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Revelaciones 28

… rezo…

 

+ Amada, mi niña, mi buena Primavera, no basta ser bueno, cuando uno es padre; no basta dar ejemplo, ¡hay que exigir la bondad a los niños pequeños, por la misma autoridad paternal!

Esto le ocurre al Santo Padre, mi niña.

¡No deseo Yo, Dios, que sólo sea bueno y lo demuestre con su ejemplo! ¡Por su deber, le exijo Yo, Dios, el único que puede exigir, que haga cumplir mis mandatos, los mandatos de Dios, que la Iglesia sabe!

¡No basta ser bueno, cuando uno es padre! ¡¡No basta!!

No se puede ir recomendando, hay que exigirlo.

Oh, obispos de mi Iglesia, estáis fríos ante los mandatos de vuestro Dios, y por culpa vuestra, sufre mi Pastor; y mis niños pequeños en la fe, se encuentran desamparados, desencantados y sin “leche” que beber; todo está adulterado.

El miedo, ese miedo a los semejantes, hace de mis hijos, unos cobardes.

¡¡Asesinos!!

Por vuestra cobardía, matáis almas.

Mucho hablar del aborto. ¿A cuántas almas me habéis abortado? ¡Malditos de Dios!

Mis niños tienen sed de Mí, de Dios, y, ¿qué les dais?, ¡“leche” adulterada!

Maldigo a los que abortan los cuerpos no nacidos, que ya tienen alma, y maldigo Yo, Dios, a los abortistas del alma: ¡Mejor os habría sido no nacer!

Yo Dios, hoy que celebráis mi nacimiento en Belén, os digo:

¡Lagartos, serpientes venenosas! ¡Dadme a conocer! ¡Decidles a mis hijos, a mis niños, que nací y morí por ellos, por cada uno de ellos, para darles mi amor!

Amor en la pobreza, en la enfermedad, el dolor, la soledad, el infortunio, en la riqueza, la salud, la alegría, y la compañía, y prosperidad. ¡¡¡Soy Dios!!! (Yo.- Y su Voz truena en mi corazón).

¡¡Soy Dios, y muero de sed de amor!! ¡Amadme, hijos míos! ¡Amadme!

Yo, Dios, no he tenido más remedio que venir, Yo mismo, a hablaros a través de estos Escritos, ya que no se habla bien de Mí; mi reputación de Dios, está por los suelos.

Hace casi dos mil años que nací, y en el mundo hay una triste caricatura de Mí.

¡¡¡Soy Amor!!! (- Y lo grita con todo el poder de su voz).

¡Os amo! ¿Oís? Yo, Dios, os amo,

¡Amadme!, y lo demás lo haré Yo, junto con tu amor.

No es difícil servirme, no, hijos míos. Quién os diga lo contrario, ¡miente!

La misma naturaleza me sirve, el cosmos me sirve, y en su servicio, hay paz, es lo natural.

¡Yo no pido imposibles!

Yo os doy, además, mis sacramentos.

¿A qué tanto cuento? ¿A qué tanto sufrimiento? Deja de sufrir, hijo mío, hija mía, y entrégate totalmente a Mí, tu Dios.

Cumple mis diez mandamientos y los cinco de la Santa y Única Iglesia de Dios. Y, ¿cuál es el primer mandamiento?:

¡Amarme a Mí, a Dios, sobre todas las cosas y personas!

¿Hacéis esto, Príncipes de mi Iglesia?

Pues, si no lo hacéis, ¡hacedlo!

Y si no deseáis cumplirlo, ¡daos de baja! ¡Me estorbáis!

¡Dejad el camino libre a Dios! ¡A Mí!

Vinisteis libremente: Yo, Dios, no os puse ningún ultimátum; erais y sois libres, como el resto de mis hijos; pues, usad de vuestra libertad y no me pongáis obstáculos.

Ahora no os habla el Santo Padre, al que la gran e inmensa mayoría, no le hacéis caso; ¡ahora os hablo Yo, Dios!

¿Me oís, pandilla de sabuesos?

Vais buscando las víctimas, y me las entregáis, de propia mano, al Infierno.

¡Idos de mi vista, de mi Iglesia, si no deseáis obedecer a mi pastor, al Papa!

Él, sufre, y Yo, Dios, me apresuro a ir en su defensa.

¡Soy Dios! ¡Dios!

Y os digo a vosotros, sí, a vosotros, Príncipes de mi Iglesia Católica, mi ultimátum, el ultimátum de Dios todopoderoso y veraz, que veo y escudriño los corazones, en lo más profundo:

Hay un plazo de tiempo para que cambiéis y me sirváis, en unidad al Santo Padre, mi sucesor, el que posee la potencia divina de Dios Espíritu.

Si no rectificáis u os alejáis de Mí, ¡una de dos!, veréis mi justicia, la justicia de Dios, ejecutarse como espada de fuego.

¡Lo sello!

Está escrito en el rollo de la vida, que al final de los tiempos, habrá paz, pero esa paz la debe dar mi ejército de salvación: los eclesiásticos, los hombres de mi Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Y si es mi Paz, es la verdad, y la verdad es cumplir con lo que el Santo Padre os pide, ¡que es, mi voluntad!

Y como ahora no me dais, a través vuestro, la paz, sino la separación de, mi Iglesia, Yo, Dios, para cumplir lo escrito antes del tiempo, si es preciso, descargaré mi ira, y veréis y comprobaréis que la voz de Dios, no suena en balde.

Es la verdad, que va a cumplirse, y se cumplirá.