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Revelaciones 16

… rezo…

 

+ Oh flores mías, (Yo.- cómo se sonríe Jesús). Me sonrío de vuestra hermosura interior.

Os molestó el interrogatorio de mi muy amado hijo, Trueno.

Hijo amadísimo: Mi amada hija Primavera, ha rezado por ti, tal como te dijo, y tú has rezado por ellos; ¡os amo a todos los que os amáis por mi amor!

Trueno, protege la reputación de mis instrumentos, tú que has confesado a parte de ellos, y que descubriste su forma de ser; no deseaban contestar a tus preguntas, pero por creer que en verdad tú, amado hijo Trueno, me representabas, te iban contestando con la verdad, pero sin llegar a hablar de la intimidad que tienen conmigo y con Mamá.

Has visto cómo son. Sé justo con mi justicia, y no diga nadie mentiras sobre mis fieles instrumentos; lo sentencio Yo, Dios.

Patriarca Fuerza, deseo que hoy vayas a entregar mis Escritos, todos mis Escritos, al sacerdote Trueno. Ya sé que no le conoces, que no le conocéis, pero es el deseo de vuestro Dios. Obedeced.

Yo, Dios, sé por qué te lo pido. Y deseo, amadas flores, que sigáis asistiendo a los retiros; Yo, Dios, os lo pido y deseo me obedezcáis con fidelidad, aunque no entendáis el por qué, y continuéis yendo a confesaros con mi sacerdote Trueno. ¡No protestéis! Yo, Dios, lo deseo, y si es mi deseo, es mi santa voluntad. (Yo.- Y se ríe con infinita paciencia).

Fuerza, amado patriarca, le adjuntas una nota, a mi amado hijo Trueno, y le dices que eres el esposo de la señora que, el jueves pasado, el día del retiro en (x), fue junto con sus dos hijas a confesar con él, y que le bendijo el bebé que está esperando. Y le dices de mi parte, que si desea conoceros mejor, puede venir a vuestra casa, cuando guste. Invítale a comer, amado Fuerza.

Es mi deseo, el deseo de Dios, que os conozcan; Yo sé por qué lo digo. Yo, Dios, lo veo y lo sé todo.

¡Os amo!

Fuerza, hijo mío, llama a mi amado hijo Amarim, e interésate por su salud, e invítale a comer. Yo, Dios, te lo pido.

No deseo que vayáis al pueblo. Soy tu director espiritual, consulta conmigo hija mía. Aunque deseas hacer el bien, no es el momento de ir a ver a mis hijas Aliz y Romance. ¡Ya te avisaré Yo, Dios!

No actúes por tu libre albedrío, por tu celo de apostolado. Repito, consulta todo, todo, con tu director espiritual que soy Yo Dios, el Dios al que todos debéis amar y obedecer.

Te hablaré de la obediencia.

Ayer, mi apóstol os dio la charla espiritual sobre ella; gracias, amado y fiel Fuerza.

La obediencia va muy unida a la humildad, y la humildad nace de mi amor, de amarme, de ver que no sois nada, e indignos incluso, de mi mismo amor, que Yo, Dios, por ese mismo amor, os doy.

La obediencia es la humildad en acción, en movimiento, la traducción en obras de vuestra humildad.

Cuanto más humildes seáis, por mi amor, más obedientes seréis, por ese mismo Amor, que soy Yo.

La obediencia no pregunta, responde con sus hechos.

La obediencia es alegre, ya que se ejecuta por amor a Mí, aunque no entendáis el fin de los hechos ejecutados por obedecerme.

Pero Yo, Dios, os afirmo que todos, todos mis fines, son para demostraros mi amor.

Y, ¿cómo es el amor de vuestro Dios? Mi amor es daros la felicidad, y la felicidad es el bien, el bien verdadero, el que os libra de la esclavitud de la mentira, del engaño.

¡Obedeced en cumplir mis mandamientos, todos y cada uno de ellos, los que Yo, Dios, os di, y los de mi Santa Iglesia Católica!

Y por vuestra obediencia pronta, fiel y gozosa, seréis felices.

Sí, hijos míos, mi fin es la felicidad.

Obedeced, cumplid, y la felicidad de Dios estará en ti y en tu alrededor.

