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Revelaciones 12

Rezo…

+ Amados míos, no hay nada como la oración.

¡Cuántos milagros os doy Yo, Dios, por la oración de vuestra mente y corazón!

Podéis susurrarla, podéis guardarla escondida en lo más profundo de vuestro interior, o gritarla a los cuatro vientos. ¡Da igual! Lo verdaderamente necesario, es que oréis, ¡recéis!, me améis con la voz, con el pensamiento y la acción.

¡Cuántos no sabéis orar!, y esto hay que remediar.

Anota, amada y fiel alma de oración continua, mi bendita niña, perdida en la fe, mi fantástica Primavera. Te has detenido unos instantes, al oír que te llamaba fantástica (y ríe Jesús contento y alegre).Y puedo estarlo, y lo estoy, porque soy un Dios que doy regalos a quien, a través de la santa oración, me lo pide. Y tú, ¿pides?

Anota, Primavera, enseña a pedir con fe, los milagros que son regalos de amor.

Yo, Dios, estoy loco de amor por ti, y te voy a regalar todo, todo lo necesario para tu santidad.

Y para que seas santo, necesitas de fe, y para alimento de ella, de tu fe, Yo, Dios, te enseño a rezarme, para que creyendo, recibas mis regalos, mis milagros, y entonces te nutras de fe, y con tu fe enorme, me ames más y más, y con tu amor, me des a los demás, me obres con perfección y te santifiques con toda intención.

Apunta, niña de Dios, mía:

.Oración para casarse:

+ Todos, todas, que estén en gracia y deseen encontrar marido o mujer, el esposo, la esposa, por Dios elegido.

+ “Como María y José, así deseo enamorarme y casarme; sirviendo con nuestro santo matrimonio y el fruto de éste, que son los hijos, a Dios, Uno y Trino. Y, con amor a Él, acudo.

Oh Dios, pon en mi camino al amor, y sea su rostro, y sea su alma, la compañía sacramental, por Ti, Dios mío, deseada. Amén, amén, amén.”

+ Y no os preocupéis, hijos míos. Yo, Dios Padre, providencialmente, me ocuparé de complaceros. ¡Lo sello!

Rezadla cada mañana.

Mujeres:

Sed buenas, discretas, femeninas, educadas, sociables, sacrificadas. 
Haced pequeños servicios a vuestros semejantes, sobre todo a los padres, hermanos, abuelos, tíos, primos, sobrinos, amigos, compañeros-as, vecinos.

A todos los que os atiendan, dadles las gracias con una sonrisa.

Sed cariñosas con los niños, los ancianos, los enfermos; tened detalles con ellos.

Respetad a todos los hombres, y no deis confianzas a los varones.

Con las mujeres, sed simpáticas, y discretas con vuestras intimidades y proyectos. En cambio, hablad con ellas, con bondad, con dulzura, sin protagonismo. Y escuchad siempre todo lo que deseen deciros; lo meditáis, me rezáis: “Jesús ayúdame”, y contestad a todo, aplicando siempre el respeto a la libertad, al bien, a la bondad.

Y Yo, Dios, evangelizaré a través de vosotras.

¡No sigáis la moda!, ni en el vestir, ni en el horario para ir a dormir, ni en la forma tosca de hablar, ni en las distracciones, ocupaciones o aficiones, que no sean para tu santidad.

Y espera, espera, y Yo, Dios, te daré el hombre que será tu santa pareja.

Hombres:

Como las mujeres, sed buenos con todos.

Pero a ellas, no las tratéis con familiaridades, antes bien, respetadlas y tratadlas como a damas, tengan la edad que tengan, ya sean niñas o abuelas.

Las estudias, las analizas, y rezas por ellas.

Y la que sea santa y te agrade, y sientas por ella, tu corazón latir con alegría, alegría, digo, Yo, Dios, y no pasión física, ésa puede que sea mi elegida por ti, hijo mío, amadísimo.

