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Revelaciones 57

Jueves, 27 de Junio de 1.996   Rezo…      16:24 h. a 20:22 h.

+ Santa María.

Esa doncella humilde y sencilla, que vive ahora eternamente en mi gloria, es: Santa María; es Santa, como deseo que, cada uno de vosotros, lo seáis.

Aprended de Santa María, su humildad y sencillez, y seréis santos como Ella y su casto esposo San José.

+ Santa Madre de Dios.

¡Madre mía!

Tu cuerpo me dio vida.

Oh dulcísima y penetrante belleza, la de tus entrañas que cobijaron al Hijo, al Hijo en mayúscula, al Dios Hijo. Sed  como María, y cobijad en vuestro amoroso corazón, mi amor, el amor de Dios.

+ Santa Virgen de las vírgenes.

Amada Virgen María. Virginalmente concebiste al Hijo de Dios; gran milagro de la locura del amor de Dios a los hombres.

Sólo lo puro, podía dar vida a la Pureza. Oh virginal Princesa, sagrada María, belleza sin mácula.

Sed como María, que virginalmente esperó en Dios. Esperad vosotros a vuestro destino, como la Santa Virgen de las vírgenes, con lo más puro del hombre, con el cuerpo y el corazón, virgen de otros amoríos. Sed para Mí, para Dios, y Yo, Dios, os daré lo que os conviene, hoy y siempre.

+ Madre de Cristo.

Cuánto dolor. ¡oh, Mamá!, cuánto dolor y cuánto sufrir por ser mi Madre, la Madre del Cristo, del que recibí en Mí, el pago cruel de todos vuestros pecados.

Deseo que todos los hombres seáis como otra madre de Cristo, deseo que sintáis, por un momento, el dolor de tener un hijo que recibiera en sí el pago a las deudas de vuestro desamor y deslealtad.

Llorad, sufrid como la Madre de Cristo sufrió; y la amaréis más, mucho más, por saber de su Santo dolor.

+ Madre de la Iglesia.

Mi Santa Iglesia, mi Única Iglesia, la Católica, Apostólica y Romana, la que tiene por Madre a mi Madre, a la Santa Madre de Dios, ¡a María!

Si estáis en Mí, en Dios Creador y Redentor, estáis en mi Iglesia, y mi Madre es vuestra Madre. ¡María, Madre de la Iglesia!, Madre vuestra.

+ Madre de la Divina Gracia.

Sí, gracias a María, que quiso ser mi Madre, Yo, Dios, pude vivir y morir, y daros la gracia de mi Gracia, de ser la Divina Gracia.

Donde estoy Yo, Dios, está mi Gracia, y todo es gracioso, es decir, todo es perfecto, armonioso.

Pedid a la Madre de la Divina Gracia, os llene Yo, Dios, de Gracia, por vivir vosotros en gracia, es decir, sin pecados, por confesarlos en cuanto hagáis alguno; y ese vivir en gracia, os llene de mi Gracia, que gracias a María, pude vivir y ser la Divina Gracia, que da gracia a los que lucháis y os esforzáis para vivir en gracia.

+ Madre Purísima.

Toda perfecta era María. Y si era perfecta, era Purísima; no había nada malo en ella, ni error; todo era perfecto.

Sed vosotros puros, hijos míos. Que la pureza os da humildad, y la humildad os da pureza.

+ Madre Castísima.

Con qué amor tan grande me amó mi Santa e Inmaculada Madre. Tan grande era su amor como su castidad.

Quien me ame, sea casto y cabal, no mienta, no se ensucie, no se dañe a sí mismo ni a los demás.

Sed castos, hijos míos.

+ Madre Virginal.

Muchos dudáis de la virginidad de María, antes y después de ser mi Madre Santa.

Más aunque todas vuestras dudas escritas, llenaran cientos y miles de libros, no por vuestras dudas, dejaría María de ser virgen. Dudad si queréis, mas María es Virgen, mi Santa Madre Virginal.

+ Madre sin corrupción.

Nada corrupto hay en María, nada sucio, nada dudoso; todo, verdadero es en María.

 Sed verdaderos, hijos míos, no os deis a la corrupción, ni del cuerpo, ni los instintos, ni los sentimientos, ni los pensamientos. Sed como María: Madre sin corrupción.

