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Revelaciones 22

Lunes, 9 de octubre de 1995… rezo… (11:05) a (12:14)

 

Yo.- Amado, ¡agárrame fuerte y no me sueltes! ¿Por qué me has dejado sola estos días pasados? Me he portado mal y te pido perdón.

+ No me pediste ayuda hija mía. 

Yo.- Oh, claro… estaba tan enfadada y fuera de mí, que me olvidé de Ti; sólo tenía en la mente todas las cosas negativas de mi amado esposo, ¡qué mala soy! ¡Qué mala! ¿Cómo puedes amarme, Dios mío? (y lloro) 

+ Así, humilde, es como te quiero, amada, mi amada niña. Coge mi mano; ahora que la buscas, la tienes.

Si permití esos días de desasosiego, tanto para ti, pequeña, como para mi amado hijo Fuerza, es para que no os envanezcáis por las gracias que os doy a los dos y a toda la familia, y para que me seáis muy humildes y agradecidos, ya que sin Mí, estaríais perdidos. 

Yo.- Oh Dios mío ¡Dios mío! Cuánta razón tienes. Cuán vacío está todo, si Tú no das tu gracia. ¡No nos la quites nunca más! 

+ (- Sonríe muy contento) Me gusta tu forma de pedir las cosas Primavera, amada. Pareces una niña, y Yo ya dije que para entrar en el Reino de los Cielos, mi Casa, teníais que volveros como niños. 

Yo.- ¡Yo quiero ser una niña, y si es preciso un bebé! Yo quiero que Mamá me cuide y ni un instante deje de estar pendiente de mí. 

* Hija bonita, (- sonríe y está muy guapa) aquí me tienes, Primavera: Yo te peinaré y lavaré tu rostro, estaré pendiente de ti de día y de noche; te cantaré canciones que te llenarán de paz, y tú me darás tu vida; ¿me la das? 

Yo.- Oh, ¡claro que sí que te la doy Mamá! Oh, si tú hubieras sido mi madre de verdad… (Y lloro) 

* Soy tu Madre de verdad, soy la Madre de todos los hombres. Y si acudís a Mí, siempre me hallaréis dispuesta para consolaros, cuidaros y llevaros a mi Hijo, ¿queréis venir? 

Yo.- ¡Yo sí! ¡¡Yo sí!! Quiero venir contigo y quiero que todo el mundo quiera venir. Oh, id a Mamá, ¡id a Mamá! Se está tan bien con Ella, sus besos son los más dulces. ¡Bésame mucho, Mamita, bonita, preciosa, linda, Primavera! 

* (- Sonríe) Eres un torrente de amor, Primavera, hija mía. Si eres fiel a Dios, harás maravillas con y por Él. 

Yo.- ¡Lo que Tú quieras, Mamá! ¡Haré lo que Tú quieras! 

* (- Ríe) Quiero que ames y no tengas miedo de tus semejantes. 

Yo.- ¿Cómo sabes que tengo miedo? 

* (- Sonríe) ¿No soy la Madre de Dios? Pero no tienes que temer; ellos esperan tu amor y tu ejemplo. 

Yo.- Estoy avergonzada, estos días pasados me he portado mal con mi esposo. Yo quiero ser buena, pero necesito de una Madre que esté constantemente pendiente de mí. (Mamá y Jesús se ríen los dos)

Me gustaría veros mientras os dais un beso.

(Y, oh dicha jamás vista, Jesús se acerca a Mamá, le pasa un brazo por los hombros y, con la otra mano en su cintura, la acerca a Sí. (Lloro, lloro de gran emoción) Y, ¡qué beso más dulce el de Jesús a Mamá! Y luego Mamá, sonriendo feliz y contenta, besa a su Hijo; y Jesús la ha levantado un poquito, y Ella no tiene los pies en el suelo.)

¡Eso es amor! Nunca había visto el amor. Qué tontería llamar amor a las caricias humanas. Yo sí que he visto el amor.

(Se están riendo, se aman tanto…)

Quiero decir a quién me lea, que ¡se aman! ¡Se aman tanto, la Virgen Santísima y Dios Hijo!, que he comprendido por qué el mundo sólo puede salvarse a través de Ellos, porque su amor, es amor. No sé cómo explicarlo, pero el amor que he visto en el mundo no tiene comparación con el amor de Mamá y su Hijo Dios. No sé si me comprendéis, pero me gustaría tanto que lo comprendierais. Dios mío, hazlo comprender. 

+ Primavera, sólo el Espíritu de Dios podría decirte que nos pidieras que Mamá y Yo nos besáramos, ya que con eso has visto la unidad de mi Madre Conmigo.

Quien me ama a Mí, ama a mi Madre, y quién ama a mi Madre, me ama a Mí. Como quien ama a la Iglesia, ama al Santo Padre, y quien ama al Santo Padre, ama a la Iglesia.

Felices los que (- Señor Dios, ha venido a verme mi hijo Justicia y he tenido que estar por él, te suplico que tu Espíritu continúe con lo que me decías) entienden esa unidad, tienen el Cielo asegurado y en Él su Hogar.

¡No dejéis solo al Santo Padre! ¡Uníos a él! Obedecedle, amadle, y Yo Dios todopoderoso, os llenaré de dones.

Amaos, hijos amados; no olvidéis que sois mi Iglesia, la amante del Esposo, que os cuido. Pero tenéis que poner de vuestra parte, vuestro amor y obediencia a mi Pastor en la tierra, el Papa. Escuchad su voz clara, que no miente y que es mi santa voluntad.

Estad pendientes de cumplir los diez mandamientos, ¡todos!, y Yo os doy mi Amor, que es fuego suave que calienta vuestro corazón, y no sentiréis jamás el frío de la maldad del mundo.

Sedme fieles, que Yo soy fiel a todos.

Os amo, ¡os amo tanto, hijos míos! Daos unos a los otros la mano, y ayudaos a andar en unidad. Así, unidos al Santo Padre, pasaréis al Nuevo Mundo, mundo lleno de bien, de amor y dicha.

Uníos, Iglesia amada, uníos en santidad, y gozaréis del Nuevo Mundo. ¡Mi Madre os espera!; lleva sus mejores galas, y Dios Padre le cede el Trono, y reinará Conmigo por los siglos de los siglos.

¡Venid, hijos míos! ¡Venid todos juntos, con el Santo Padre a la cabeza, al Nuevo Mundo, donde no hay cabida a la tristeza, ya por siempre jamás, todos juntos! ¡Venid! ¡Venid!