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Archivo por meses: agosto 2026 - 16. página

Revelaciones 34

Domingo 11 de Mayo de 1.997     Rezo…
17:52h. a 18:17h.

+ Y os digo Yo, vuestro Dios verdadero:

Queréis hacer agradable mi Santa doctrina, aludiendo y aconsejando, que poniéndola en práctica, vuestros hijos serán mejores humanamente, estarán más atentos a sus estudios, se harán la cama y se acordarán de dar un beso a sus padres antes de acostarse.

Queréis convencer, humanamente a los padres, de que será bueno para ellos el que os dejen enseñar a sus hijos mi catecismo, y os olvidáis de decir en público que si comulgan y cumplen con el catecismo, sus hijos y ellos, tendrán Vida Eterna en el Cielo. Y esto es lo verdaderamente importante.

Lo decís en privado pero teméis gritar mi Santa verdad a los cuatro vientos, y Yo, Dios, os juzgaré y sentenciaré por ello.

¿Por qué dejan que mis niños vengan a Mí?

¡Os lo diré!

Mayormente, por la fiesta que esto conlleva. Y, ¿qué les dais, amados sacerdotes?

Les dais la oportunidad de lucirse socialmente. Y quien no puede permitirse el gran lujo y el despilfarro de una gran suma de capital, ya no desea que sus hijos, es decir, su “único” hijo, que “valientemente” han podido tener, acuda a Mí.

Sigue siendo el catolicismo sinónimo de dinero. Y… hay tantos que se quedan sin venir a Mí, por no poder competir con lo que mayoritariamente se gastan.

¿Cómo puede un padre permitir que salga a la luz el que no puede vestir a su hijo-hija, a la altura de los demás, de sus amigos?

¡Deseo austeridad! Por lo menos en mi Santa Iglesia.

Ved las enseñanzas del Papa. No habla para nada de grandes conmemoraciones sino de humildes oraciones.

¿Cómo pueden hacerse los hombres, niños, y acudir a Mí, ¡a Dios!, si para acudir a Mí, los niños necesitan que sus padres tengan repleto el bolsillo, o pasar la vergüenza, sentados en derredor de mi Altar, con el ropaje, poco más o menos, ¿de un príncipe o una princesa?

Oh, cuántos hijos me alejáis de mi Iglesia.

Deseo santos, eso es lo que deseo.

Deseo limpios de corazón.

No deseo que los hombres permitan hacer la primera comunión a sus hijos, para presumir ante los suyos de derroche.

Sé que los sacerdotes santos no tenéis nada que ver, pero, ¿dónde está pues el fallo para haber llegado a tal desorden?

Mis ojos están puestos en los Obispos. Sí. ¡En ti, amado hijo mío!

¿Cómo, y de qué manera, preparan a los catequistas?

Muchos parecen vendedores de fe.

Y, ¿no sabéis que la fe es un don mío, ¡de Dios!?

Hay que limpiar la Casa del Padre. Está llena de polvo.

¿Dónde están mis imágenes y las de mi Madre?

Las han arrinconado, si es que no las han vendido como obras de museo.

Hijos míos, os veo. Recordad que os veo en todo momento.

Hay que trabajar. Rezad para que Yo, Dios, limpie la Casa del Padre, ¡Mi Casa!