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Revelaciones 19

Domingo, 28 de abril de 1.996   Rezo…      12:55 h.

Yo.- Buen Dios ¡Jesús mío!, te pido tu Providencia para Duris y Amant, sus hijas y familiares. Hoy vienen a comer: ¿Deseas decirles algo?

+ Deseo Yo, vuestro Dios, fundirme en un abrazo con cada uno de vosotros. Os bendigo, hijos míos, Duris y Amant. Vuestro Dios os ama y os bendice. Gracias por vuestro amor y las obras del mismo. Disfrutad de este santo día; sed felices, amados míos, como Yo lo soy de veros. Os beso con todo mi amor, y mi Madre desea hablaros; poned atención, que la voz más dulce de todos los tiempos, hablará por y para vosotros:

* Hijos míos, ¡oh, hijos míos!, cuanto me habéis hecho llorar; os amo tanto, pero hoy soy feliz por vosotros; me habéis alegrado el corazón.

Vosotros, que tanto amáis a Dios, estabais dormidos a Su voz, que os pedía que le dejarais que os amase. Mas ahora, ya sabéis de Su amor y estáis contentos, pero ¿sabéis que yo, María Virgen, os amo también? Pues Yo misma os lo digo, amados hijos míos: ¡Os amo! Santa María os lleva prendidos de mi corazón; ¡no os dejaré jamás! No me apartéis de vosotros, hijos míos, soy vuestra Madre, y una madre desea poder demostrar el amor a sus hijos ¿verdad? Pues Yo, María Inmaculada, voy a demostraros mi amor, ahora que sabéis del de Dios y el mío. No os decepcionaré. Soy una buena Madre.

Amada y buena Duris, cuéntales cosas de Mí a tus hijas, diles que fui una niña como ellas y que las amo mucho ¡más que tú! No te enfades, pero al estar en el Cielo y al ser la Madre de Dios; mi amor es más perfecto que el vuestro, aunque vosotros debéis esforzaros en ser más buenos cada día. ¿Verdad que lo intentáis? Yo, María, sé que sí, y esto me llena de amor y alegría.

Valió la pena mi Sí a Dios, ya que por mi sí, Dios pudo cumplir su voluntad y se hizo hombre, y habitó en la tierra y fue feliz en ella, y también padeció en ella. Vosotros también sois felices y a veces también padecéis. Y como Él, si cumplís la voluntad del Padre, resucitaréis a la vida eterna; y allí os reencontraréis con vuestros hijos y familiares, y será la dicha sin fin. Yo, María, vuestra Madre, os espero, y Dios, ¡Dios os anhela!

La vida es corta. El Cielo es para siempre. ¡No os engaño, hijos míos!: Existe otra vida después de ésta, es la vida de la total y auténtica alegría, y no dura 80 años, dura millones incontables de años; ¡es eterna!, es verdad, es la verdad, que hoy día se oculta, pero no por estar oculta, deja de ser verdad.

María Virgen no engaña; no sufrí para mentiros, sino para ayudaros y corredimiros, ya que soy la Madre de Dios, ¡de Jesús!, el Dios que vivió en mis entrañas, y que muchos dudan de que fuera Dios, por dejarse llevar a la muerte sin rebelarse; pero vosotros que le amáis, lo comprenderéis: ¿Verdad que cuando vuestros padres os piden algo que es bueno y justo, los obedecéis, a pesar de ser algo que a lo mejor, por propia voluntad no lo entendéis, o no lo haríais de este modo que os piden? Pues Jesús, por ser Jesús, obedeció al Padre, y por ser Dios, lo entendió, y fue maravillosa su expiación, ya que Dios, ¡Dios! permitía la muerte de su cuerpo carnal para darnos la resurrección de los muertos a la vida eterna. Ahora se entiende todo sufrimiento. Si Dios, siendo Dios, sufrió, y fue bueno su sufrimiento, es bueno nuestro sufrimiento, el de sus hijos. Yo, María, Hija de Dios. 

13:25 h.