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Revelaciones 9

Jueves, 21 de septiembre de 1995… rezo… (12:22) a (13:02)

 

Yo.- (Estaba releyendo el libro de Dol, y leía unas palabras de ella que explicaban cómo Mamá agarraba los pies de Jesús en el madero y, que los hilitos de sangre bajaban. Yo me he puesto a llorar muy desconsoladamente, y repetía con suma y penetrante tristeza de alma:)

Yo.- Mamá, no llores, Mamá, no llores, Mamá, no llores. (Y yo lloraba, lloraba). Jesús, no dejes que Mamá llore; yo lloraré por Ella, pero que no llore Mamá, por favor, no soporto verla sufrir tanto. Mamá, Mamita bonita, no me llores, no me llores. Si Tú lloras, yo lloraré toda mi vida. (Mamá ha sonreído tan, tan dulcemente, que incluso los ángeles que están a su alrededor se han puesto contentos).

* Hija amada, me amas, me amas tanto, que por ti dejo de llorar. No quiero que tengas tanta pena en tu corazón, tus hijos deben verte contenta. No sabes cuánto te amo, Primavera. Llevas mi Nombre y el de mi amado esposo; rézale también a él; está muy solo, hay pocas almas que le recuerdan, y él los ama tanto como Yo.

Primavera, mi niña, (- me siento tan bien, oyéndome llamar “mi niña”, por la dulce voz de Mamá. Cuando Ella habla, los ángeles se inclinan.), os amo a todos los de esta familia, pero mi amado hijo Fuerza, es predilecto, ya que él os llevó a Mí, y no lo olvido.

Fuerza, hijo mío, soy tu Madre, a la que tú tanto amas, y quiero pedirte que llames a tu esposa por el nombre de Primavera, y en recuerdo de mi esposo, que tan olvidado está. Por el sólo hecho de hacer eso, mi esposo, José, os bendecirá. (- Yo no sé si un santo puede bendecir, o sólo es Dios, pero yo lo apunto, ya que es lo que Mamá me dice) Fuerza, ¿cuánto me amas? me gusta oírtelo decir. Dímelo muchas veces al día, y cada vez que lo digas, sentirás la grandeza de mi amor en tu corazón. (- Ahora yo he sentido un instante de celos, pero Mamá ha vuelto su cara a mi ¡cuán guapa es! y me ha sonreído, y he sentido la grandeza de su amor en mi corazón.) 

Yo.- Perdóname. 

* Claro que te perdono. 

Yo.- (Y noto como si me abrazara y me balanceara un poquito. Oh, ¡qué bien se está! Y pienso que soy muy egoísta y que hay muchas almas que la necesitan en este momento que Ella está conmigo)

* También estoy ahora mismo con todos, nadie está solo un instante, sin mi protección.

Yo.- ¿Pero, y los que no se portan bien, cómo los proteges, Mamita bonita, preciosa? 

* Amándoles, hija mía, amándoles.

Vienen tiempos de paz. He ganado a la mentira, mi verdad relucirá en todo rostro. 

Yo.- No quiero que eso sea invención mía. No lo quiero, Mamá. 

* Y no lo es, hija mía. El Cielo luce la dicha de los santos. Ellos me ayudaron a salvar al mundo. 

Yo.- Pero… ¿Es verdad? ¿No será una imaginación mía? Mamá, Tú que siempre has hablado a alguien, les has dicho que recen, que hay tiempos malos. 

* Y tenéis que seguir rezando. Fuerza, mi amado hijo, el que tanto ama mi corazón de Madre; quiero que seas tú, quién lleve el rosario, y deseo, amado Fuerza mío, (- se le nota en la voz tanto amor hacia mi esposo, como jamás vi.) que vuelvas a hacerles charlas a tus hijos, los domingos. Te quiero tanto, Fuerza; eres mi hijo preferido, al que amo. Eres mi ojillo derecho. Mi amor por ti me llena de dicha. 

Yo.- (Estoy pensando, ¿no se enfadará Dios, que Mamá ame tanto a mi esposo?) 

+ Hija mía, mi Madre Santísima, ama a tu esposo como a cada uno de mis hijos. 

Yo.- No lo entiendo. ¿Por qué pues le dice tantas ternuras? 

+ Mi Madre sabe lo que le conviene a cada uno de mis hijos, y se lo da, y puede dárselo; es Nuestro deseo. Y no me seas infiel, sino creyente, amada Primavera. Sé humilde y no tengáis celos el uno del otro. Amaos mucho, Fuerza y Primavera, que a través de vuestro amor, rendiréis corazones a Dios. 

Yo.- (Veo como Mamá se eleva, bendiciéndonos. ¿Puede bendecirnos? Los ángeles, a su alrededor, suben con Ella…)