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Revelaciones 23

Lunes, 6 de mayo de 1.996 –   Rezo…      (9:57 h).

Yo.- Amado mío, oh, Jesús, ¡ven a mí!  

+ Aquí estoy.

Yo.- Estoy triste.

+ Comprendo tu tristeza.

Yo.- ¿Harás algo para sacármela?

+ Sí, hija mía.

Yo.- ¿Cuándo?

+ Cuando sea la voluntad del Padre.

Yo.- ¿Es que no me porto bien, Dios mío?

+ (Sonríe) Te portas bien.

Yo.- Pues ¿por qué sufro y tengo pena interior y dolor de alma?

+ Para ayudarnos a tener misericordia de los hombres.

Yo.- Ah, ¿así que no estáis? Bueno, ya sé que Dios sois Tres, pero Uno sólo. Digo… ¿que no estás enfadado conmigo? Yo no quiero ser mala.

+ No eres mala, mi niña. (Lo dice con dulzura).

Yo.- Gracias por no estar enfadado conmigo ¡No te enfades jamás!, por favor. Y si hago algo que no te gusta, ya que hablas conmigo, dímelo.

+ Tienes que ser mejor, hija mía.

Yo.- Jesús, mi Jesús, ¿es por mí culpa, el que algunos milagros que Tú dices que haces, el que no salgan a la luz? Yo quiero ser buena.

+ Cada uno es dueño de su vida, y es por cada uno, que la Divina Trinidad, obra.

No te sientas culpable por los demás.

Nadie es dueño de nadie.

Yo, Dios, os hice, individualmente, y libres.

Yo.- Entonces, Dios mío, a quien tanto amo, ¿por qué hay milagros tuyos que no se ven?

+ Por ser mi voluntad.

Yo.- Pero… si Tú dices: “Si confiesas y comulgas, se verá Mi santo milagro”. Y así lo hacen, y son buenos. mucho más que yo, miserable pecadora. Pero pasan los días y no se ve tu milagro. ¿Por qué? Dime, si quieres.

+ Quiero, quiero tu humildad y la humildad del mundo.

No me basta la fe. Deseo la humildad.

Y la humildad la da la desgracia. El sentirse solo sin Mí.

Tú, Primavera, ¿te sientes sola sin Mí?

Yo.- Yo quiero estar siempre contigo, pero tengo miedo a la muerte. Últimamente, Satán me dice que voy a morir pronto, y “veo” como si los seres queridos se mueren, y mi vida no tiene sentido. Y pienso: ¿Vale la pena vivir para morir? ¡Ayúdame, Jesús! Por favor, por tu amor.

+ Te diré: Satán va cambiando de estrategias para que me dejes.

El demonio tiene mucho poder; si no, el mundo sería bueno.

¿Por qué sois malos los hombres; sino por el poder de las tinieblas?

Yo.- Y Tú, Dios Bueno, ¿no puedes hacer nada al respecto?

+ Sois libres. ¡Acudid a mis sacramentos con frecuencia!

Yo.- ¿Es verdad que si no ponen, además de las palabras, la intención también, Tú, Dios mío, no vas a la Divina Forma, a la Hostia? 

+ Es verdad, en muchos Sagrarios no estoy.

Ellos, los sacerdotes, lo saben, ya que no son sacerdotes, aunque el Obispo les haya administrado el sacramento sacerdotal, como hay matrimonios que no son padres, por no tener hijos; pues hay sacerdotes, que no son sacerdotes, por no consagrar, ya que si no lo hacen, con las mismas palabras y la intención de consagrar, es decir, de “crear vida Divina en el simple pan y vino”.

Y ellos lo saben. Y Yo, Dios, los juzgaré, y se quemarán en el fuego eterno del Infierno.

Muchos hijos míos, no me han sentido jamás, ya que jamás han comido mi Cuerpo.

Y Yo, Dios, me quedo sin poder abrazarles y decirles que les amo, que morí en la Cruz por ellos.

Cuando el sacerdote me consagra a vosotros, por el amor que os tengo, y que deseo, por este mismo amor, vivir en verdad en la Hostia consagrada, es decir, la Hostia que me permite darme totalmente a vosotros.