Te informas de ella, y si puede ser, te haces amigo de algún familiar suyo, y tratándolo a él, te irás dando cuenta, si te podrá satisfacer ella como persona, ya que las familias tienen todas un mismo sello, por su convivencia y su mutuo ejemplo.

Y luego, tras mucha meditación, y pasado el tiempo, te acercas a la interesada y le pides una salida a la luz del día.

Me la tratas con amistad.

Y le cuentas lo que le darás a la que sea tu mujer: 
Tu trabajo, un hogar, unos hijos que cuidar, un futuro a compartir, para alcanzar la felicidad en la santidad conyugal, la fidelidad, el amor, el respeto, el cariño, tu cuidado y el sustento.

Y luego escuchas sus deseos, los meditas, y si son complementados a los tuyos, es señal que es mi santa elegida para ti.

.Oración para los que estéis enamorados:

“Oh María, Madre mía y de Dios, Tú que estuviste enamorada de san José, Tú que, por Dios, no temiste perder el amor romántico del amado, enséñame a amar y estar enamorado-a, y a la vez, vivir todo-a yo, por Dios.

Y Él, como a Ti te concedió, que me conceda a mí también, tener en la tierra la salud temporal de amar y sentir en mí, el amor del amado-a, y casarnos y formar un hogar cristiano, con amor, alegría, buen humor, trabajo,
y la dicha infinita de compartir, muchas horas al día, al lado de mi amado-a.

Y que, estando juntos, no nos falte nada de lo que se precisa en el tiempo actual, para que haya paz en el noviazgo y en el matrimonio.

Que nos respetemos y, a la vez, nos deseemos.

Que no nos consuma el sexo, y que no pase mucho tiempo de noviazgo.

Que llegue la oportunidad de casarnos pronto, y formar un hogar al lado, cerca, de los que amamos, y sean los más santos, para que así, nosotros los ayudemos, y ellos a nosotros, con nuestros mutuos ejemplos. 

Madre, que no sea un espejismo mi amor, sino que sea el verdadero, el que tú compartías con san José, ni más ni menos; concédemelo. Amén.”

+ Reza, y vive y escucha la voz y los consejos de tus padres, y no te enfades, si no son de tu agrado. Piensa que hay que ir despacio y, a la vez, disfrutar con serenidad y alegría del noviazgo. Si rezas la oración que Yo, Dios, te he dado, serás un buen enamorado, enamorada, y tendrás amor, y llegará el matrimonio para los dos. Amén.

. Oración para los esposos:

+“Que el amor conyugal, sea amor visible en todo momento y ocasión. Que santa María y san José, intervengan e influyan en nuestras vidas; todo sea amor, por amor al Dios, Uno y Trino. Concédenos, Dios mío: paciencia y cariño, comprensión y obras de bondad, servicio, cuidados, ojos para mirarnos y palabras para respetarnos, y todo para su santidad y mi santidad, todo por amor.”

+ Y Yo, Dios, os concedo mi amor, que hará realidad al vuestro, y larguísima vida sin enfermedades, si me dais todos los hijos que Yo, Dios, quiera daros. Amén.

Esposas: Al esposo: adoradle, halagadle, respetadle, sedle fiel, pensando sólo en él, y tratadlo con mucho cariño, hablándole con dulzura, y respaldándole todo, con alegría; confiando en su persona, en su trabajo, en su ayuda, amor y fidelidad, haciendo de vuestro hogar, su reino, y que él sea el rey verdadero. 
Y cuando no sepas qué decir, calla mujer, y que sea tu cuidada presencia física, la que le sojuzgue el alma, enamorada de ti, por ser su mujer, suya.

Maridos: A la esposa hay que amarla sobre todas las otras cosas, aparte de Mí, Dios, que ya sabes que soy, en ti y en ella, el primero; el que, amándome más a Mí, que a ella y a ti, te protejo y hago de vuestro amor y matrimonio la felicidad que se asemeja a la del Cielo.

Cuida a tu mujer con tu trabajo, sea cual sea.

Y ten mucha paciencia con ella; la sola paciencia que con ella tengas, te garantiza la felicidad y la dicha.

