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Revelaciones 21

Lunes, 4 de marzo de 1996… Rezo… (12:15 h) a (13:04 h).

+ Amado hijo Edon, tu fe y tu amor, conmueven a tu Dios.

Y, quien da a Dios, recibe.

Y Yo estoy dispuesto a darte, porque tú, amadísimo hijo, me has dado primero.

Mi santa recompensa, será grande en el Cielo y abundante en la tierra. Tú lo verás, y lo verán.

Yo, Dios, no escondo jamás mi rostro.

Son algunos hijos míos, los que no desean verme y me ocultan.

Pero Yo, Dios, soy la Luz, la Perfección, y no me escondo, amados míos.

¡Miradme!

¡Vedme!

¡Estudiadme!

Soy claro como el día, y quien agarra mi mano, Yo le trasmito la gracia de mi Perfección, y todo cuanto le acontece, es perfecto.

Y Yo, Dios, me ocupo de él, y de hacer realidad sus sueños lícitos a mis ojos, a los ojos del Dios Perfecto.

Y si soy perfecto, quiere eso decir, que rindo, no sólo el cien por cien, sino el infinito por infinito.

Y a ti, amado Edon, te daré un doscientos por cien, en los beneficios de tu trabajo; eso, por asociarte conmigo, con el Todopoderoso.

Ya somos socios, a cincuenta por ciento, de los beneficios (Como mis hijos y yo, Edon se asoció, en oración, con Dios), y ahora, como socio, te diré lo que vamos a hacer para que rinda nuestro trabajo. Yo, como Dios Perfecto que soy, deseo que todo dé fruto, por eso maldecí la higuera, pues voy a bendecir nuestro negocio.

Cada día, antes de empezar a trabajar, con agua bendita, y teniendo mi orden y autoridad, derramas agua bendita por las instalaciones de tu tienda.

Luego, deseo, que durante todo el día, las horas de trabajo, se oiga en toda la tienda, música de valses. Sí, de vals, que alegra el espíritu.

Pon también algún aroma de flores, que no sea un aroma muy fuerte.

Y tú, amado hijo mío, por ser socio de Dios, deseo te vistas con chaqueta, y que tu porte sea correcto y afable, ya que tú me representas físicamente.

Que tu dependienta vista como si asistiera a Misa, y le dices que, a partir de la cantidad x, tú calcula cual puede ser, en la que ya tengamos algún beneficio, le darás un tres por ciento de las demás ventas. Eso me lo descuentas de mi cincuenta por ciento, por ser mi deseo y orden mía.

Y también me descuentas el importe del diez por ciento, que Yo, Dios, deseo hagas, de ahora en adelante, a todos nuestros clientes; y no me subas, antes, los precios. (Y veo a Jesús sonreír).

Y también me descuentas de los beneficios, la cantidad de diez mil pesetas al mes, que deseo hagas un sorteo con todos los clientes que deseen darte su nombre y teléfono, y que tú irás anotando en una libreta y dándoles un número, que al final de mes, el último día, un cliente que nos venga a comprar, saque de un bombo el número, es decir, los números, ya que deseo Yo, Dios, que sean dos, y les llamas y les dices que han ganado el sorteo, que es un vale de cinco mil pesetas, para comprar lo que deseen en nuestra tienda, y lo anotas visiblemente para que los clientes lo vean.

Todos, repito, todos los clientes que vengan, tienen que ser tratados como dignos hijos míos, de Dios, y te encomiendas a su ángel.

Compren poco o mucho, les anotas para el sorteo.

Yo, Dios, te digo que, en siete meses, tú y nuestro negocio, será algo digno de ver, ya que se notará que el asociarse con Dios, vale la pena.

Con mis beneficios, deseo los repartas a la Iglesia, y la Iglesia, también es la gente necesitada. Lo dejo a tu discernimiento.

Pero, amado hijo Edon, deseo que la gente te quiera y respete, y lo harán, por glorificarme con tu trabajo y por dar directamente también, a personas que a veces pasan apuros económicos.

Hijo mío, el asociarte conmigo, con Dios, es lo mejor que hayas podido hacer, incluso económicamente, pero deseo que lo hagas también por escrito, como hicieron los Lluvia.

¡Te amo!

Yo, Dios, sello contigo un contrato laboral, en el que me comprometo a ayudarte, y tú me glorificarás con él y me darás el cincuenta por ciento de los beneficios, que darás a mi Santa Iglesia Católica, y una parte, a mis hijos necesitados.

Yo, Dios, Uno y Trino, te bendigo, amado hijo mío. Estoy gozoso de tu fidelidad y amor, que me la demuestras también económicamente. ¡Yo, tu Dios!