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Revelaciones 7

Jueves, 21 de septiembre de 1995… rezo… (9:05) a (9:32)

 

+ Amados hijos, tened misericordia unos de los otros. Es Nuestro deseo, en unidad especial, el que se rece por la salvación del mundo. Amo a todo el mundo, y mis hijos deben hacer lo mismo. Mi ira se ha calmado, y deseo que vosotros tengáis amor por todos los hermanos. ¿Es que piensas que Yo, amado hijo, no quiero que se salve el mundo? Sabes que sí, pues ¿por qué no rezas por ellos?… 

Yo.- (Tengo miedo que eso sea invención mía, ya que yo pienso lo mismo, y tengo congoja en mi corazón de que sea todo mi imaginación.) 

+ Hija, hija mía, que tanto amas al mundo, no dudes que Yo estoy en ti. Ya lo dije: “Mi Padre y Yo iremos y haremos morada en él”. 
No tengas miedo, ten confianza. El Cielo está abierto y el mundo empieza a andar hacia él. Pero es Nuestra voluntad que se rece por la salvación del mundo, y quién lo haga, demostrará tener mi amor; Yo le recompensaré, y Mamá le cubrirá con su manto, y se aumentará su fe y su confianza en los demás; le harán vivir en paz. 
Yo amo a toda tu familia, Primavera, y os bendigo y bendeciré, y Mamá (- sonríe) les alumbra el corazón. Sed buenos y rezad juntos. No os olvidéis de rezar, cada día, el santo rosario. Hay numerosas almas que necesitan de ésas y tantas plegarias. Sedme fieles, que Yo soy Dios, y Dios de amor, y el que es mi hijo, ama. 
Tienes que rezar por la salvación del mundo. Hay que sembrar; la hora de la paz está en vosotros. El Padre os la envía en mi Santo Nombre. Te amo hijo, séme fiel. 

Yo.- ¿Es que deseas que enseñe estos escritos al sacerdote Cal? 

+ Tú no, hija mía, tú sólo escribe lo que mi voz te susurra al corazón. Tienes un corazón tan grande, que mi voz encuentra eco y se esparce por toda tu alma. 
Estoy muy contento de mi hijo Fuerza, y mi paz está con él. 
Amo a vuestros hijos; me llenan de ternuras y sonrisas el corazón. Mamá se enternece cuando oímos cómo nos dicen cosas tan bonitas de amor y nos besan. Los besos de tus hijos salvan las almas que están más secas. ¡Me gusta tanto regocijarme en sus palabras de amor! Y cuando vienen a ti, Primavera, y te cuentan que no se han portado bien, Yo he cogido antes su mano, y ellos han sido dóciles a mi voluntad. Oh, si tantos hijos mayores hicieran lo mismo. Pero todo va a llegar, y pronto. Mi dicha está en los hombres.