Y por darme a vosotros, es consagrarme a vosotros, ya que en verdad, Yo, Jesús, me consagro por mi amor a vuestro amor.

Pero necesito de los sacerdotes para llevar a cabo mi Santa Consagración de amor.

Podría hacerlo sin ellos, mas no lo hago, porque así es el deseo de Dios en unidad: que por la libertad de unos, me sirváis, con amor, al amor de los demás.

Todos estos sacerdotes que habláis mucho del amor de unos a otros, pero no me amáis a Mí, a Dios; y al no amarme, no consagráis con autenticidad mi
Cuerpo y mi Sangre y Yo, no estoy.

Y al no estar, no me dais a los demás.

¡No los amáis!

Ya que si los amarais, les daríais a Dios,  por el poder que os di, a los sacerdotes, de amar a los demás, por las obras de ser los que podéis unir físicamente a Dios con los hombres.

Muchos, al no tener fe, de este vuestro servicio al mundo, os sentís inferiores a los demás hombres, por no desear Yo, Dios, que os caséis y forméis un hogar, ya que, a vosotros, no os permito Yo, Dios, que creáis hijos.

Vosotros estáis casados con mi Iglesia, y por ser mis sacerdotes, los sacerdotes de Dios, os permito “crear” mi vida física y espiritual, en el pan y el vino.

Y por tener la autoridad que Yo, Dios, os doy, podéis, por dar mis sacramentos, darme hijos legítimos, hijos bautizados.

Vosotros sois los que tendríais que ser los más humildes de todos mis hijos.

Yo, Cristo, os lo dije y os lo enseñé: Lavé los pies de los apóstoles, y les dije que así, ellos, mis primeros sacerdotes, tendrían que hacer a los hombres.

Cuanto más grandes a mis ojos, a los ojos de Dios, más humildes.

La vida  terrenal es servicio humilde a todos los hombres, sin discriminación, por amor a Mí, a Dios. 

Y ¿qué hacéis vosotros, algunos de mis sacerdotes? Os molesta la humildad, y, más bien, vais con orgullo y enorme soberbia. ¿De qué?, ¿de qué, hijos míos?, os pregunto Yo, Dios.

Ya  que, si  no consagráis bien, no sois sacerdotes; y si no sois sacerdotes, sois como la mayoría de los hombres. Y si sois como ellos, a qué querer llevar la dignidad de sacerdotes de Dios.

Queréis cambiar mi Iglesia. Queréis cambiar lo que Yo, Dios mismo, Jesús, dispuse a mis sacerdotes, en la última cena.

Pero, en esto, ya no vais sólo contra el Papa, vais contra Dios mismo.

Fui Yo, Dios, quién creé el sacerdocio y os enseñé la consagración del pan y el vino, para poder entregarme Yo mismo, Jesús, Dios, en cada Misa.

Si ya no consagráis, tal y como Yo, Dios mismo, enseñé, ya no sois mis sacerdotes.

Vosotros mismos renegáis de Dios, de Mí.

Yo, amados míos, os pido, por mi autoridad de Dios, de Supremo Sacerdote, que os unáis a Mí, a Dios, y al Santo Padre. Si no, os destruiré. Puedo hacerlo, y lo haré, soy Dios.

Mis hijos van desesperados, sedientos de mi amor.

¿Cómo puedo demostrarles y decirles mi amor?: En la comunión.

Más, ¿si no estoy allí?

¡Los sacerdotes malos, me cortan la voluntad, la voluntad de daros mi amor!

Estamos en el principio de la Era del Amor y la Paz de Dios, pero para llegar a la plenitud de esta Era ¡que llega!, antes, lloraréis.

¡Mi mundo, el mundo que Yo, Dios, creé, llorará interminables lágrimas!

Para que la paz madure, antes, os limpiaré el mundo.

No temáis, los hijos que habéis descubierto mi gran amor, lo habéis aceptado y me dais el vuestro, en pago del mío, del de Dios.

¡Que tiemblen los malos, ya que les llega el dolor!

Los buenos y los mansos de corazón, tenéis mi Santo Mensaje, a través de los escritos que dicto a mi amada hija y fiel instrumento, Primavera.