+ Madre Inmaculada.

Yo, Dios, nací, me hice hombre en sus purísimas entrañas, y Ella fue y es Inmaculada.

Así es vuestra Madre Santa.

Mi poder, el poder de Dios, se recreó en la belleza toda de María. Mi obra fue perfecta, y Ella me ayudó a ella.

María fue fiel.

Vuestra fidelidad es poneros en mis manos, en las manos de Dios, y dejar que mi poder actúe en vosotros.

Sed fieles, perseverad en la fidelidad, y Yo, Dios, haré milagros en y con vosotros, con todo aquél que libremente lo quiera; ¿lo quieres tú?

+ Madre amable.

Cuánta amabilidad hay en María, la amabilidad de la fe, que da paz, amor.

Y todo es dulce, es amable, por la misma fe en Mí, en Dios, que sabe que por estar en mis manos, en las manos de Dios, no hay nada que temer, ni nadie a quien temer; y sin tener miedo, la amabilidad brota en vosotros, en vuestras palabras y hechos.

Los bruscos, los crueles, no tienen fe, tienen miedo, ¡van muertos de miedo!, y, por miedo, no son amables, ya que el que en Dios confía, sabe incluso que los malos son para un buen fin de los buenos que tienen fe en Mí, y por su fe, en Mí, en Dios, viven en gracia; y al estar en gracia, mi gracia es amable, por no temer a nadie.

+ Madre admirable.

¿Quién hace obras admirables, proezas de perfección cotidiana, ordinaria?, los que imitan a María, los que saben que Yo, Dios, existo, os amo y os cuido por mi amor.

Todo aquel que sabe de mi amor, hace obras admirables, como mi Madre. Ella hizo maravillas; y por y con Ella, Yo, Dios, hice maravillas: ¡Me hice Hombre! Por y con Ella, pude hacerme  Hombre.

Oh, María, Madre admirable.

+ Madre del buen consejo.

¿Qué os aconseja María?

* Haced lo que Él os diga.
 
+ Sí, María es la Madre del buen consejo, del sabio consejo:

Haced lo que Yo, Dios, os diga.

Y os digo: Amadme, cumplid, por amor, mis diez mandamientos, los cinco de Iglesia Católica; obedeced y amad al Santo Padre, y dadme frutos con vuestra vida cotidiana.

¡Hay tantos frutos en la monotonía de cada día! Ya os los iré diciendo. De momento, seguir los pasos de la Madre del buen consejo:

Haced lo que Yo os diga.

Amad a Dios sobre todas las cosas, y no hagáis a nadie, a nadie, lo que no quisierais que os hiciesen.

Antes de pensar o hacer o decir cualquier cosa, preguntaos poniéndoos, en el lugar de vuestros semejantes: ¿me gustaría que otro me hiciera, dijera o pensara de mí, lo que yo pienso hacer, decir, pensar de él?

Así de sencillo.

La justicia sencilla, es justa y tiene armonía.

Pero si vais con miedo por la vida, ese mismo miedo os impide ser sencillos y justos.

El miedo os complica la vida, amados hijos míos.

Seguid el consejo de María: «Haced lo que Él os diga».

Y para hacerlo, debéis dejar el miedo que os esclaviza.

Es el miedo que os hace malos y perversos.

Venced al miedo, poniendo en su lugar la confianza en Dios, en Mí.

Confiad en alguien que jamás os falla: ¡Confiad sólo en Mí, en Dios!

No os fiéis ni de vosotros mismos, ya que sois imperfectos, y errareis muchas, muchísimas veces.

Confiad en Mí, en mis diez mandamientos. Esto es lo que os digo que hagáis. Este es el consejo de mi Madre.

+ Madre del Creador.

Nada, no existía nada, antes de crearlo Yo, Dios; ni siquiera la oscuridad. Así es.

Y Yo, Dios, creé el mundo, y todo lo que en él está y vive.

Y creé la libertad. Y vosotros sois libres, por la libertad que Yo, Dios, creé. Así es.

Y si soy el Creador de vuestra libertad, es que vuestra libertad existe, ya que todo lo que Yo, Dios, creo, existe.

