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Revelaciones 116

Jueves, 30 de noviembre de 1995… rezo… (9:17) a…

 

Yo.- Siento que deseas decirme algo, amado Dios, amor. 

+ Sí, amada Primavera, mi voz va dirigida a mi, a tu hijo amado, Justicia. (Yo.- Tiene cinco años)

Justicia, (- está muy contento y feliz, Dios, y sus ojos brillan de amor y dulzura) Justicia, niño mío, niño de Dios, acércate a la imagen mía que tienes en tu casa, y que es la que soy Niño; sí, la del Jesusito, ese nombre tan cariñoso que me dais los más pequeños. Pues ve a Él, y bésame. Yo te devolveré el beso en tu corazón. ¡Felicidades! 

Yo.- (Estoy muy emocionada por sus palabras y por acordarse de mi pequeño hijo Justicia). 

+ ¡Que los niños se acerquen a Mí!

Gracias, muchas gracias, Fuerza y Primavera, por cumplir tan fielmente vuestro santo deber de darme a conocer a vuestros hijos, desde el mismo momento de nacer, e incluso antes.

Cuando los padres me aman, tienen mi Espíritu y lo saborean, y Yo les doy mis gracias.

Y, todas las madres gestantes que me aman, al tener mi Espíritu en acción, por vuestra voluntad de aceptar mi amor, Yo actúo en vosotras y en el espíritu del ser que lleváis en vuestras amadas entrañas, y actúo también en él, por vuestro amor. Oh madres buenas y fieles a Dios, ¡os amo hijas mías de mi sangrante y enamorado corazón! Yo Dios os bendigo a vosotras y a vuestros hijos, por la gracia de vuestro amor.

Amada Primavera, amado Fuerza, quiero y deseo Yo Dios, me lo consultéis todo; soy vuestro director espiritual, y deseo me tratéis como tal.

Id a ver a mi amada hija Lourdes, y tú, Primavera, amada mía, tócale con tus manos; y mi amor y mi paz, estarán con ella. Y tú, amado hijo Fuerza, háblale de mi amor, de mi Cielo y de la felicidad que tendrá cuando traspase el velo de la muerte. ¡Id muy, muy pronto, hijos míos!

Mi apóstol Fuerza, dale mis Escritos, todos, hasta hoy, ahora mismo, a mi amado hijo Rio. Si no le ves, déjale en un sobre, mis santas palabras.

Yo Dios, el Dios justo, se llena de ira cuando sus hijos endurecen su corazón, y no cumplen libremente con su deber:

¡Cumplid vuestros deberes naturales, oh hijos de Dios!

¡No se puede ir contra la misma naturaleza, sin temer el castigo de su desobediencia!

La naturaleza es perfecta, fue creada por Mí, y cuando vais libremente contra ella, oh hijos míos, ella se rebela, y por mi poder, el poder cósmico que Yo Dios le he dado, hace justicia, la justa justicia de la naturaleza, que es implacable, justa e inapelable. ¡Vigilad, hijitos míos! Yo, vuestro Dios, os perdono siempre, pero, aunque recibís mi total perdón, si habéis pecado contra Mí yendo en contra ella, la naturaleza, tendréis que pagar la deuda de haber actuado contra la fuerza cósmica de ella, y haber roto o fisurado su natural inclinación.

Los animales, las plantas, los minerales, jamás van contra ella, ya que me glorifican a Mí, a Dios, irracionalmente.

Pero vuestra libre libertad de decidir, os hace jueces de vosotros mismos, y si no actuáis con una libertad justa, pagaréis justamente vuestras faltas.

¡Amadme, hijos de Dios, míos! Amadme y os daré mis gracias, y ellas os conducirán, libremente, por la justicia de glorificarme a Mí, ¡a vuestro Dios Creador! Y al glorificarme libremente, actuaréis con justicia, siempre, y seréis justos con la naturaleza, que está en vosotros mismos, en vuestros semejantes, y en todo lo creado.

Oh amados míos, sed justamente libres: ¡Glorificad, con vuestra persona toda, a Dios, a Mí, por justa justicia natural! ¡Sed benditos de Dios!