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Revelaciones 76

Sábado, 18 de noviembre de 1995… rezo… (16:12) a (17:43)

 

Yo.- Mi amado, mi tan amado amor, Dios misericordioso, ¿deseas decirme algo? 

+ Mi pequeña, mi corazón, oh Primavera; fiel a la hora de la tentación del maligno. Conoces mi voz y el brillo de mis ojos, del Dios escondido a los ojos mortales de la gente sin fe. En mis ojos se refleja mi alma; si cuando te hablo, miras atentamente mis ojos, por ellos, por el brillo puro de ellos, verás si soy Yo, Dios amor, o es Satán, que usurpando mi identidad carnal, imita mi voz para llenarte de confusión.

¡Gracias! Gracias por romper los escritos del maligno. Él, astutamente te engañó, durante dos días, 16 y 17, pero mi amado y fiel Fuerza, te ayudó a dilucidar si eran mis palabras, o eran las de Satán disfrazadas. (- Y veo y oigo a Satán que desea confundirme)

No le hagas caso, hijita mía. Creyó que te había engañado, pero ya te dije Yo, tu amado Dios, que su poder es ridículo. También te dije que estaba furioso.

Así me gusta Primavera, que mi paz esté tan adentro de tu ser, que no se desvanezca al saber de la furia del enemigo. Aprende a sostener fuertemente mi paz, ya que para cumplir con vuestro servicio a Mí, al Dios de los vivos, os deberéis de enfrentar muchas veces, innumerables veces, con personas que al no tener mi paz, la paz de Dios, de amor, sus palabras y hechos, desprenderán furia, temor. Ese temor os lo demostrarán con gritos, insultos, llantos, risas, y todas formas de desesperación humanas, ya que las almas sin fe, sin gracia, van desesperadas por la vida.

Cuidad de vuestros cuerpos, ya que desearán rendiros a Satán a través de insinuaciones sexuales. ¡Por eso quiero que siempre, siempre, vayáis juntos los dos, amados Fuerza y Primavera!

Vuestro amor, ese santo amor matrimonial que sentís el uno por el otro, es providencial para que además de acercarme almas, a través de él, también os proteja de las tentaciones e instigaciones con que el maligno deseará rodearos.

Mi paz, mi sello, os protege y os protegerá, amados.

No os fiéis de nadie, las apariencias engañan, y no vayáis jamás solos. Si uno de los dos no puede ir, ¡no vayáis!, aunque penséis que no hay peligro y que el deseo de acercar esa alma a Mí, os llene de celo. Id con prudencia, Yo Dios, lo controlo todo, todo, hijitos míos. Sí amados Fuerza y Primavera, os llamo hijitos, ya que como Padre Dios que soy, amo, amo y me preocupo y cuido de mis hijos, ¡de todos mis hijos que me amáis y que me servís!

Aquí Fuerza, te irá muy bien todo lo que aprendiste en mi Labor, en mi Labor inspirada a mi amadísimo siervo Ris, los De Belén, Mío, de vuestro Dios.

Primavera, hijita, te iría bien que te acercaras a mi Labor. Llama a Jualis, señora de Romux, y dile que aceptas su ofrecimiento de ir a algún retiro de los De Belén. Aunque no te guste, quiero que lo hagas. Yo sé lo que hago.

Y a ti, amado Fuerza, te digo lo mismo que a Primavera; y no me pongas por excusa que ya lo sabes todo. (Yo.- Como se sonríe Dios, con una dulce paciencia que le sale del corazón). Amado Fuerza, dile a mi hijo Juliumpius, que es mi deseo para ti.

No me pongáis excusas de que no tenéis tiempo; Yo os doy el tiempo, y Yo os lo pido, soy Dios y puedo hacerlo y lo hago.

Que Bondad, mi joven hijo, siga vuestros pasos. Y Esperanza y Niña, hagan lo mismo.

Ya os dije que mis hijos de los De Belén, os ayudarían.

No os extrañéis. Mi rebaño es toda la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Pero la fidelidad de los De Belén, me agrada, agrada a Dios, y deseo que os forméis al calor de la verdad.

