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Revelaciones 68

Viernes, 22 de Marzo de 1996… Rezo… (11:43 h).

+ Quiero, Yo, Dios, verter mis santas y todopoderosas palabras.

“Cuando la higuera dé frutos veréis que ha llegado la Era”. Mis frutos, los veréis, hijos míos, tan amados. El renacer del cristianismo, ya ha empezado. ¡Hay mucho trabajo! Podéis servirme, estando en gracia. El Santo Padre os necesita a todos. Él, tiene mi voz, la voz del Cristo, ¡la voz de Dios! Y hablo a través de él. Y hablo con él, en mi Espíritu Santo. Yo, ¡Yo!, Dios mismo, dirijo la Iglesia de Pedro, ¡¡Mi Única Iglesia!! (Su voz es tan poderosa). Todo el poder es de Dios.

Estad contentos, hijos míos, el Nuevo Reino, el Cielo, os espera, mas, antes, viviréis la era de la paz, para que se cumpla todo lo escrito por mis profetas y apóstoles. La visión de san Juan, en el Apocalipsis, se está cumpliendo. Y se llenará el Cielo, de multitudes de almas que amarán. Seré el más Amado. ¡Es de justicia! Dios, Yo, os amé tanto, que os creé, os di el mundo para servirme, y viví y morí por vosotros.

¿Por qué deseé Yo, Dios, la Cruz? Os lo diré: La cruz es el símbolo de la tierra. La cruz está hecha de troncos, y los troncos han salido de la tierra. Y es la tierra, la que rindió mi Cuerpo en la Cruz, por sujetarme en ella, por clavarme a ella, a la tierra, a esa tierra que está en pecado, que es impura, por el no del diablo, que rindió al hombre, esa tierra que desaparecerá en el último día. Y Yo, Dios, con mis ángeles, os llevaré a la Nueva Morada, esa Tierra Nueva que está sin mancha. Morí por vosotros, en la Cruz de la tierra imperfecta. Me sojuzgó, estuve atado a la imperfección de un madero, pero glorifiqué a Dios, por mi obediencia de dominar la tierra, ya que la dominé, por obedecer al Padre y darme hasta la última gota de mi sangre humana y divina, por ser Dios y hombre. Y empapé con ella el madero, que es la tierra. Y lo hice, porque os amo. Sí, hijos míos, porque os amo. Y porque amo al Padre, y por Él y con Él, os amo.

Yo, Dios Hijo, obedecí. Y todo me obedece, por ser Dios y por tener el poder de mi voz.

Os amo.

Está acabando vuestra durísima prueba. Me amáis, amáis a Dios, me obedecéis, y Yo, Dios, os daré mi reconocimiento públicamente; todos sabrán, por mi Providencia, que derramé en vosotros, hijos míos, que sois mis amados y fieles hijos. ¡Os espero en el Cielo Eterno, y Mamá os anhela!

* Ay, hijos míos. Os amo yo, María. Os amo, por amar y obedecer a Dios. Y os amo porque me amáis y amáis a nuestra Iglesia, Católica, Apostólica y Romana. Os amo porque amáis al Santo Padre. Os amo porque amáis a los sacerdotes. Os amo porque amáis al mundo. ¡Os amo por vuestro amor! Os ama María, María. 

Yo.- Amadísimo mío. De parte de Edon, te pregunta por Sici Is, que se encuentra mucho mejor de su grave enfermedad, pero ahora tiene ácido úrico, y le cuesta caminar. Y pregunta Edon si puede tomar un poco de vino, y si le das un remedio.