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Revelaciones 20

Lunes, 29 de Abril de 1.996  Rezo…      13:05 h.

Yo.- Amado y buen Dios, hoy vienen a comer Frabe y Jumperdisco. ¿Di?

+ Amada Frabe: ¡Cuánto te ama Dios y tu Virgencita! Eres buena, amada hija, linda. ¡Eres preciosa! Y te doy mi bendición, y te dice tu Dios: Si deseas pedirme algo, hazlo a través de mis amados instrumentos, Fuerza y Primavera, ellos están al servicio de Dios y de Santa María.

Oh Jumperdisco, mi nena, bonita mía: tu esposo te espera aquí en el cielo; cuando vendrás, será la dicha para ti.

Sé fiel. Ve a confesarte. Me gusta que seáis humildes y os confeséis de vuestros pecados. ¡No hay nadie perfecto! Todos, todos, debéis ir a confesaros. Todos hacéis pecados y faltas, pero Yo, Dios, sabiendo eso, morí en la Cruz para redimiros de ellos, de vuestros pecados.

Amada Frabe, ¿vendrás a confesar?

Soy Yo, Dios, quien estoy viendo tu humildad.

Y es el sacerdote, quien me representa.

Pero soy Yo, Dios, quien te perdona.

Ven… ¡ven!…

Te amo Frabe, bonita. Tu Dios, tu Jesús, te ama, y María te ama; ¿nos amas tú, bonita Frabe? Si nos amas, cumple con la Iglesia Católica, y confiésate. Ten fe, ten esperanza.

Tu caridad, Frabe bonita, nos agrada, agrada a la Divina Trinidad; gracias por ocuparte de Jumperdisco, ayúdala a creer en mi Iglesia. Tú, Jumperdisco, formas parte de Ella, y eres buena ¿Ves, Jumperdisco, como los católicos son buenos? Yo, Dios, quisiera que todos fueran mejores, pero hay muchos católicos que no se han enterado de los deseos de su Dios, ¡Yo! Es lo mismo que te ocurre a ti, bonita mía, mi Jumperdisco querida; tú estás bautizada, eres católica, y no cumples y no crees en los católicos, en los sacerdotes, en los laicos. Es normal y natural que no creas, ya que tú, siendo católica, no te portas bien. No es justo que pidas ver en los demás, lo que tú, amada mía, mi linda Jumperdisco, no me das ni das.

Cuando tú cambies, con tu ejemplo a mi amor y obediencia, ayudarás a otros que, como tú, no cumplen conmigo de verdad; no son buenos católicos.

Yo, Dios, y María Santísima, conmigo, lloramos, lloramos por vuestra desesperación, que sería más llevadera, si acudierais a mi Santa y Única Iglesia, la Católica, Apostólica y Romana. Os amamos tanto, tanto, que sufrimos por vuestro sufrimiento.

¡Acércate a Mí, Jumperdisco! ¡Acércate a mi Iglesia! Yo, Dios, la dejé tras de Mí, cuando Jesús, el Cristo, Yo, Dios mismo, resucité y me elevé a los cielos.

¡¡No estáis solos!!

No, hijos míos, tan amados, os dejé mi Iglesia, y con ella, mis sacramentos.

Los sacramentos existen para ayudaros.

Oh, amados hijos de Dios, cuando os bautizáis, os hacéis herederos de mi Reino Celestial, y viene a vosotros el Espíritu de Dios, Dios mismo, Dios Espíritu Santo, y ya no estáis solos; Yo, Dios, estoy siempre con vosotros. Y cuando confesáis, os consuelo de vuestra imperfección, limitación, y las penas de los que os hacen sufrir. Os  da el sacerdote en mi nombre, la paz, y os limpia del pecado que os da la tristeza de ser imperfectos; y podéis volver a empezar, sabiendo que, por la confesión, os apartáis del camino del Infierno, del desconsuelo eterno.

¿No os basta sufrir en vida, que deseéis sufrir también eternamente en el infierno?

¡Confesaos!

¡Id a confesaros!

Y luego, venid, venid a comulgar. Yo, Dios mismo, estoy en cada Hostia.

¡¡Soy, Yo, Dios, Jesús, quién estoy en la comunión!!

Y cuando me comes, Yo, Dios, entro dentro de ti y te abrazo fuerte y cariñoso, y te digo lo mucho que te amo.

Y es que te amo. Oh, Jumperdisco, ve a confesar y ven a comulgar, y te diré en el corazón, mis amoríos contigo, amada mía.

Pero si no haces una buena confesión, si cuando comulgas no has confesado o estás en pecado, Yo, Dios, aunque te hablo, no me oyes, ¡no me oyes!, ya que si me oyeras, te confesarías antes de venir a comulgar.

Yo, soy Dios, y no puedo vivir con el pecado.

Donde hay pecado, no está Dios.

Yo vivo en la conciencia limpia.

Visito el amor de mis hijos.

Y si mis hijos me amáis, os confesáis, ya que sabéis que Yo, Dios, deseo cumpláis con mis mandamientos y los de mi Iglesia. Y en mis mandatos, en los mandatos de Dios, está el que deseo uséis de los sacramentos, ya que los sacramentos están para ayudaros, y Yo, Dios, deseo ayudaros, ya que os amo de verdad, no sólo para un rato, sino para toda la vida, la terrena y la eterna.

No os quiero a ratos o a días, ¡os quiero para siempre jamás! ¿Lo comprendes amada niña, mi bonita Jumperdisco?

Compréndelo, y vivirás feliz en la tierra y en el Cielo. Yo, Dios, te deseo, ven a mi camino.