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Revelaciones 6

Lunes, 11 de diciembre de 1995… rezo… (11:20) a (12:09)

 

Yo.- Amado mío, ¡te amo tanto, que te quiero, mi Vida, mi Cielo, mi Dios, el Verbo, el Cordero, el Manso; te amo tanto, tanto, que te quiero!

+ Y Yo, Dios, el Dios Trino y Uno, te amo a ti, mi flor, mi niña, mi buena niña, que me ama con un corazón de niña.

Haceos todos como niños, hijos míos, tan amados todos, y vendréis y llegaréis al Reino de los Cielos, al Reino de Dios, mi Reino, en el que Yo, Jesús, reino como Rey, y mi Madre es la Reina de mi Corazón.

Bendita María, Inmaculada María, Buena María, mi Madre María, la excelsa entre todas la criaturas, la perfecta, la sin mancha por nuestra Unida y única Voluntad, la Santa y Omnipotente Voluntad de Dios, del Dios que controla todo el universo entero, y me gozo de mis maravillas.

Y me gozo de mis hijos buenos, de vosotros, de los que me amáis y me adoráis y me glorificáis con todas vuestras potencias espirituales y carnales.

Yo, Dios, lo controlo todo, y cuando digo que lo controlo, no digo que lo mando todo, mando a quien libremente quiere obedecerme.

Hijos míos tan amados, todos sois libres, e incluso cuando vuestra libertad actúa contra Mí, Dios, y mis deseos, Yo sigo controlándolo todo, y doy un rodeo, y sigue cumpliéndose siempre, siempre, mi magnánima Providencia.

Aún el hombre malo me sirve, sin ser su deseo y voluntad.

Yo rodeo cuando no puedo ir en línea recta, pero siempre lo tengo todo bajo mi santo control, y todo ocurre ante mis ojos, y si me place, mis ángeles actúan a favor de los hombres, y ejecutan mi sabia Voluntad.

Los hijos, como vosotros, amados míos, que me amáis y me servís, estáis bajo mi control directo, por vuestra voluntad al estar en gracia de Dios, sin pecado mortal.

Y es mi Gracia, amados míos, la que os protege, la que amorosamente os escuda de las satánicas fechorías del enemigo, que utiliza a los tontos y débiles hijos míos, que al perder mi Gracia por el pecado que cometen, no acuden presurosos a confesarse; y al estar en pecado, viven en la mentira.

Y, ¿quién es el rey y señor de la mentira?

Satanás, el diablo, el demonio, Zogo, el enemigo de la Gracia, que se perdió por no querer servir a su Dios, a Mí, Yo, Dios, que le ordenaba servirme, a través de serviros a vosotros, mis tan amados hijos.

Y por no querer hacerlo, fundé el Infierno, y allí lo desterré, por no desear servir a los hombres.

Y, ¿creéis ahora, que por su cuenta desea serviros?

¡¡No!!

Afirmo Yo, vuestro Dios, que tanto os amo, que no, ¡sentencio que no!

Pues, ¿qué desea de vosotros, conduciéndoos al mal? ¿Serviros o destruiros?

Si hubiera deseado serviros, con servirme a Mí, Dios: “Sí, te serviré”, ya os serviría.

Pues si negó de mi santa voluntad, y soy Dios y lo puedo todo, ¿se rendirá a vosotros, hombres sin poder?

¡¡No!!

Entonces, ¿qué desea Satán al engañaros?

¡¡Destrozaros,

aniquilaros,

despedazaros,

sojuzgaros!!

No seáis necios, hijos míos. Él, no os ama, Yo, Dios, sí; Yo morí en la Cruz por vosotros.

Él prefirió el Infierno antes que decirme: “Serviam”, te serviré.

No os engañéis, no desea serviros; podía haberlo hecho junto conmigo, pero no quiso.

¡Os odia porque Yo, Dios, os amo!

Podía haber sido uno de mis ángeles, pero dijo no, y con su no, desató la desunión de mis amados ángeles, y se dividieron las criaturas celestiales.

Y mis ángeles, libremente, como toda criatura que tiene mi Espíritu, eligieron y se separaron.

Vosotros, hombres, mis amados hijos, hacéis igual que ellos; por vuestra libertad, os separáis, os dividís entre vosotros; o me amáis, o no deseáis mi amor.

¿Qué haces tú, hijo mío, hija mía?

Yo no puedo por mi Justicia, que es justa, obligarte a amarme; no puedo, aunque con ansias infinitas, lo deseo.

Yo, Dios, sólo puedo darte a conocer mi amor; y te lo doy a conocer mediante el amor de otros hijos que sí me aman, y te cuentan mis locuras, las locuras de tu Dios: que por mi Amor, me engendró este mismo Amor, en las entrañas de mi Madre santísima, Pura e Inmaculada,

¡María!

La Buena, la Dulce, la Humilde y sin par María.

Y nací niño, y fui joven, y permití me torturaran hijos como vosotros, a los que tanto Yo, Dios, amaba.

A veces, gente amada por vosotros, os daña. Haced como Yo, y amadlos; ¡no saben lo que hacen!, ¡son dignos de vuestra lástima y mendigos de vuestras oraciones para ellos!

Y morí, Yo, Dios, por vosotros.

Morid vosotros al pecado, por Mí.

Sólo tenéis que ir presurosos a confesaros a un sacerdote, y Yo, Dios Amor y misericordioso, que estoy en el sacerdote, os perdono, y vuelve vuestra luz.

¡Bautizaos en la Santa y Única Iglesia de Dios!, ¡mi Iglesia!, la de Pedro, mi primer pescador; la del Santo Padre, ¡la Verdadera!, ¡la Mía!; ¡la Católica, Apostólica y Romana!

Bautizaos con mi agua, y os doy la Vida, y por Ella, la Eternidad Celestial.

¡No dudes!

¡Dios no miente!

Bautízate, hijo mío, y vivirás.