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Revelaciones 115

… rezo… (22:40) a (23:11)

 

Yo.- Mi amor, como sabes, Fuerza ha estado hablando con Fila, y éste último ha decidido libremente que no desea hacer nada de lo que Tú le dices. 

+ Lo sabía; y no lo hará, pero verá el milagro que Yo, Dios, derramaré por mi voluntad, a su familia; milagro en que le incluyo a él; ¡nadie puede nada, contra el poder y la Voluntad de Dios!

Y cuando lo vea, mi amado hijo Fila, llorará en el interior de su amargado corazón, y esas lágrimas internas, regarán la sequedad de su triste corazón, que no cree en el mundo, en las gentes, y en desinterés humano, al actuar con sus semejantes.

Tus palabras, oh mi amigo y amado Fuerza, le han tocado un tanto el corazón, y ha nacido en él, un poco de esperanza. Luego le vendrá la fe, y Yo le rodearé con mi amor y le daré la felicidad. Todo tiene su tiempo y su hora, en la vida de los hombres, y ahora le toca a él, a mi amado hijo Fila, mi bendito, al que amo con locura, con delirio, con el delirio de un Dios amor.

¡Te daré la felicidad, Fila! Yo, tu Dios, que tanto te amo, tengo un día para ti, en que verás que vale la pena vivir y amarme y servirme a Mí. ¡Lo verás, amado hijo mío!

Fuerza, hijo mío, no olvides que hace tiempo te pedí que te ocuparas con preferencia de mi amado hijo Amarim. Hoy, ahora, Yo, tu Dios, al que tanto amas y que tanto te amo, te lo recuerdo:

¡Tienes mi poder en tu voz! ¡Utilízalo! Rendirás almas para tu Dios, para tu Amigo íntimo, tu Hermano, Jesucristo.

Ten fe, tú solo puedes hacerlo, ya que no estás solo; mi Espíritu, que es Santo, está contigo, y actúo y actuaré a través de ti, patriarca Fuerza. Acude a mi hijo amado: ¡ve a él!, no pierdas tiempo; te necesita ahora, y háblale de mi amor, que le ama tanto y le desea tanto.

Añádele eso que te digo hoy, a lo que te pedí que le dijeras; y lo rendirás a Mí, al Dios de amor, que por amor, derramé mi sangre, toda ella, hasta la última gota, para ti, y para cada uno de mis hijos: ¡para cada uno de todos mis hijos! ¡No lo olvidéis!, tenedlo presente y veréis algo de la locura de vuestro Dios.

Os amo, hijos míos, os amo con amor, sin egoísmo, con el amor de desear ansiosamente poder dároslo; ¿lo aceptas, hijo mío, hija mía?

Dime, ¿lo quieres?

¡Te lo doy siempre!

Si ahora me dices no, Yo no me voy, Yo Dios, tu Dios, tu Dios que te ama tanto, sigo esperando, aquí mismo, junto y dentro de ti, amado hijo, amada hija; y espero y espero.

Puedes cambiar de opinión, que Yo me alegro, y sin rencor, te doy al momento, mi amor, ese amor que es para ti, sí, para ti.

Dime que sí, que lo quieres ahora.

Aunque ayer me dijiste que no, Yo no lo tengo en cuenta; me hace feliz, enormemente feliz, que ahora me digas que sí, que deseas mi amor; te lo doy, ¡es tuyo!, mi amor es para ti, sí, hijo mío, hija mía, ¡es para ti!, dime ahora que sí; sí.