Mas, para poder ser realmente libres, antes tenéis que saber que la libertad existe, por haberla creado Yo, Dios, para ser la libertad vuestra, quien reconozca libremente, que en verdad y autenticidad, sois libres.

+ Madre del Salvador.

¿Por qué debéis amar a María?

¿No ama uno al que le salva la vida?

Pues, María, os ha salvado la vida, ya que Yo, Dios, pude ser vuestro Salvador, por ser Ella, libremente, la Madre del Salvador.

Y, ¿cómo os he salvado?

Muriendo en la Cruz, por vuestros pecados, sin que siquiera me lo pidierais.

Pero al ser Dios, sé y sabía de lo que necesitáis. Y, ¿quién no necesita salvarse, si cae en un abismo?

El abismo son vuestros pecados.

El pecado es el mal, por no ser lo correcto, por no ser lo bueno, lo perfecto.

El pecado no es otra cosa que la mentira de no ser libres de no hacer lo perfecto.

Sólo hay una manera de hacer las cosas con justicia, y esa manera, es hacerlas bien.

Cuando las cosas se hacen mal, se peca.

El pecado, a veces, os asusta por su palabra, mas en realidad, todos queréis hacer las cosas bien.

Mas como sois imperfectos, muchísimas veces pensáis mal, u os dejáis influir por el mal, y entonces no hacéis las cosas como quisierais.

¡Que sé que todos las queréis hacer bien!

Mas, a veces, no sabéis dónde está el bien, y por no saberlo, lo hacéis mal.

El bien está en los diez mandamientos.

¡Si es muy sencillo, es muy sencillo!

Yo, Dios, dándoos mi santa doctrina, os allané el camino; sólo que la soberbia os pone la barrera, y esa barrera es el miedo que os hace exclamar:

-“¡No!”
-“¡No puedo hacerlo!”
-“¡No soy capaz de hacerlo!”

¡¡¡Eres capaz!!!

+ Virgen prudentísima.

Aprende de Ella, de María, Virgen prudentísima.

Debes elegir: ¿O Dios, o el diablo? ¿O el bien, o el mal?

Sólo hay dos caminos, ni tres ni cuatro, ¡Sólo dos! ¿O el Cielo, o el Infierno?

Aunque tú quisieras que cuando mueras, todo se acabe. Aunque lo quisieras, no por mucho quererlo, harás cambiar la realidad.

La realidad existe a pesar de tú no quererla.

Por ejemplo: Aunque tú quisieras que no existiera la noche, aunque tú no la hubieras visto jamás, por irte a dormir antes de desaparecer el sol en el horizonte, la noche existe.

Sé prudente como María, y cree en Mí, en Dios, y en las verdades que te he revelado.

+ Virgen digna de veneración.

Agradeced de todo corazón a María, a la Virgen María, Madre de Dios. Es digna de veneración. Y deseo que se cumpla la justicia. Que la justicia, es la verdad de lo bueno y real. Y es de justicia que se ame, se venere, a la que a través de Ella, os llegó la salvación, a María.

Si la veneráis a Ella, veneráis a Dios, que la escogió para ser su Madre purísima e inmaculada.

Venerad abiertamente a María.

No tengáis vergüenza de hacer justicia.

Si la veneráis, tenéis entrada en el Cielo, por ser Ella la Puerta, la que os dio a Dios, por amor al mismo Dios.

El amor más perfecto, es amarme y obrar por amarme.

Y como Yo, Dios, soy perfecto, sólo pido y acepto lo perfecto, lo bueno.

Por lo que, amándome, dais al mundo lo bueno, por dármelo a Mí, a Dios.

+ Virgen digna de alabanza.

¡Alabad a María! Todo lo creado de mis manos, de las manos de Dios, todo lo perfecto, alabe a María, cómo los Ángeles, que, de continuo, la alaban y la llaman bendita.

Sed perfectos como los Ángeles y no temáis, ni os quedéis cortos al alabar a María, es de justicia.

+ Virgen poderosa.

Su virginidad dio por fruto al Hijo de Dios.

Por lo cual, todo lo puede María.

María es poderosa por su humildad de ponerse en mis manos, en las manos Santas de Dios.

Poneos vosotros en mis manos, y verán los hombres mi santo poder, que se traslucirá en vosotros.

