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Revelaciones 35

Rezo… (13:15 h) a (14:38 h).

Yo.- Amado mío, ten compasión de mí. Me duele muchísimo darle el pecho a Flos, y tengo estrías de sangre, y como no tengo mucha leche debo darle biberones complementarios, y he pensado, que si no te enfadas, dejar de darle el pecho. ¿Tú qué dices, Dios mío?

+ Yo digo, hijita linda, que no deseo que sufras, ya que el dolor de darle el pecho, te hace irascible, y eso te y me perjudica.

Que mi amado hijo Fuerza, te compre las pastillas para hacer bajar la leche. Y no sufras por ir contra la naturaleza.

Yo, Dios, lo controlo todo, y si te ocurre esto, es por mi permiso.

Te amo, hija mía.

Y no deseo que sufráis.

Si tu parto, tampoco fue natural natural, ya que al ponerte la peridural, fue un parto ejecutado con la mente de perfeccionamiento de medios lícitos a mis ojos.

Y cuando os operáis, usáis anestesia y medicamentos; y Yo me gozo ante vuestro buen sentido de dominar y perfeccionar el uso de los frutos naturales.

Quédate tranquila, que no vas contra Mí, Dios.

Yo.- ¿Eres Tú, Dios mío? ¿No será Satán, verdad? Es que yo deseo hacer sólo tu voluntad, pero es cierto que sufro mucho de dolor, y sabes que con los diez hijos que he tenido, jamás he podido llevar a cabo mi sueño de darles el pecho. Dime, amor mío.

+ Soy Yo, Dios. Tranquilízate. Yo, Dios, te doy mi permiso para dejar de intentar darle el pecho. Quédate tranquila, Primavera. Dios te ha hablado.

* Hijita linda, Dios no desea el sufrimiento físico, y cuando lo tenéis, quiere que os cuidéis. ¡Sois sus hijos!, a los que ama.

No tengas miedo, no vas contra Dios por no dar el pecho a Flos. Yo, María, tu Madre, te lo dice, y mi voz te da la verdad y la tranquilidad. No temáis, hijos de Dios, no temáis. Dios no desea vuestro dolor; lo permite, pero jamás lo desea, hijos míos. Creed en María. Conozco bien a mi Hijo, y os digo que os ama. Y cuando uno ama, desea el bien del amado. Así, mi Hijo Dios con vosotros. Confiad en Mí. Dios, como Yo, María, deseamos ver dicha y no llanto en vosotros. Oh, hijos, tan y tan amados. Al igual que Dios, que desea vuestro fiel amor y, por él, la dicha, no tiene ni quiere llorar Jesucristo, mi Niño Dios. Si llora, es por el dolor de vuestro desamor, pero Él desea la dicha, la dicha de que todos, todos le améis. ¿Lo entendéis hijos míos? El sufrimiento, el dolor, no es grato a Dios, ni para Él, ni para vosotros. Yo, María, desearía reír de dicha, de dicha por vuestro amor a mi Niño Dios. ¡Hacedme dichosa! ¡Amad a Dios! Y gozaremos todos del bien.