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Revelaciones 35

… rezo…

 

Yo.- Oh amado Dios, si deseabas que mi corazón se rindiera sólo a Ti y a Mamá, lo has conseguido. ¿Qué deseas de mí? 

+ Amada hija, te lo estás pasando muy mal; te estoy enseñando el camino de la cruz, ¡ándalo conmigo! Mi Madre no te pierde de vista y sabe cuánto sufres.

Primavera, bonita, desearías ser más y más humilde. Mi Madre sufre por ti, ¡no la hagas sufrir! Abandónate a sus brazos, Ella te devolverá la sonrisa. ¿Recuerdas que eres un bebé? (- Sonríe y su sonrisa reconforta mi corazón) ¿No oyes sus cantos? (- Y oigo una dulcísima voz que me hace llorar de no sé qué) 

* Primavera, Primavera, deseas ser buena, muy buena. Duérmete en mis brazos, y despertarás llena de paz. 

+ Yo Dios, haré el milagro del amor de tu esposo con tu hijo, por mi santa voluntad, porque lo puedo todo y porque tanto mi hijo Fuerza como mi hijo Bondad, son buenos los dos. Mis ángeles se ocuparán de todo. Seréis una familia unida y feliz. Mi Madre intercede por su preferido, Fuerza, y Yo me rindo al amor Maternal. Yo Dios lo puedo todo y lo doy todo cuando me place. Y me place que las aguas vuelvan a su cauce natural; por la inmensa devoción que siente Bondad por su padre, Yo los reconcilio y el amor estará en los dos.

Eres buena, Primavera, amas tanto, que en tu corazón no hay cabida para el rencor. Siempre te sientes poquita cosa ante Mí, y Yo te hago grande ante los demás, aunque no lo deseas, pero una luz no se esconde, no se puede esconder, y tú, amada mía, tienes mi luz, mi amor y mi poder para derretir, con tu humildad, cualquier alma que esté en busca de paz.

Llevas muchos días sufriendo, si no es por un alma, es por la otra; Yo pongo fin, ahora, ya que me amas más que a todos y a todo. Has aprendido la lección con rapidez. Mi hija Lix vuelve a ti, mi hijo Cal, también. Sí, ahora que ya los dabas por bien perdidos; por Mí y por Mamá, ahora te los devuelvo.

No te enfades con mi amado hijo Xifón; ayer no supo mediar mi paz entre tú y tu esposo, y sufre mucho por ello. Tú, que eres buena, no se lo tengas en cuenta. Yo lo quise así, por mis fines. Él, te conoció más, y te amó infinitamente por tu humildad. Olvídate de tus planes de no ir nunca más a verlo y de no entregarle mis escritos. Yo Dios deseo que se los des y que no le guardes temor; si te hizo daño, fue sin querer; es muy bueno ese hijo mío, pero aún no está conmigo, y mientras tanto, es humano, y por lo cual, imperfecto, como tú, Primavera.

Juliumpius, hijo mío amadísimo, pastor fiel. Cuántas ovejas has devuelto al redil. Mi hijo amado, Fuerza, te necesita; necesita tu amistad, ¡dásela! que Yo, Dios eterno, te la pido por él. Unos a otros debéis ayudaros, todos formáis parte del mismo cuerpo, sois hijos tan amados. Juliumpius, déjate amar por la familia Lluvia, en especial sus hijos pequeños; estás tan cansado, amado hijo mío, que te presto el amor, la luz y la ternura que esos niños me dan a Mí, a Dios. Tú, amado Juliumpius, lo sentirás en tu corazón, y borrarán las heridas que otras almas dañaron en tu espíritu.

¡Hay amor en esos niños! Por eso los reservo para Mí y mi Madre; ¡nos gozamos tanto en ellos! Reímos por todas las lágrimas que nos hicieron sangrar el corazón. Ríete Juliumpius, hijo amadísimo, por todas las personas que te dañaron. Ellos son mis niños, te los cedo con mi bendición. Reconforta tu alma pensando que tienes un lugar muy preferente al lado de la Virgen Santísima.

Tus padres te aman; si no te comprendieron, ahora piden que te bendiga.

Y Yo lo hago y te doy mi recompensa. Mis gracias redoblarán tu fuerza, y mi voz saldrá por tu boca. Eres elegido; mi hijo Ris, te espera aquí conmigo, y sabe que hay un lugar en el Cielo Eterno, que está escrito a tu alma. Sé feliz, que has hecho mucho bien al mundo, mucho más del que crees o piensas, y es un bien que va de boca en boca, y aunque tú vengas a Mí, no terminará de fluir hasta el fin de los siglos, ya que pasará de generación en generación. ¡Has dado fruto a Dios!, me has dado a conocer; Yo ¡Dios!, te reconoceré al momento mismo de la muerte y vendré con mi Madre a buscarte, y charlaremos amistosamente, de camino a la última morada; allí gozarás de mi amor, de ese amor tan intenso que siento por ti, amado amigo Juliumpius. Mientras tanto, sé feliz en la tierra que tu Dios te da. Te amo, te aman y te amarán.