Sois libres, como María, igual que San José. Y mi poder se vio en ellos, como mi poder se verá en vosotros, hombres de fe.

+ Virgen clemente.

Mi santa clemencia vivió, y dio luz al mundo por María, por permitir mi vida en Ella, por permitirla libremente.

Gracias a María, veis mi clemencia, por su clemencia.

Pedid a través de Ella, mi clemencia, la clemencia de Dios, como a través de Ella, pude dar mi clemencia al mundo, por tener cuerpo humano, para poder así dejarme matar por vosotros.

Soy clemente, por la Virgen clemente.

+ Virgen fiel.

Oh, la fidelidad de María. Fidelidad auténtica, por ser fidelidad dada en libertad y perseverancia.

¡La fidelidad mueve montañas!

La fidelidad es la moneda con que circula el amor.

Amor sin fidelidad, no es amor verdadero.

Si amas, sé fiel.

Si deseas saber si te aman, mira y comprueba su fidelidad.

El amor es fiel.

Y fiel es exclusivo, es la perseverancia, la valentía.

+ Espejo de justicia.

Oh, María, en quien Yo, Dios, reflejé mi bondad.

+ Causa de nuestra alegría.

¡Nadie podría reír ni estar alegre, si María no hubiera existido!

¡Si María no me hubiera servido!

Yo, Dios, no habría podido existir como Jesucristo. Y si no hubiera existido, no hubiera muerto.

Eso que tanto teméis, ¡la muerte! Esa muerte en Mí, en Cristo, es lo que es causa de vuestra alegría, como sin vuestra misma muerte, jamás, podríais venir a la eterna alegría de la gloria celestial.

+ Vaso Espiritual.

Por María, podéis beber y comer mi Cuerpo y mi Espíritu, y al hacerlo, os lleno de gracias espirituales.

Oh, María, por ti pueden beber los sedientos, y los sacio, Yo, Dios.

+Vaso digno de honor.

¿Quién contuvo a Dios?: María, en su seno. Pues María es el vaso que rebosó de Dios. Su honor fue ser mi vaso y estar llena de Mí, de Dios.

+ Vaso insigne de devoción.

¡Con cuánta devoción me llevó María al mundo! Santa devoción, de total entrega.

Vosotros, los que me amáis, llevadme al mundo, sed mis vasos, y dad de beber al sediento, al cansado, al atormentado, al enfermo, al pobre, al que sufre; todos desean beber.

Sed mis vasos, y os llenaré de gracias y dones espirituales, con que daréis de beber a todo aquel que tiene sed.

Y ¿Cómo podéis dar de beber?

Siendo perfectos, siendo santos.

No deseo grandes espectáculos. El espectáculo más grande para los ojos de los hombres, es ver, en lo cotidiano, el amor de vosotros a Mí, a Dios, a través de vuestra santidad, de vuestra perfección, cumpliendo, con alegría, con vuestro deber de cada día, aplicando en todo, los diez mandamientos, ¡Todos y cada uno de ellos!

Así beben los hijos de los hombres, de Dios, beben saboreando los hechos de mis fieles, de mis vasos.

¿Quieres dar de beber al mundo? Pues, llénate de Mí, y si Yo, Dios, vivo en verdad en ti, los demás beberán, por tus obras.

+ Rosa mística.

¡Con qué perfume me dio María al mundo!

Yo, Dios, el Hijo de María, estoy en la oración.

Quien ora, da mi perfume.

Es la oración lo que mueve al mundo.

Por vuestra oración a Mí, me entregáis libremente vuestra libertad, y por ella, por vuestra libertad, puedo actuar.

Yo, Dios, sólo actúo en el mundo, cuando me lo pedís.

Podría ver vuestra destrucción total y no podría hacer nada ¡Nada!, ya que sois en verdad libres.

Mas si con vuestra auténtica libertad, me pedís os ayude, entonces, y sólo entonces, puedo ayudaros.

¿Por qué va tan mal el mundo? Porque no oráis pidiéndome ayuda. Así de sencillo y veraz.

Si el mundo va mal, si las cosas no salen como queréis, es que no me lo pedís, o me lo pedís mal.

+ Torre de David.