Sé que leerán estos, mis santos Escritos, otras personas que no son de los De Belén, y que me son fieles a Mí, a Dios; pero nadie puede negar que los De Belén, no sean fiel católico cien por cien.

Yo soy Dios y hablo la verdad, y hago reseña que no he dicho nada en contra del rebaño total del cuerpo de Cristo, cuya cabeza es mi amadísimo hijo, el Santo Padre, a quién deseo os unáis todos los miembros de mi cuerpo.

¡Llega la hora de la unidad! Las puertas del Cielo están esperando la llegada de mis cristianos, de los hijos de Dios que siguen a Cristo.

Alejaos de las religiones y acercaos a la verdadera religión, la Católica, la amante de Santa María, la Esclava que humildemente hizo posible que se liberara la entrada al Cielo. El Corazón de Dios se hizo asequible a los hijos de los hombres, gracias a los méritos del Hijo de mi Esclava. Esclava en humildad, en amor y sumisión total y auténtica a Dios.

Mi Hija, la Santa María, me cedió sus purísimas entrañas para depositar en ellas la semilla del Hijo de Dios, y fue la potencia Divina del amor de Dios que hizo posible, por la voluntad de la Divina Trinidad, que un Dios Celestial se hiciera hombre carnal, sin dejar de ser Dios, en un mismo ser, dentro de la Trinidad. Y así el mundo vio mi luz, la luz de Dios. Y esa luz es la misma que no se puede esconder, y que va al encuentro del hombre, y lo persigue por la locura de mi amor, de ese amor de Dios, que controla y dirige a toda persona a Dios, a Mí.

Pero la libertad que os doy a todos y a cada uno de los hombres, os hace libres de cerrar o abrir vuestros ojos a mi luz.

Pero mi luz existe y está aquí y allí, y todos la veis, si antes permitís que os ame, y me amáis.

Y esa luz es también la misma que os hace ver vuestra nada y os llena de humildad.

Y esta luz es también la gracia de Dios, mi gracia, que os la doy sin descanso, ya que continuamente luce para todos los hombres, sin excepción de personas.

Esa luz es Dios, porque fluye e influye en el mismo Dios Espíritu Santo; soy Yo, ya que Yo soy Dios total, a la vez que individual.

Mi luz es amor, porque Yo soy el Dios del amor, del amor que es, y además nació para vivir por los hombres y ser todos en Dios, en Mí, un Cielo, un Mundo; el Mundo Nuevo, que es vivir el amor de los hombres, en el amor de Dios.

Y al final de los siglos, todo amor se une al centro de mi Corazón, de Dios. Y es amor en amor, criaturas y Creador.

Y Dios, Yo, llenaré con vosotros dentro y en Mí, la Vida Toda; y este será el principio de la Dicha Eterna.

Ese amor que siente un hijo por su madre, ese amor “mirado”, potencialmente al máximo, no tiene comparación con lo que sentiréis al estar constantemente y eternamente en el mismo Centro de toda la Potencia Divina de mi maravilloso Amor.

Y, para conseguirlo, hijos míos, es tan fácil, es tan sumamente fácil: empieza por el principio, ¡déjame que te ame!, ¡permíteme que te ame!, y Yo, Dios, de mi mano te iré conduciendo a Él.

¿Quieres venir? Di. ¿Puedo Yo, Dios, tu Dios, amarte? ¿Puedo? Yo te amo y te amo, aunque tú no quieras, hijo mío, hija mía.

Pero, deseo pedírtelo, ya que aunque Yo te amo, aunque estoy “loco” de amor por ti, si tú, libremente, no me abres tu corazón, Yo no entro en él. Y, aunque te amo igual, tú, hijo mío, hija mía, no lo sientes en ti. Por eso, para que lo sientas en ti, te digo: ¿Lo deseas? ¿Quieres mi amor? ¿Qué contestas a la propuesta de tu Dios? ¿Sí o no? ¡Dime que sí! ¡Sí!