Y escúchala, déjala hablar; aunque cambie de opinión varias veces, tú, la escuchas pacientemente, y ella se enamorará de ti locamente.

Y luego, la amas físicamente, y la acaricias y la mimas, y le sonríes por esta gran felicidad que te da: física, íntima, espiritual y afectiva.

Y te mueves en tu hogar, como el rey bueno y misericordioso, que todos aman y respetan.

Tú mismo, hijo mío, casado, te respetas, cuidando de tu salud, de tu trabajo, de tu esposa e hijos.

Sé sabio y bueno, y dales a todos la paz, la paz que Yo, Dios, te doy, por tú vivir en mi santa gracia, y por tu ejemplo a todos los de tu casa.

. Oración para los padres:

+ “Dios mío, que ame con gran ternura y amor a todos y cada uno de mis hijo; los respete, los deje libres para hacer el bien, les dé santo ejemplo, con mis obras y palabras. ¡Que ninguno se sienta jamás inseguro, de mi amor y cariño! Que a todos, ame por igual, que los ayude en todo, con humildad, sencillez, paciencia y fe. Amén.”

+ Y Yo, Dios mismo, te lo concedo, y te doy su amor al vuestro, padres.

Padres: Con los hijos, debéis tener en cuenta, ante todo, que son tuyos, de los dos. Que no son del mundo, ni de los profesores, amigos, abuelos o tíos; ¡son tuyos!, repito, y Yo, Dios, te preguntaré por ellos, cuando mueras, y por todo lo que has hecho para su santidad:

-¿Los has bautizado?

-¿Les has dado fe en Mí, en mi Santa Iglesia?

-¿Cumplen con mis diez mandamientos y los cinco de la Iglesia Católica?

-¿Cuidas de su mente, apartando de ellos todo lo malo?

-¿Cuidas de su cuerpo, dándoles lo sano?

-¿Les das tiempo para dormir, para meditar y estudiar mis cosas: la religión, el catecismo?

-¿Los proteges del mundo lascivo, el consumismo, el hedonismo?

-¿Les das ejemplo de amor, amando a tu cónyuge, con palabras y obras?

-¿Les das ejemplo de piedad, rezando, asistiendo los domingos y fiestas de guardar a mi santa Misa, a confesar, a comulgar?

-¿Hablas en positivo de las cosas y las personas?

-¿Les enseñas a analizar, a criticar con buen sentido del humor, con verdad (aunque sean cosas malas), buscando siempre lo que podría ser, si Yo, Dios, estuviera en ello?

-¿Aprenden a dar las gracias, y a querer lo que tienen, sin tener jamás celos de los demás, más bien, alegrándose de y por ellos?

-¿Saben pedir perdón y perdonarse?

-¿Los perdonas tú?

No te enfades con ellos, con ira o resentimiento, y ten mucha paciencia; ya, la paciencia, la paz, el amor, el ejemplo y el santo diálogo, hace santos a vuestros hijos, y con vuestros sacrificios y los suyos hacéis un hogar feliz; iglesia santa.

.Oración para la madre de familia:

“Dios mío, que hoy te quiera más que ayer, y menos que mañana.

Te suplico, Padre mío, que mi felicidad sea, amar y cuidar de los míos.

Mi enamorado esposo encuentre en mí a la enamorada esposa, que está feliz de ser su mujer, de estar en sus brazos, en su cuidado.

Y cada vez que lo vea y hable con él, le sonría con cariño y escuche su voz con respeto y admiración.

Jesús, que como tú, deje que los niños se acerquen a mí, y como tú, los atienda, los escuche y les pregunte por sus cosas.

Yo, Dios mío, te los ofrezco a todos:¡Hazlos santos!

Yo te apoyo con mi voluntad y mi ejemplo.

Oh, Madre mía, Virgen Purísima, que sea como tú.

Y mi pureza de intención, inflame en todos mis hijos, el catolicismo. Y los abrace y los bese y los mire a los ojos, con inmenso e intenso cariño.