Quien desee ser fuerte, quien desee vencer a Satanás y a la muerte en el infierno, acuda  a María.

Ella es la Torre, que David y sus incontables pecados, rodearon, sus nuevas luchas para alcanzar la sabiduría.

Sí, habéis pecado, habéis caído: ¡Habéis fracasado! ¡Acudid a María!, y como Santa Torre, controlará de ahora en adelante, vuestras caídas. Cuando uno se deja cuidar por Santa María, su lucha es triunfo seguro. Que María construya su Torre en tu vida.

+ Torre de Marfil.

¡Cuán precioso a los ojos de los hombres, es el marfil!

A los ojos de Dios, María y su auténtico amor por vosotros, los hombres, es así de valioso.

Que María sea vuestra Torre. Ella es el fiel vigía que cuida de vuestra fortaleza; ¡acudid a María! Ella os espera.

+ Casa de oro.

Así será vuestra casa, de oro. Todo brillará de santidad, por María, con María.

+ Arca de alianza.

Y Ella, María, a la hora definitiva de vuestra muerte, recordará a Dios su alianza con los hijos de los hombres, sus herederos del cielo eterno.

Y por María, se llena de compasión Dios y su justicia.

Y por Ella, por María, es mi misericordia, mi Santa Misericordia, la que está ante ti, amado hijo, amada hija.

+ Puerta del Cielo.

María, sí, María, siempre María. Ella es la Puerta por quién Dios pudo y se hizo Hombre, y Ella es la Puerta para que los hombres vengan a Mí, a Dios.

+ Estrella de la mañana.

Es María; María, quien brilla en lo alto. Es Ella, y su amor que os aguarda y os alumbra de amor y esperanza.

María, nuestra María, tuya y Mía, de Dios.

Déjate guiar por su luz.

Déjate acariciar por su mañana.

Jamás es de noche, cuando María está en tu vida, aunque tus pecados hayan sido a centenares. Ella, María, es la Estrella de la mañana. Y para ti, amado hijo, amada hija, es un nuevo día, estar y contar con María.

+ Salud de los enfermos.

Sana hijo mío, hija mía; sana de tu enfermedad mortal.

María es la salud.

Ella es la eficiente enfermera que cuida de quien desee sanar.

No puede sanar al que no desee ser sanado, o al que no tenga a nadie que le pida a Dios, a Mí, o a María por él.

Si pedís por los enfermos, Yo, Dios, puedo sanarlos; puedo llevarlos al Cielo.

Sois libres, si no me pedís, no puedo ayudaros.

Estoy ansioso de poder ayudaros. Y María está ansiosa conmigo.

Yo, Dios, puedo, si tú, hijo mío, hija mía, me lo pides.

+ Refugio de los pecadores.

Es María el refugio. En su Corazón está escrito tu nombre, compruébalo.

Pide refugio a María, y verás cómo la lucha está lejos de ti. Ella, María, te protege del Maligno, del mundo, y de ti mismo. Ve hijo mío, acude al refugio de quien os permitió la dicha de dar vida, a la amorosa locura de Dios, Dios mismo, en su Hijo Jesucristo.

Ella me dio vida carnal. Y Yo, Dios, la bendigo, y con mi bendición, la colmo de poder por ser la Madre de Dios.

Acudid a ese Refugio, y tendré santa misericordia de vuestros graves pecados.

+ Consuelo de los afligidos.

Y María, la buena María, os consolará de vuestra imperfección. Ella, la perfecta María, os da consuelo, y os da refugio, y os guía a Mí, a Dios, a la santidad, por vuestra imperfección.

+ Auxilio de los cristianos.

Quien ame a Cristo, tiene en María auxilio. Sólo basta decir: “María”. Pues su nombre tiene el poder de confundir a los demonios. Ella venció a Satanás; y por Ella, el cristianismo es el único camino eficaz de poseer el verdadero, el eterno amor de Dios, ¡El Mío!

+ Reina de los Ángeles.

El humilde sí de María, le puso la corona de Reina. Y mis ángeles la sirven, por ser Ella, María, mi esclava.

+ Reina de los patriarcas.

Yo, Dios, proclamo Reina de todo aquel que me conozca a Mí, a Dios: a María, y Ella es el estandarte de todo aquel que me ame.

