voz y la forma de hablar de vuestros difuntos, y la imita, y utiliza muchas veces la buena fe de algunos videntes.

Amada Ansid, tú no hablaste con tu madre, te habló el espíritu del mal, a través de una vidente; esa es la verdad.

Satán puede engañaros, lo hace de muchas maneras, y ésta es una más de sus formas.

Tu madre, amada Ansid, descansa en paz en mi Gloria. Y ¿crees que podría descansar en paz, si viera que sufres? Ya que si crees que habló contigo, vio que sufrías ¿No lloraste? No, hija mía tan amada, tu madre vive feliz en el Cielo.

Y te digo, uniendo tu pregunta a la anterior, si en verdad existiera la reencarnación, no habrías oído a tu madre, ya que, según la reencarnación y su doctrina, estaría viviendo otra vida sin acordarse de la anterior, ni tan sólo de ti, que fuiste y eres su hija.

Tu madre está aquí conmigo, en el Cielo, y sigue siendo tu madre. Y cuando vengas aquí, después de la muerte, la verás con tu espíritu, y ella te verá.

Haz lo posible, amada Ansid, para ser buena y digna de ir al Cielo Eterno.

Tu madre te espera aquí, con la mía, con la Santísima Virgen María.

No acudas a ninguna vidente; por más que tenga buena intención, no es verdad lo que dice.

¿Por qué no acudes directamente a Mí, a Dios? ¿Qué?, ¿cómo?, pues viviendo mi única y verdadera doctrina, la católica. Te confiesas, comulgas, y asistes asiduamente a misa.

Yo, Dios, estoy en la Sagrada Hostia.

Y si estoy Yo, Dios, puedo oírte lo que me pides y me cuentas. Y te ayudo. Por mis obras que hago en el mundo, ves que te he escuchado, y te ayudo en lo que verdaderamente es bueno para ti y los tuyos.

Tú dices que te hizo un bien, oír la voz de tu madre, pero Yo, Dios, que lo sé todo, te digo que cuando lo recuerdas, lloras de dolor.

Te molestaba ver el rostro de otra persona, con la voz y la forma de hablar de tu madre, ya que tú querías abrazarla y no podías, por ver delante de ti, el cuerpo de otra persona.

Y te quedó la pena, la pena frustrante de no tener los brazos de tu madre rodeando tu cuerpo, ni sentir sus besos.

¿Ves que no fue bueno para ti?

Apártate de lo que te daña.

A veces, un mal, como es la mentira de los videntes, os ayudan a romper con el mal que otras gentes piden y os hacen a través de otros videntes, pero no es bueno. Existe la magia negra, y la que llamáis blanca, también es negra, y os engaña, desarmando la misma magia.

Hijos míos, acudid a Mí, a Dios, y rezad, y cumplid con mi Iglesia; y si teméis que alguien utiliza magia contra vosotros, pedidme ayuda, soy Dios, y os amo y os ayudo, y mi ayuda siempre da la paz, nunca os deja desasosiego.

Si teméis al maligno y a los hombres que le sirven, rezad así: Puestos de rodillas y utilizando agua bendita, os signáis y rezáis:

“Yo, hijo de Dios, por el amor y misericordia de mi Padre Celestial, acudo humildemente a Él, para que con su santo poder, interrumpa y finiquite la influencia demoníaca que otros piden a Satán o a los malos espíritus, para rendir mi cuerpo y mi espíritu al mal. Amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo, y es por mi amor a su amor, que solicito y pido su santa protección. Amén, amén, amén.”

Y Yo, Dios, os ayudaré y os cuidaré, como hijos míos que sois.

Sé que a veces, acudís a los videntes, ya que no encontráis solución a lo que os pasa. Yo, Dios, acuso a algunos sacerdotes míos, de ocultaros que existe el demonio, el infierno y los espíritus del mal, que os acechan de continuo.

¿Por qué no habláis del demonio, hijos sacerdotes?

Es de fe en la doctrina Católica, creer en ellos.

Si no habláis del enemigo, estáis y están a su merced.

Y luego acuden a los videntes y se encuentran con Satán, que astutamente les ayuda en lo que él mismo les daña.

Y luego, mis hijos, por agradecimiento del bien recibido, caen en sus redes y se alejan de Mí, de Dios, por ser tan fácil pedir ayuda a través de los videntes, que lo que hacen es ser instrumentos del mismo mal.

Os doy un ejemplo: Si alguien acude a un vidente y éste, practicando la magia, ayuda a la acción de los deseos de venganza para otro semejante, y éste acude a otro vidente, y practicando la magia para el mismo mal que el demonio influía, y que por venir de él, deja de influir en él, lo paraliza. En definitiva, el poder del mal, ha ganado dos almas, dos siervos que acuden a él.

Hijos míos, el demonio es muy astuto, y vuestro miedo os puede llevar a él.

Yo, Dios, os doy un ángel de la guarda a cada uno, en el mismo instante en que mi Espíritu está en vuestra carne, es decir, en el mismo momento de la concepción. Y os lo doy para que os ayude y os proteja siempre. Acudid a él y pedidle os ayude y os proteja, por eso os lo doy, porque sé que Satán y sus demonios, intentan con todos sus medios, llevaros a la vida eterna en el Infierno.

Lo hacen porque os odian, por no querer serviros, ya que Yo, Dios, los creé para que con su amor, libremente me obedecieran; y les pedí obediencia a mis deseos de que os sirvieran cuando os creé. Y los demonios, con Satanás a la cabeza, se negaron a cumplir, con libertad, mis órdenes, las órdenes de Dios; y ahora, por odiaros, no quieren que vosotros vayáis a vivir eternamente en el Cielo, mientras ellos padecen y sufren su vida eterna en el infierno.

¿Quién desea ayudar a un enemigo declarado?

Satán, lo que desea es mataros, ya que es vivir sin verme, sin ver a Dios; y en el infierno no se me ve, por no poder vivir en el mal, ya que soy Dios y soy el perfecto y total bien. Y la muerte es la desesperación de vivir sin Mí, sin Dios.

Aquí en el mundo, no estáis totalmente sin Mí, ya que mi Espíritu vive en el mundo y vive en los hombres que me amáis y me obedecéis, y estáis y cumplís con mi Iglesia, la Católica. Por eso, el mundo es mío, de Dios.

Pero en el Infierno, no estoy, sólo está Satán, ¡el mal! Y el mal es dolor, y allí hay dolor sin medida, por estar todo lleno de mal, sin Dios, sin Mí. Y es eterno.

Ya que vosotros, por los méritos de mi Hijo Jesús, Hijo de Dios y Dios mismo, tenéis la vida eterna, desde el momento en que Jesucristo murió y resucitó.

Y es irreversible, ninguno muere espiritualmente, ya que, o bien vive en el Cielo, o en el Infierno, pero vive.

Sí, tú, tú, vivirás para siempre, eternamente, o en el Cielo, o en el Infierno.

¿Dónde deseas vivir?

Eres libre.

Decide.