¡Son míos!, mis queridos hijos. Amén.”

+ Y Yo, Dios, te concederé la paz, el amor y la abundancia de bienes en tu hogar. Lo sello, si cumples con las palabras de esta oración maravillosa.

.Oración para el padre de familia:

+ Hijo mío, toda tu vida debe de estar pendiente de tu familia presente, pasada y futura.

Tú eres el patriarca, la ley y la sabiduría, puesta a la práctica.

Debes amar tu hogar y desear vivir en paz.

Y Yo, Dios, te doy la oración maravillosa para conseguir tu dicha, la de tu enamorada esposa y la de toda tu familia, presente, pasada y futura.

+ “Dios mío, dame visión de rey, y obediencia fiel, de súbdito.

Padre de cielos y tierra, ante todo, bendíceme con una mujer buena y discreta.

Que le guste estar en el hogar, y quiera vivir en paz.

Que sea para ella, como la fuente del agua, para el que regresa de un paseo por el desierto.

Dame, Dios Padre, un hogar para cobijar a la esposa, a los hijos que nos des, a los padres de ambos, a los hermanos de los dos, a los cónyuges de nuestros hijos, a los nietos y bisnietos, y a los sobrinos, primos y santos amigos.

Si soy capaz de cobijar en mi hogar, viviendo o sin vivir, todos en él, pero teniéndolo siempre presente, dejaré de pensar en mi propio mundo exclusivo, y tendré el mundo, para ponerlo a tus pies, Jesús mío.

Tú naciste en una cueva en Belén, dame por tu cueva, la dicha de un hogar hermoso, donde yo sea siempre el patriarca amado y respetado.

Que escuche y no sentencie nada, antes de meditarlo y llevarlo de compañero a mi almohada.

Que sonría con la sonrisa de la complacencia, de tener el control de la familia; pero que nadie se sienta jamás, por mí controlado ni manipulado, sino que se sientan felices de vivir en mi hogar, y no deseen jamás dejarlo, porque tendré, Dios mío Jesucristo, que pasarte cuentas de todo lo que pase y acontezca en mi hogar, como patriarca que soy de mi familia. Amén.”

+ Hombre, amigo, si tú tienes vocación de padre de familia, si rezas cada día esta oración, serás uno de los pocos hombres que vivirás feliz en la tierra, y con salud y larga vida.

Tu familia, al hablar y al pensar en ti, levantará una plegaria a Mí, de alegría por ti; y esta alegría que vive en ellos, es la alegría que te dará la misma salud, la felicidad terrenal y la larga vida, con un final celestial.

.Oración del hijo-a:

+ “Oh, Padre mío, Dios bueno, te doy las gracias por la vida que me has dado, a través del amor de mis padres, que tanto amo.

Te pido por ellos y por mí, para que pueda darles buen ejemplo y los ayude a unirse uno al otro, como tú, Dios mío, los uniste bajo el santo sacramento del matrimonio.

Te pido tres cosas, y las tres necesito: saber escucharles, saber dialogar con ellos, y saber aceptar y meditar sus consejos.

¡Que jamás los desprecie!, ni de palabra, obra o pensamiento.

Que tenga en mi mente y corazón, el santo recuerdo, que de su unión física de amor, nací yo.

Gracias Dios mío, y por favor, bendice a mi padre, a mi madre: ¡A los dos! Y a todos sus hijos.

Y danos la unidad de los lazos del amor, con la palabra perdón, que suene en todos. Amén.”

+ Todos los hijos, hijas, que recéis con santa devoción, diaria, esta oración fabulosa, os concederé Yo, Dios, los éxitos en todos los niveles: físicos, intelectuales, morales, espirituales, de relaciones, de estudios y exámenes, de trabajo, proyectos y progresos, y os daré también dinero para que con él, gocéis de una santa vida de familia para preparar, si es vuestra vocación, un matrimonio santo, romántico, por amor. Amén.

Creed y esperad, y mientras tanto, rezad.