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Revelaciones 55

Lunes, 24 de Junio de 1.996   Rezo…      10:31 h. a 11:19 h.

Yo.- Amado mío, antes de dormirme, ¡que ya debería estar haciéndolo!, deseo decirte que estoy loca de amor por ti, Dios misericordioso, Dios bueno; eres maravilloso. No tengo palabras para decirte lo que por ti siento. 
Jesús, mi Jesús, mi amor. Tus santas bendiciones se notan. Y yo, y nosotros, nos maravillamos de tu amor. No pienso siquiera, si me lo merezco o no, sólo sé que es tuyo, y por venir de Ti, lo amo y te lo agradezco. 
Ya sé que Mamá tiene muchísimo que ver en todo. Y ya, antes, la quería muchísimo: Muchas gracias, Mamita bonita, linda, primavera. 
Es fabuloso saber que me amáis, que nos amáis, y que este amor nos une a toda la familia; nos amamos tanto todos, que es maravilloso; 
y os amamos tanto, y tenemos fe, y mucha salud, y muchas cosas buenas y lícitas, que nos hacen exclamar: «Esto viene providencialmente». 
A veces, las trampas de los necios, que no nos comprenden, y que desean dañarnos, son causas para nuevas bendiciones tuyas.
Oh Dios, oh Jesús, es maravilloso amarte tanto. 
El domingo, día nueve de Junio, cuando había comulgado y estabas conmigo, yo pensé: «Me gustaría morirme cuando estuviera en comunión física contigo, ya que no tendría miedo. Se está tan bien contigo, Jesús mío.» Pero bueno, yo sólo quiero lo que Tú quieres y lo que Mamá quiere.

+ Pequeñita, niña bonita y buena. Yo, Dios, sé lo que sientes, y somos felices de saber lo mucho que nos amas, y lo buena que eres. Te molesta que te llame buena, ya que te sientes mala. Eres buena, Primavera, y por eso te hablo, y por eso Mamá te habla, y nos ves.

No temas a nada ni a nadie.

Incluso la necedad de los necios, me es útil. Soy Dios todopoderoso. Estate tranquila, niña mía. Los planes del malvado están por Mí, por Dios, controlados, y caerán en sus propias redes.

Hijos míos, a todos los hombres buenos os lo digo, no temáis a la peste destructora, no temáis a las argucias de quien maquina devolveros mal por bien, Yo, Dios; desde mi trono, lo domino todo.

Se unen de noche los malvados y hablan sin pensar, hacen planes. Se conjuran ante un hecho maligno. Mas Yo, Dios, me río, me río de su necedad.

Yo, soplo, y se mueve la niebla que los controla, los asusta y los hace llorar de miedo. Y luego, me rezan, rezan a Dios, pidiendo misericordia.

Pero, ¿qué es primero, la misericordia o la justicia?

Se juntan y planifican rodear a un santo, a un amado hijo mío, que intenta vivir santamente.

Y los malvados se asocian con los necios, esos que parecen, a los ojos de los hombres, buenos y justos. Y estos tontos hijos míos, que se llaman santos y perfectos, y que gozan viendo cómo los demás les susurran su santidad, son los esclavos de los malos. Esos amigos, que, en realidad, son enemigos, y son los que apuñalan por la espalda a mis amados hijos legítimos. Y llamo legítimos, a los hijos que lucháis y os vencéis para ser santos a mis ojos, a los ojos de quien os juzgará, de quien puede daros el Cielo o el Infierno.

¡Cuántos necios se están quemando en estos momentos!, estos monigotes que el malvado utiliza para llevar a cabo sus planes, planes que construyen sobre arena movediza, sobre su podredumbre de espíritu; y cae su edificación del mal, ¡cae!

Yo, Dios, oigo la oración del justo en su justicia, y actúo para su bien, ya que su libertad me llama y me pide ayuda. Y Yo, ¡Dios!, entro en acción, y arraso los pensamientos del malvado, del necio. Y luego llora sin vergüenza y dice:

 -«¿Por qué Dios permite que me ocurra esto?”…
-“¿Dónde está Dios?»…
-«¡No existe!»…
-«¿Si existe, por qué permite que me ocurra esta horrible desgracia?»

Y el justo se acuesta tranquilo bendiciendo a su Dios, que lo ha librado del lazo del maligno, sin hacer él nada; sólo ha rezado, y ha confiado en Mí y en María Inmaculada. Sólo me ha dicho:

«Te amo, Dios mío, y quiero lo que Tú quieres y lo que Mamá quiere».

Y lo ha dicho, una y otra vez, infinidad de veces.

Y cuanto más lo decía, más hijo mío se sentía.

Y Yo, Dios Padre, movilizaba a mis ángeles, y mis ángeles hacían guardia en él y en los suyos, sólo por rezarme, sólo por amarme.

Benditos mis hijos que me rezáis, y rezáis a María Inmaculada.

* Hijos míos, yo, María, os oigo siempre, y Dios jamás está ocupado para escuchar a su Madre, a su Esposa, a su Hija, ¡a mí, a Santa María!

Acudid a Mí, y tendréis vía directa con Dios. Rezad mi santo rosario, y todo lo que me pidáis por él, mi dulce y constante voz sonará en los oídos de nuestro Dios; y lo veréis por los hechos.

Los hechos hablan siempre del amor de Dios y de María Inmaculada.

Rezad, rezad, santos.