Sabéis de mi amor, y os he dicho mis sacramentos, los sacramentos de nuestra libertad para la auténtica libertad; seguid con amor y docilidad mis consejos, ya que Satán jugará su última partida. Yo, Dios, os he  enseñado, a través de estos escritos, cómo seguir mi camino, el camino que desemboca en la Eternidad Celestial.

Sí, ha empezado la Era de la Paz. Pero antes, Yo, Dios, limpiaré el mundo de todo lo que impide su realización.

Y os hago llamada al sentido común. Y fijaos que digo sentido común, y no amor, ya que estáis tan viciados, algunos de mis hijos, que os asemejáis a las bestias y actuáis como ellas, por instinto, sin el sentido común, que os difiere de ellas.

Pero os prevengo, Yo, Dios.

Os prevengo de mi látigo, el látigo de buen Padre, que descarga su justicia para la paz de los demás hijos de la casa.

Tenéis mi amor, os he hablado mucho de él; os he envuelto con mis palabras amorosas, y Mamá, vuestra y mi Madre, la buena María, os ha enseñado su dulzura, su amor para con todos. No os hemos asustado. Os hemos enseñado nuestro amor. Hemos retenido nuestras lágrimas y os hemos sonreído, para que podáis ver la belleza de Dios y su Madre, y nos deis vuestro Sí, por amor, y no por compasión. Pero os digo que nadie ha derramado lágrimas más tristes y amargas que María y Yo, el Hijo de Dios, el Dios Hijo, Jesús. Nadie os ha amado ni os amará tanto como Nosotros dos, ya que Yo, Jesús, soy Dios, y María Virgen, es la Madre de Dios. Pero si lloro, es por amor, amor que muchos no sabéis, y otros, no correspondéis.

Pero a través de mi hija, Primavera, quisimos y queremos sepáis, ya que, por el amor de ella y su esposo Fuerza, decidieron engendrar un hijo, que si Yo, Dios, quisiera, podría decíroslo, y a través de él, ayudarme a salvar al mundo. Y Dios, lo aceptó. Pero mis pensamientos son distintos de los de los hombres, y el hijo de Fuerza y Primavera, Víctor, os habló, sin oír vosotros su voz, ya que os habló a través del sufrimiento, del sufrimiento que padeció por vosotros, todos los hombres, sin discriminación. Así lo quiso la Santa Trinidad, Dios, y así se cumplió. Y decidimos hablaros en persona, en la Persona de Dios, Uno y Trino, a través de Primavera, para que supieras de Mi amor, tal y como querían dos hijos míos tan amados, Fuerza y Primavera. Ellos querían que un hijo suyo, bueno y fiel a Mí, a Dios, os lo dijera, pero la Santísima Trinidad deseó otra cosa, y la cosa que deseamos, se cumplió, como todo lo que desea Dios. Por eso no os dije de  mi sufrir por vosotros. Y os hablé de mi amor; de mi sufrir por amor. Mas mi amor, sufre por vuestros desamor. Y María Santísima, sufre conmigo. Mas  ahora, tampoco os hablaré de Mi sufrir y el de María, por vuestro desamor. ¡No! Seguiré fiel a los deseos de mis instrumentos, mis amados Fuerza y Primavera. Y os seguiré hablando a través de ella, de mi amor, del amor en que os amo.

Ya hay amados hijos míos, que por mi deseo y voluntad, a través de ellos, os hago saber de mi sufrir por vuestros desvíos, y de los castigos que os esperan, que os esperan muchos castigos, ya que nadie puede detener la justicia de la naturaleza.

Y lo natural, es que améis a Dios, a Mí, y a quién me llevó en sus entrañas purísimas, a María. (Y lo dice con dulzura, pero una dulzura firme).

Y la injusticia, es un quebrantamiento de la verdad, de lo natural.

Y para que haya un orden, como en todo lo creado por Dios, se tendrá que ordenar el desorden de la injusticia de no amarme y no darme gloria.

Y, para ello, las potencias se enfrentarán, para que al final obre la armonía.