Muchos os complicáis la vida, amados hijos míos, pensando en cómo agradarme y servirme, y es lo más sencillo de saber.

Seáis quienes seáis, estéis donde estéis, ¡cumplid con mis mandamientos!

Se puede hacer.

Lo podéis hacer.

Dios no miente, no puedo mentir, y os afirmo, os sentencio:

Se pueden cumplir.

Tenéis que cumplirlos.

Y si os desviáis por vuestra imperfección, acudid al confesonario, que allí estoy Yo, y venid a Mí en la Comunión; y Yo, Dios, os abrazo, os susurro mis amores para contigo, sí, contigo, hijo mío, hija mía.

Y llevando tú, tu cruz, y Yo, el peso de ella, me obedeces y retornas a cumplir mis mandamientos, con la humildad de saber que sin Mí, sin Dios, no puedes nada, pero conmigo, lo podemos todo.

Tú, obedece mi Espíritu.

Por tu gracia de estar en gracia, te envuelve, y consigues lo inconseguible por ti solo, sola:

Perfeccionarte,

santificarte y

glorificarme.

Te amo.

Yo, Dios Hijo, obedecí por amor a mi Padre, hasta la muerte.

Tú, amado, amada, por mi amor, obedéceme siempre, hasta llegar a la Vida, la Vida eterna en el Cielo, conmigo y con María santísima.

Yo te pido, con y por mi amor, tu obediencia.

Ya sabes, hijo, hija, ¡a cumplir mis mandamientos!, y te doy mi felicidad. ¡Lo sello!

Invita a comer a tu casa, amado Fuerza, a mi hija (x) y su hermana (x). Le consultas lo que te dije, y no les das mis Escritos; ya los leerán a través de otros hijos míos. Obedece a tu Dios.

Amado Fuerza, con mi hijo Yimossu, le felicitas por su boda y rezas por él: Ofréceme el sacrificio de una Misa, que tiene un valor infinito, para que con su matrimonio, glorifique a su Dios, Yo.

Yo.- Amado Dios, ¿qué deseas decirme de Marcilla?

+ Reafirmo lo que te dije con mi voz, en tu interior, con la voz de Dios.

Deseo que Bondad le hable de Mí, y que lo invite a ir a un retiro de los De Belén, y le ayude a encaminarse a mi camino, el camino de Dios.

Tenéis mucho trabajo para rendirme.

Hay almas sedientas de que alguien les cuente por primera vez, que Yo, Dios, las amo, amo a cada una de ellas, y que deseo su amor para darles lo mejor, mis Gracias, los Frutos de mi Espíritu, que ni saben que existe.

Bondad, apóstol mío, al igual que tu padre, deseo que me sirvas, rindiendo con tu voz y tus obras a la fe en Mí, a mis hijos, a tantos hijos míos que no me conocen.

Son jóvenes como tú, pero que no han tenido tu Providencia, ya que por la libertad de sus padres, no saben de mi existencia, y si tienen una ligera idea, es vana e incompleta.

No os pido que forméis ningún grupo más, al grupo que compone mi Iglesia Católica.

Yo, Dios, he medido, pesado y observado mi Labor, mi Labor inspirada en el beato Ris, de De Belén, y me plazco y me deleito en ella; y como mi amado apóstol Fuerza, la conoce y la ama, me agrada que acerquéis hijos a ella, a través de vuestras gracias, gracias que os di al imponer las manos, mi hija Dol, en vuestras cabezas; y vine Yo, Dios, junto con Dios Trino, y aceptamos vuestra consagración.

Arrimad al calor de mi fiel apostolado, el De Belén, a los hijos descarriados que encontréis.

Vosotros sois míos, de Dios: soy vuestro único y supremo Director Espiritual, por eso no podéis agruparos a nadie, pero repito, deseo que acudáis a los retiros espirituales que imparten los sacerdotes de mi Labor, los De Belén, y que los hijos, las hijas, que me reconciliéis, los acerquéis al calor de su amoroso y fiel amor a mí, a Dios.

¡Es mi sentencia!

Sentencia dictada en la verdad.

Amo a todos los grupos de que está compuesta mi Santa Iglesia. ¡Os amo a la totalidad de todos, hijos míos! ¡Quede escrito! ¡Lo sello, Yo, Dios!