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Revelaciones 12

Viernes, 22 de septiembre de 1995 (17:00) 

 

Yo.- (Estoy contenta porque hoy no me pide Dios que escriba nada, y eso a mi entender, es una muestra de que lo que escribí antes, es de Dios.

Y aquí estoy, en cama y mucho mejor de la gripe. Quiero decir, que tengo tiempo para escribir, si es que yo quisiera por voluntad propia. Si yo me lo imaginara, ¿por qué no me imagino nada hoy, ahora?

Me ha llamado esta mañana el muy amado sacerdote Xifón, y le he dicho que el martes iremos a verlo. Tiene muchas preguntas que hacerme. Yo pienso contestarle todas, pero las que no sepa, como por ejemplo (me lo ha preguntado hoy): “¿Qué es lo que debe decir al Santo Padre?”. ¿¡Y yo, qué sé!? Si no lo sabe él, estamos apañados, ya que no tengo ni la más remota idea de muchas cosas, como por ejemplo, (que también me lo ha preguntado): “¿A quién debe dejar leer esto?”. ¿¡Y yo, qué sé!? Supongo que él debe saberlo; tiene que saberlo. Si no será el caos, ya que yo no sé nada de nada, y por algo Dios me ha enviado a él. Digo yo, si voy a tener más problemas que antes, no sé para qué sirve un director espiritual.)