Y cuando se enfrenta el bien, que es la justicia que se debe a Dios, al Dios que por amor os creé, al mal, que viene y proviene de los Infiernos, allí donde vive Satanás, el rey del desorden, el primero que rompió el orden que establecí Yo, Dios, por la justicia de daros la libertad, a todo lo creado por Mí, y que tiene mi don para pensar y, por tal, decidir; y toda decisión que va contra mi amor, es injusta, ya que sólo es justo, lo verdadero y mi amor, el amor de Dios, es la verdad.

Mirad las obras de mis manos, lo que no es manipulado por el hombre.

Os digo que el dolor y la enfermedad y la muerte, es manipulado por el hombre, ya que vino a través de la libertad de Adán y Eva, que se unieron a Satanás.

Algunos pensáis: “¿Pero, cómo sabemos que realmente Dios nos hizo libres del dolor y la muerte? No nos basta su Palabra. Yo no le he visto nunca, así que si no le he visto no lo creo. ¿Pero no peco por creer en algo que no he visto?”

A ti, te digo Yo, Dios: ¿Has visto tú, la unión de tu padre con tu madre?  No la has visto, y en cambio, vives por esta unión.

Crees en ella, por saber que así acontece toda vida.

Pero tú, no has visto la unión de tus padres.

Cree, hijo mío, cree que Yo, Dios, no dispuse de la muerte ni el dolor. Y si no crees, lo vivirás igual en la Eternidad.

Pero vivirás sin dolor, por tu fe, en el Cielo, o vivirás con dolor, por tu incredulidad, en el Infierno.

Mas no dudes, ¡vivirás!, o una cosa, o la otra; es lo que vivirás eternamente: el Cielo o el Infierno; creas o no, lo vivirás, hijo mío, hija mía.

Y la justicia de Dios, se cumple y se cumplirá, como se cumplirá el enfrentamiento entre el bien y el mal, por esta misma justicia.

Mi santa y única Iglesia, tiene, debe, estar unida, y los sacerdotes de Ella, deben darme justicia; hasta que no veáis esto, habrá enfrentamiento, para llegar a la plenitud de la Era que ha comenzado.

Es de justicia, que el mal quede exterminado.

Y para exterminarlo, habrá dolor, ya que el dolor llegó al mundo, por la unión de mis hijos al mal.

Adán y Eva se unieron a Satanás, como ahora, algunos hijos de mi Iglesia, se le siguen uniendo.

Los hijos que no me amáis, ni deseáis mi amor, hablo de los hijos de mi Santa Iglesia Católica,  lloraréis y sufriréis, como los hijos que no están en mi Única Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, y no me aman.

Vienen tiempos de dolor intenso y profundo.

Mas, los hijos que me amáis, no temáis, mi Cielo os espera, y en él, la feliz Unidad Eterna.

Habrá guerras y hambres, y todo lo creado temblará.

Pero los que me amáis, no sufriréis, ya que mi amor os acariciará el dolor, y viviendo bajo la protección de mis sacramentos, todo dolor será soportable, aunque el enemigo os atormente. Vuestra humildad, de aceptar por mi amor lo que os sobrevenga, os mantendrá en mi paz.

Los hijos, tan amados, que cumplís con mis diez mandamientos y los cinco de mi Santa Iglesia y usáis de mis sacramentos; el dolor es para vosotros, la cruz de amar a Dios.

Y os digo: ¡No temáis! Rezad.

Uníos a María, a mi Iglesia Católica, y cumplid mi justicia, la justicia de obrar libremente como fieles hijos que sois de Mí, de Dios.

No os dejéis engañar por la mayoría. Si la mayoría no obedece mis mandatos, es falsa doctrina.

Sólo hay una verdad, y está en la boca del Santo Padre, el que os anuncia y, como Yo, Dios, os dice: ¡No tengáis miedo!

Existe la vida eterna en el Cielo.

Y Yo, Dios, os amo, os amo, y os lo demuestro.

Os lo he dicho en estos escritos, que mi linda hija, Primavera, os da a conocer.

Y os lo seguiré diciendo.

A través de ella, veis mi amor, ya que este es el deseo de Dios en Unidad: Que sepáis de mi amor, del amor de María, del amor del Santo Padre, de mi Iglesia de Dios, la Católica, Apostólica y Romana, vuestra Iglesia. ¡Acudid a Ella! Yo, Dios, estoy allí, y María está Conmigo. ¡Venid!