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Revelaciones 32

Miércoles, 30 de Abril de 1.997     Rezo…
12:34h. a 15:13h.

Yo.- Amado mío, amor total. Te pregunto: ¿Por qué en el Padrenuestro pedimos que venga Tu Reino? ¿Es que deseas la destrucción del mundo?

+ Mi Reino, es un reino de paz y amor, con armonía total en todas las cosas. Y esto es lo que deseo tengáis, que venga a vosotros.

Hijos míos, me rezáis el Padrenuestro sin entender, y al no comprenderlo, ¿cómo podéis rezarme por él? Yo, Dios, os lo discerniré brevemente, para que los simples y sencillos sepáis lo que me decís a Mí, a Dios, cuando me rezáis la oración perfecta; el Padrenuestro.

Decís: Padre, y es un acto de fe ya que Yo, Dios, en Unidad, os creé y creé el mundo, por tanto y cuanto, soy eso, Padre.

Añadís: Nuestro. ¡Y tanto que soy vuestro! Totalmente vuestro. Todo lo hice y lo creé pensando en vosotros, hijos míos amadísimos, y en nuestros amoríos.

Todo está creado para Mí, para Dios y el amor con sus hijos, vosotros.

Por esto decís verdad cuando llamáis “nuestro”, ya que me di a vosotros. Incluso Dios Hijo fue engendrado para vosotros y por Mí, para que Yo, Dios, en Él, pudiera venir a vosotros, al mundo, y me quedara en él, en el mundo, a través de los Sacramentos que imparte mi Única Iglesia, la Santa, la Católica, Apostólica y Romana, ¡La del Papa! Mi sucesor, el Único sucesor de Dios.

Que estás en los Cielos. Es un acto de esperanza, y verdadero, que sepáis dónde estoy, de dónde procedo, y a dónde vendréis vosotros; los que me tratáis como a un Padre, vuestro Padre, que estoy en los Cielos, pero que, por mi Hijo, Jesucristo, vine al mundo.

Aquí con vosotros sigo, ya que estoy en los Sacramentos, aparte de que desde el Cielo y aquí en la tierra, siempre os veo, de día, de noche, en las madrugadas, por las tardes y mañanas. Y no estáis jamás, ¡jamás!, solos.

Aunque os sintáis solos, Yo, Dios Padre y Dios Hijo y Dios Espíritu Santo y Dios, estoy siempre con todo el mundo, con los buenos, con los malos y los necios.

Cuando veas a un semejante, piensa lo cierto; Yo, Dios estoy viéndoos, así que trátalo bien y acércalo a mi Reino, al Reino de Dios, a mi Santa Iglesia, Católica, Apostólica y Romana. Ya que mi Reino vive en los bautizados en mi Nombre, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Yo Soy el Dios Trinitario, el Único Dios.

Santificado sea tu nombre, decís, pero muy pocos me dais gloria con vuestras obras santas, perfectas, por amor total a Mí, a Dios.

Santificarme, es que tú te hagas santo con las obras de tus manos, la voz de tu garganta, los latidos de tu corazón. Que vivas para Mí, Dios, en total pensamiento de desear amarme sobre todas las cosas.

Y cuando todo, todo lo haces por Mí, por Dios, santificas mi Nombre, Bondad Infinita. Éste soy Yo, Dios.

Venga a nosotros tu reino, añadís, y mi Reino, que soy Yo mismo, Dios, ya que sólo soy persona en Jesucristo, pero en Dios soy Todo, soy también mi Reino, mi lugar donde vivo y pertenezco.

Y cuando me llamáis, pidiéndome que venga Conmigo mismo a reinar en ti, Yo, Dios, me apresuro a venir.

Hágase tu voluntad, lo decís, pero insistís en que haga vuestra voluntad.

Y es la mía, la de Dios, es la voluntad de Dios, la que debéis aceptar y sonreírla.

¡No pongáis mala cara a mi voluntad! Por más dura y pesada que sea tu cruz, la cruz que en verdad venga de Mí, de mi voluntad, no de tu voluntad, que muchas veces, muchísimas, dista de la mía.

Mi voluntad siempre va y está respaldada por el bien y lo bueno, sin dañar jamás a nadie que haga el bien o lo bueno. Pero que muchas veces, mi voluntad perjudica al mal y al malo. ¡No temáis dañar al mal o al malo por hacer un bien! ¡El bien es superior al mal!

