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Revelaciones 119

… rezo… (17:53) a (18:00)

 

Yo.- ¿Cómo se puede ligar lo de la fecundidad y paternidad responsable? Mi Dios amor, di. 

+ Yo Dios, oh mi amada Primavera, soy Dios de amor, pero por el endurecimiento de vuestro corazón, del corazón de mis hijos tan amados, a los que habéis tenido la posibilidad de vivir, ya que no hablo por esos hijos míos que jamás han visto la luz del sol, y al no haberla visto, quiere decir que no han existido, los Papas, mis representantes, los representantes de Cristo en la tierra, han tenido que daros mandatos que antes no existían, y que en mi corazón, que es el corazón de Dios, y por cuanto, amor, no desearía que siguierais, sin causa muy, muy justificada. Eso cada uno se lo sabe, y no hay ningún hombre que pueda sentenciar vuestra libre conciencia, a la que Yo, vuestro Dios, juzgaré con justa verdad, y nadie más, puede o podrá hacerlo.

Pero Yo Dios, deseo me deis gloria, con vuestro amor y con vuestras obras.

Y ¿cuáles son las obras del amor matrimonial?; los hijos, vuestros hijos.

Cuando dos esposos se aman, desean vehementemente fundirse los dos en uno, y que de esa unión total de amor, haya fruto, para así poder gozarse y revivir su amor con la moneda física del precio de su dicha amorosa, que es el hijo, que inmortaliza su unión, la testifica ante los hombres y la dignifica al servicio de Dios Creador, que al unir su semilla, Yo, Dios, pongo mi Espíritu en la nueva creación del amor, de la unión entre los esposos y Dios, que vivo en los dos, y no sólo uno a uno, sino que por mi sacramento, actúo en unidad.

Por eso los dos y sus espíritus, al juntarse sacramentalmente, se juntan espiritualmente, y su fin es ser uno en dos, además de dos en uno.

Mi Espíritu, en el sacramento los une, y deseo Yo Dios, que se vean tal como son: uno en dos.

Y actúen en función a su verdad espiritual, que es la unión espiritual de los esposos.

Hay en ellos una fuerza común que los une, los atrae y los ata entre sí.

Los hijos que así viven, desean por su unidad, dar fruto físico a dicha unidad, y el fruto, son los hijos. Es el hijo, que carnalmente representa los dos espíritus de sus padres, unidos a uno por mi sacramento, por el sacramento de Dios, y Yo soy amor, y mi amor es creador, creador sin medida, como debe ser el amor auténtico de mis hijos que se han dado en santo matrimonio.

Si tenéis fe, vuestra fe es fecunda, y es entrega total a Mí, a vuestro Dios Padre, que os amo y por mi amor, os cuido.

Hay casos, pocos casos, en donde el amor fecundo de los esposos, puede ser, ante mis ojos, ante los ojos de Dios, controlado, bajo la continencia de vuestros deseos lícitos de amaros y entregaros a la dicha de uniros en una sola carne.

Pero deseo que seáis justos conmigo, con vuestro Dios, al decidir usar del precepto que los Papas os conceden para esos casos extremos.

¡Sois libres, pero pagaréis por el uso de vuestra libertad!

¡Yo Dios lo sello con mi Justicia!