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Revelaciones 106

… rezo… (13:52) a (14:14)

 

Yo.- Amado mío, mi amor. El día veintinueve, miércoles, tenemos la entrevista con el Obispo. Me pide mi esposo Fuerza, si deseas le digamos que soy yo quién tiene tus Locuciones. 

+ Sí, lo deseo. Id siempre con la verdad; no os escondáis de ser mis representantes, ¡lo sois! Es veraz y cierto, y como tal, tiene que salir a la luz.

Estate tranquila, Primavera, Yo tu Dios, jamás te dejaré, y te defenderé, ya que eres mía; sois míos.

Fuerza, amado de mis amados, gracias por preguntarme. Le explicas al Obispo lo de vuestra entrega, la entrega de vuestros hijos: Ana, que en verdad era el deseo de Dios que fuera una niña, pero a la que llamo Ana, porque vosotros, deseando fuera varón, habías dispuesto llamarlo así, y así lo seguiremos llamando para entendernos, y la entrega de Víctor, para ayudarme a salvar al mundo; y así ocurrió, ya que vuestros deseos, deseos que nacieron por el amor que me tenéis a Mí, a vuestro Dios, y a vuestros semejantes, fueron escudriñados desde lo más íntimo y escondido de vuestros corazones, y vimos que eran auténticos y verídicos, y por lo cual, por ser verdadero, se pudo aceptar, ya que Dios, sólo acepta la verdad, no las oraciones ni los rezos que salen sólo de la boca, sino las que son nacidas en lo más profundo y sentido de vuestra alma, alma en Dios. Y así lo aceptamos, y así se cumplió; y así deseamos, la Trinidad, Dios, que se sepa, ya que es la verdad, la verdad más profunda del interior de dos hijos míos, de Dios; la verdad vuestra, mis amados, mis amados hijos, Fuerza y Primavera. (Yo.- Y veo a Dios con toda reverencia extender sus dos manos y brazos hacia delante)

Sí, hijos. Lo que ves, es lo que hago: arrodillaos amados, que Yo, Dios, vuestro Dios, os bendigo…

No le habléis al Obispo de mis deseos con la película; eso de momento, no le interesa.

Y después de contarle vuestro amado y santo ofrecimiento, le dices, patriarca Fuerza, lo que te ordené. ¡Nada más!

Y le das, escrito a máquina, mis palabras; sólo hasta donde hablo para él.

Muchas gracias, amado Fuerza. (Yo.- Ahora se sonríe) Sí, Primavera, hijita; me sonrío, ya que te ordeno que te calles durante toda, toda la entrevista con el obispo. ¡Te amo Primavera! Seme fiel.