Yo, Dios, soy el Bien, y os pido el bien siempre, en los pensamientos, palabras y obras. Y aún más, no omitáis hacer un bien, por “miedo” a perjudicar al mal. Por ejemplo, si uno conoce a una familia de protestantes, que practican sus pantomimas, y tiene oportunidad de acercar a un miembro de esta familia amiga, a Mí, a Dios, que estoy en la única y Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, ¡hágalo!, aunque haciéndolo destruirá la unidad, en el error, de una familia protestante.

Y otro ejemplo, si conocéis una pareja, aunque estén casados en la verdadera Iglesia, ¡la mía, la del Papa!, ¡la Católica, Apostólica y Romana!, y sabiendo que no cumplen bien Conmigo, con Dios, Uno y Trino, por no cumplir el catecismo, y teniendo la oportunidad, ¡que siempre os la doy!, de sacar, aunque sea a uno, del error, ¡hágalo!, aunque pueda con ello romperse un matrimonio, aunque tengan hijos.

Quien no ame a Mí, a Dios, más que a su familia, o incluso a sí mismo, no es digno de Mí, de Dios Uno y Trino, que Yo, Dios Hijo, Jesucristo, morí en la Cruz, me dejé matar a pesar de las palabras de mi amigo Pedro, al que llamé “Satanás”, en su momento. Y que me di a la muerte, viendo los ojos de mi Madre, que reflejaban todo su intenso y total dolor por Mí, su Hijo, Dios, que al ser Dios podía en cualquier momento llamar a mis Ángeles y bajar del madero. Pero amé a Dios más que a Mí mismo Jesucristo, mi Madre y mis amigos.

Así en la tierra como en el Cielo, pedís, y pedís bien, ya que mi voluntad sería que en la tierra vivierais felices como en el Cielo.

En el Cielo estáis Conmigo, con Dios Beatífico, y en la tierra podéis tener a Dios si acudís al Bautismo, a la Confesión de vuestros pecados ante un sacerdote, a la Comunión. En el Sacramento del Sacerdocio, para quien desee darme físicamente y verdaderamente a los hombres, y que pueda casarlos, y con ello darles a Dios Espíritu Santo, que les doy las gracias y ayudas especiales para su rango; y podéis aliviar a todos los hombres en los momentos de extrema enfermedad, en el Sacramento de la Unción de los enfermos.

Y quien oportunamente acude a mis santos Sacramentos, éste, vive mi voluntad. Tiene mi Providencia que actúa en él y sus asuntos, y todo cuánto le acontece es de mi voluntad, de la voluntad de Dios en Unidad.

Tal y como ocurre en el Cielo, así te ocurre a ti, que vives en esta tierra que me pertenece; si tú vienes a Mí a través de mi única Iglesia, la Católica, Apostólica y Romana, y te acoges a mi amparo, a la voluntad mía, de Dios, que soy Bueno y sólo sale de Mí el bien y lo bueno, así en la tierra como en el Cielo.

El pan nuestro. Yo, Dios, os pido que me pidáis el pan que necesitáis. El pan es lo que os alimenta.

Mas, no sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra Mía, y mi palabra es pacífica; pues vuestro pan también es la paz, y el amor, y la comida, y el vestir, y el hogar para vivir, y sí, el dinero, (se ríe Jesús). Me río, ya que a veces pensáis que no me preocupo de esto también, de daros dinero. Y en este pan, que hago me pidáis a través del Padrenuestro, también cuento con él; con el dinero y la salud del cuerpo, ya que por el cuerpo me dais gloria, me santificáis.

Yo, Dios, sé de todo lo que precisáis.

De cada día, pedís, y esto deseo hacer resaltar. Os pido me pidáis, de cada día; no para cuando os jubiléis, o para dentro de un mes, treinta años, o cien días. Y lo hago por vosotros, ya que luego vais deprimidos, tristes, por querer la seguridad para siempre. Pero deseáis la seguridad económica, ¿verdad?

Y os digo que debéis pedir la seguridad de mi Pan, de mi Eucaristía, que soy Yo, Dios. Si vosotros me tenéis cada día, nada malo os puede pasar jamás, aunque os venga o tengáis la precariedad económica. Y os digo, eso no es malo, no es malo ser pobres. Aún más, os digo, Yo, Dios y Santa María, con San José, fuimos pobres, a veces aguantamos el hambre. Esto no es malo.

¡Coméis demasiado! Gastáis mucho en la comida. Y además, hoy día con la industria que os da dinero por trabajar en ella, no coméis lo bueno. Aun con lo que coméis perjudicáis al cuerpo, al Templo de Dios Espíritu Santo, ¡Yo!, y estropeáis vuestra mente, ya que lo que coméis nutre el cerebro de donde salen los pensamientos.

