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Revelaciones 85

Martes, 13 de febrero de 1996 …rezo… (00:21) a (00:46)

 

Yo.- Amor mío y Dios mío. Se me ha ocurrido pensar que a lo mejor, si Tú quisieras, podrías hacer algo por mi amiga. Tú, que lo puedes todo, ¿no puedes hacer que ella crea en tus palabras y sea feliz, pensando que su marido la ama y siempre le ha sido fiel?

+ Esperaba que tu amor, amada Primavera, me lo pidiera. Por eso, hace algunas horas, te he hablado del amor, de que debe ser semejante a Mí, a Dios, y amar, aunque no te amen.

Estoy contento contigo, hija mía.

Yo, Dios, curé su desasosiego, y con mi paz, pudo pensar en Mí, en su Dios y en su esposo, y está naciendo en ella, la confianza y la fe, y al mismo tiempo, va disminuyendo su temor.

Yo, Dios, amo a mis hijos, y cuando éstos me dan su confianza, obro milagros.

Tú, los verás, niña mía, tú, los verás. (Y sonríe con amor, paz y felicidad).

Yo.- Por cierto, cariño mío, mi Señor, el Dios a quien amo, el canario ya canta mucho. Creo que al final, tendremos que ponernos algodón en los oídos; ja, ja, ja.

+ Cuando los hijos de Dios, cumplen con mi voluntad, se ven los resultados y se nota mi Providencia.

Yo.- El domingo, cuando asistimos a tu santa Misa, nos encontramos con la señora Soliz. Era tan bonito ver su rostro cuando fue a comulgar. Vi en él, el amor que te tiene, y me puse de lo más contenta. También me alegró mucho ver el cambio físico. Cuando fuimos a llevarle el agua de Lourdes, estaba en cama y enferma. No tenía ni fuerzas para hablar. Era una moribunda. Y el domingo, la veía tan distinta.

+ Eso no es nada, hija mía. Con el tiempo, y al ir pasando sin medicamentos, recobrará totalmente su salud. Lo veréis, vosotros y todos, lo veréis. Dios no miente, y cuando digo que obro un milagro, si la parte interesada obedece, mi voluntad sale a la luz, y se ve mi Providencia, y lo imposible es cierto, y lo podéis ver y comprobar. Yo, Dios, ¡no miento jamás!, ¡jamás!