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Revelaciones 11

Rezo… (12:42 h) a (13:37 h).

Yo.- Amado Dios; también nos comentaron que ya había nacido un hombre que parece ser el anticristo, y que ahora debe tener unos cuarenta años. Yo, no sé nada de esto, y te pregunto: ¿qué es el anticristo? ¿Una persona? ¿Qué pasará con él? ¿Deseas decírmelo?

+ Yo, Dios, ya te dije que podías preguntarme lo que quisieras, que te contestaría.

Y os digo que sí, que existe ya en el mundo el anticristo, pero no es un hombre, es el capitalismo, que es dirigido por el mismo Satán. Su doctrina va contra Mí, Dios, ya que no es amor, es poder, que es lo opuesto del amor, ya que amar es dar, y el poder es adquirir, poseer, robar, mandar.

Si el amor es libertad, el capitalismo es servir.

Si el amor es repartir, el capitalismo es recaudar.

Si el amor es tener misericordia, el capitalismo es egoísmo.

El anticristo no puede ser una persona, ya que es una fuente de mal, y una persona es limitada, por mucho mal que pueda hacer o haga. En cambio, la doctrina del capitalismo, al no tener físico, ni líder, da la apariencia de no desear manipular, de ser algo libre, natural, siendo la misma fuente del mal.

El mal que puede hacer una persona a otra, es limitado, pero el mal que puede hacerse uno a sí mismo, por culpa de una maléfica doctrina, es ilimitado.

Nunca se sacia el capitalismo; quieres más, siempre más y mejor.

Y aniquila el amor, ya que poseer y dar, no está en la misma línea, ya que quien da, tiene poco o le llega continuamente, mientras va dando.

Mas poseer, es guardar, y si se guarda, no se da.

El anticristo, el capitalismo, es lo que os lleva en dirección al Infierno.

Todos tenéis ocasión de luchar contra él. Nadie se escapa de querer ser dominado por el anticristo.

Ya que, como Yo, Dios, también está en vosotros, en cada uno de vosotros; es vuestra imperfección.

Es vuestro egoísmo, vuestra soberbia.

¿Qué es el egoísmo? El yo, el querer y pensar en uno mismo, sólo en uno mismo.

Es retener, no es dar. Es poseer.

Y, ¿qué es la soberbia? El deseo del yo ajeno; el deseo de desear lo de los demás; el poder de mandar a otro para que le sirva a uno, ya que por la soberbia, uno se cree grande, y cuando uno es grande, quiere eso decir que los demás son chicos, pequeñitos; y es la soberbia, el yo superlativo, quien, por el poder del anticristo, aniquila a sus semejantes, a sus iguales; los destruye por el poder de creerse superior.

No necesita líder el anticristo, ya que el líder es él mismo, y hasta que no muere él mismo, nadie le doblega, ya que es por sí mismo, que existe; por el poder de las tinieblas, que le da el egoísmo y la soberbia de creerse el dueño, el genio de la misma creación.

Y se ve con tanto poder, poder que tiene por el capital, que no teme a Dios, ¡a Mí!; y al no temer de Dios, le quita, me quita, el poder, y se lo atribuye a sí mismo.

Y si Yo, Dios, no soy nada a sus ojos, no existo; y si no existo, no puede conocerme; y si no me conoce, no puede amarme; y sin amor, sin Mí, Dios, va y está en manos del anticristo, que le da el poder temporal de sentirse un dios, tal y como le dijo Satán a Eva: “Seréis igual que Dios”.

El anticristo es ser igual que Dios, y, ¿quién puede luchar consigo mismo?

Es la astucia de Satán.

Es la gran mentira del demonio.

El anticristo está en cada uno de los hombres que practican y adoran la doctrina del capitalismo:

“Todo es mío; soy dios”.

Ése es el sentimiento de su poder, y, ¿qué o quién puede quitar tal necedad?

¡¡El Papa!! (Y lo grita).

El Papa, mi sucesor, es el único, repito, el único, que puede.

Y os preguntaréis: ¿cómo? Y os responderé: conmigo, con Dios, que estoy potencialmente en él.

Y diréis: ¿cómo es que no se ve su poder y el cambio? Y os contesto Yo, Dios: Primero tuvo que pesar la balanza, el peso justo para parar la ira del Padre. Y ya os he dicho, a través de mis Escritos por la mano de Primavera, que eso ya ha acontecido. Y hoy os he dado a saber que el nacimiento de Flos, da fecha exacta al gran cambio de la Iglesia, y tanto da que os lo creáis o no, ya que lo veréis.

Sí, hijos míos, veréis la nueva era de la Paz, que el Santo Padre, junto conmigo, os ayudará a andar.

Y son mis sacerdotes, mis obispos, quienes cambiarán primero, y ellos nos ayudarán a aniquilar al anticristo, que vive en todos los hombres, pero que muchos lo siguen.

Éstos oirán la voz del Pastor, la voz del Papa, que hablará a través de él y la unidad de mi Única Iglesia, ¡la católica! Y cuando veáis esa unidad, os daréis cuenta que Dios ama al mundo y lo dirige, y que éste ya está a punto para subir al Cielo y vivir por siempre conmigo, con Dios.

Y llegará el fin de los tiempos. Así está escrito, y así sucederá; como estaba escrito que el Mesías nacería de una Virgen, y así ocurrió.

Y así ocurrirá lo que está escrito de la era de la Paz. Y si está escrito, acontecerá como toda palabra que sale de Dios. Y lo veréis, hijos míos, todos tan amados por Dios. Lo veréis, lo comprobaréis, lo viviréis. ¡Lo sello! Está escrito, y toda escritura de Dios, es la verdad, la voluntad del Todopoderoso, puesta a la luz de los hombres. Y la luz se ve. Lo veréis, amados míos, lo veréis. (Y sonríe dulcemente con su Paz amorosa y serena).