Muchos no tenéis pensamientos buenos por comer alimentos malos.

Sed pobres en comer y viviréis; y sed pobres en vuestras necesidades, incluso en las lícitas, que amar, reír y ser feliz, no tiene nada que ver con el dinero.

Y si tienes dinero, dale al que precisa.

No tengas más afán que el de cada día.

Dánoslo hoy, pedís, y me gusta que me pidáis con confianza, como el hijo pequeño pide al padre.

En esta confianza está tu filiación, hijo de Dios; y si soy tu Padre, ¡que lo soy!, y me pides con la confianza de la verdad, es decir, con la verdad de lo que realmente necesitas para hacer el bien; que a veces confundís la confianza con la impertinencia, y, ¡soy Dios!, no soy un cualquiera, ¡soy el Dios Creador!, ¡el que, por Mí respiras y vives!, ¡aunque creas que sea pobremente o con demasiados males!

Soy ese Dios bueno, y hasta que no se te meta en la cabeza tal verdad, no tendrás paz. Vivirás depresivamente con un pie en el Infierno, y Yo, Dios, te quiero en el Cielo, allí donde estoy y te espero, por tu conducta de hoy.

Y perdona nuestras deudas. A ver, ¿cuánto me debes?

Haz una lista. Te lo digo de verdad, haz una lista de lo que tienes y empieza contando que, por Mí, por Dios, tienes vida. Y por Mí, por Dios Hijo, Jesucristo, tienes Vida Eterna en el Cielo, si quieres.

Y por Mí, por Dios Espíritu Santo, tienes mi Gracia, la Gracia que te santifica, es decir, te ayuda a ser bueno, a hacer siempre el bien.

Y ahora, continúa tú… a ver, ¿cuánto me debes? Anota también lo que crees malo y Yo, Dios, lo he permitido:

¿Algún desengaño amoroso? ¡No era el amor humano indicado para hacerte feliz!

¿Alguna injusticia? ¡Era apropiada, para que no te ataras al mundo!

¿Falta de dinero suficiente? ¡Debes rezar más!

¿Has perdido el trabajo? ¡No te convenía!

¿Estás enfermo? ¡Ofréceme tu dolor para que, si deseo, te dé tu sanación!

¿Algún desengaño con tu hijo, con tu hija, tu cónyuge? ¡Demuéstrale con obras, que vives la fe verdadera y reza!

Me dices que tu cruz es excesiva. Sí, ya lo sé, amado hijo mío, amada hija mía, la mía también lo fue, incluso me cansé Yo, Dios Hijo, Jesucristo, de llevarla, y detuvieron al Cirineo que la llevó por Mí, por Dios. No me avergüenzo de que sepáis que se me agotaron las fuerzas, y a Mí, a Dios, tuvo que ayudarme un hombre que, sin él quererlo, le impusieron por verlo sano y fuerte, el peso de mi Cruz, ¡mi madero!

Cómo no voy, Yo, Dios, a llevaros vuestra cruz ¿si soy Dios, soy sano y fuerte, y os amo como un Padre?

Sí, mientras os llevo la carga, el peso de la cruz, ¡el perdón de vuestros pecados!, ¡tuyos!

Vosotros haced como hice Yo, Dios, y seguid caminando el camino de vuestro calvario, aguantando la corona de espinas, que son todas estas cosas que te duelen. Pero no permitas que te dañen, que no te hagan mal, ya que, si te quejas, me pierdes la fe.

Puedes decir que estás cansado, cansada, de tantos latigazos y caídas, y palabras de burla y escarnio que te va diciendo el mundo, mientras tú sigues andando por mi Camino.

Y repasa la lista.

Recuerda:

Tuve sed y no me diste de beber.

Tuve hambre y no me diste de comer.

Estuve cansado y no llevaste mi Cruz.

Estuve triste y no me hiciste sonreír.

Estuve con mi mano tendida y no me socorriste.

“Yo no hice esto. ¿Cuándo lo hice?” me dices, y te respondo: cuando viste a un semejante que lo padecía, éste era Yo, Dios.

Vuestros semejantes están para ayudaros a santificaros, no están para daros placer.

El verdadero placer es amar a Dios sobre todas las cosas.

Si buscas a tus semejantes para recibir, te digo que estás equivocado.

Soy Yo, Dios: Soy el único Dios y todo viene de Mí.

Con tus semejantes, no esperes ayudarlos para recibir. En cambio puedes y debes esperar mi ayuda, si deseas ayudarme, ya que Yo, Dios, soy Dios, el único Dios, ¡el verdadero Dios!

De tus semejantes no esperes nada, aunque Yo, Dios, te puedo dar y te doy a través de ellos. Pero tú no vayas a ellos para que te den sino para dar tú. 

Y en esto se especifica la vida, en que por pagar tus deudas Conmigo, con Dios, des de lo tuyo a tus semejantes, sin discriminación.

¡No te olvides de los pecados de omisión!

Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. En el Padrenuestro afirmáis que lo hacéis, que lo haces. Pues, no me seas mentiroso, que el Infierno está lleno de personas mentirosas.

¿Sabes lo que te digo, hijo mío, hija mía?, que esperas demasiado de los demás, y los demás no son dioses.

Sólo hay un Dios, y éste soy Yo.

Y te digo que mientes cuando quejándote dices: “¡No habría hecho yo esto que me ha hecho éste!”.

Y te digo, que seguro, que, si tú fueras él o ella, con sus mismos genes, su mismo cuerpo, inteligencia y corazón; si tuvieras su alma, sus vivencias y sus tentaciones, sentencio Yo, Dios: ¡Habrías hecho lo mismo!, ya que serías él o ella, y por tanto y cuanto, es inútil tu hablar. En vez de quejarte, reza para que Yo, Dios, te ayude y ayude a éste, él o ella, a ser todos buenos.

No, no creas que hay otro Dios más que Yo.

Vosotros no sois dioses, sois personas débiles, y algunas vais muy despistadas ante la astucia de Satanás, el Demonio, y no recordáis que es el hacedor del mal, de todo lo malo que hay en el mundo, y que hacéis en el mundo, ya que cuando cedéis a vuestras imperfectas inclinaciones y pecáis es porque Satanás os ha puesto una trampa, y vosotros, todos vosotros, tú y los demás, habéis sido débiles.

A veces, muchas, vais despistados, y por tanto faltáis y pecáis. Por tanto y cuanto, es santo que perdonéis y os dejéis perdonar por los demás, ya que demasiadas veces olvidáis que vosotros, a veces sin querer, sin saber, también dañáis a los demás, a esos demás que debéis perdonar y pedir su perdón; y acudid a la confesión, y allí os rescato de la pérdida de vuestra Gracia por los pecados que cometéis contra Mí, Dios, al no ser buenos y hacer el bien, dando por ello, el mal a los demás.

Y no permitas que caigamos en la tentación. Hacéis bien en pedirme esto, ya que esto, la tentación que proviene del mundo, de vosotros mismos, o directamente del Demonio, es lo que os hace caer.

Y, ¿qué ocurre cuando caéis?

Pues, que pecáis, os desalentáis, ya que tenéis miedo a vosotros mismos y vuestra debilidad, que habéis comprobado al ver vuestro pecado.

Acudid rápido a confesaros y cumplid con la penitencia.

¡Debéis cumplir fielmente con la penitencia que os imponga el sacerdote! Ya que, si no, mi Gracia se reserva y no viene en vuestra ayuda para que no caigáis en la tentación.

Antes líbranos de todo mal, suplicáis, y hacéis bien en pedir esto, ya que con esto pedís que se termine el reinado de Satanás, el Demonio, que es el causante de vuestras desdichas.

Sí, rezad.

Rezad con devoción el Padrenuestro. No hay otra oración más eficaz para daros la felicidad terrenal y la Gloria Celestial. Lo sello, Yo, Dios.

Rezad, hijos míos, el Padrenuestro, y que sea sincero. Y con ello, Yo, Dios, os salvo y os doy mi mano. Ten… cógete a ella con fuerza, y bendito seas.

Yo.- Te amo, y gracias por explicármelo. Pero no creo que haya sido muy breve. Llevo casi tres horas. 

+ Eres feliz con mis Locuciones. Y Yo, Dios, soy feliz contigo, amada Primavera. Mis maravillas derramo y derramaré por tu amor fiel. Me gusta que estés contenta y seas así de feliz, como lo está hoy tu corazón por la explicación del Padrenuestro; que tú deseabas saber, ya que cada mañana, cuando me lo rezas despacito, intentabas tú sola discernirlo. Y en verdad, Yo, Dios, te lo he discernido brevemente, ya que con él se podrían escribir varios libros.

Anda, ve a comer, que tienes hambre y ya ha pasado la hora. Ve y vuelve, que te contaré lo que desees.

Yo.- Te amo, Dios.