¡Que María reine en tu vida!

+ Reina de los profetas.

Más que profeta es María: Ella es la parte principal de la profecía. Si Dios fui hombre, soy hombre y Dios, es por María, la reina de los profetas, la clave exacta de la profecía salvadora, de Mí, de Dios Redentor.

+ Reina de los apóstoles.

En María y con María, mis apóstoles sobrevivieron a la infidelidad por causa de su miedo.

Ella, María, Reina de los Apóstoles, reina, por reinar en el calvario.

Su dolor fue su atrio.

Su corona fue su desgarrador y sollozante llanto.

Reina de los apóstoles, por ser fiel a su Hijo Dios, en la prueba del dolor, de la vejación, del holocausto del Santo Cordero.

Ella, Reina del rebaño de Cristo crucificado. Ave María.

+ Reina de los mártires.

María, primer mártir cristiano, murió en sí misma para dar fruto al Redentor. Murió al mundo, por obedecer la voluntad de Dios.

Si María no fuera la Reina de los mártires, Jesucristo no habría existido.

+ Reina de los confesores.

Por María, perdono vuestros pecados, si me lo pedís a través de Ella. Como los confesores tienen mi santo poder para daros la paz, por María conseguiréis la paz. Ella misma es la paz, por ser perfectamente mía.

+ Reina de las vírgenes.

Amadas vírgenes consagradas, María es vuestra Reina, obedeced sus deseos.

Rezad por el mundo, y el mundo será bueno, ya que al rezar, estableceréis en el mundo el reino de María, y María es la bondad misma, la Bondad, que libremente fue buena, porque así lo quiso Ella misma.

+ Reina de todos los santos.

La primera en ser Santa, María.

La primera en rendir justicia a Dios, María.

Ella, María, me dio gloria con toda su vida. Ella, por eso, es la Reina de los Santos que viven en el Cielo Eterno.

+ Reina concebida sin pecado original.

Eso deseo contaros, amados míos, con discernimiento.

Hay muchos que pensáis que fue muy fácil la lealtad, fidelidad y justicia de María, al darme su Sí, por haber sido concebida sin pecado original.

El ser concebida sin pecado original, no quiere decir en manera alguna, que no era libre. María era libre, como todos y cada uno de vosotros. Y al ser verdaderamente libre, podía pecar, si Ella, si María, libremente, así lo quisiera. De lo único que Yo, Dios, la reservé, es del pecado original, al que Adán y Eva, vuestros primeros padres, os arrastraron, por su libre pecado.

Os lo aclararé de forma sencilla: María era libre, igual que Adán y Eva.

Adán y Eva, libremente pecaron.

María, libremente me amó, y fielmente, me lo demostró.

Podía haber hecho como Adán y Eva, ya que su naturaleza espiritual era la misma.

Por eso, María tiene tanto valor a mis ojos, a los ojos de Dios, ya que Ella no pecó, pudiendo libremente hacerlo, como lo hicieron Adán y Eva.

Ella, María, igual que ellos, nació sin pecado original, para que su libertad, al ser como la de Eva, pudiera rendirme obediencia, de la misma manera con que Eva me rindió traición.

El Sí de María a mis deseos de ser mi Madre, la Madre de Dios, la eleva ante Eva y la hace digna de ser Corredentora Mía, de Dios.

Eva dijo no, a mi petición de obediencia. Y lo hizo con sus obras, que se adhirieron a Satanás, rindiendo con ella la voluntad de Adán, que, como María, era libre de decidir sucumbir a las palabras de Eva, como María, que fue libre de adherirse a la voluntad del arcángel Gabriel.

Ella, María, decidió libremente, como así lo hicieron nuestros primeros padres, Adán y Eva, y como lo decidís vosotros, cada uno de vosotros; aunque Ella, a diferencia de vosotros, amados míos, nació, fue en verdad, concebida sin pecado original. Mi justicia, la justicia de Dios, era tener ante Mí a otra Eva. Una, quitó la perfección, y otra, María, la restauró, libremente, como todo lo que pide Dios a los hombres.

+ Reina elevada al Cielo.

Y por sus propios méritos, por los méritos de la perfección humana de María Inmaculada, en su libertad a la obediencia, fue elevada a los Cielos, sin traspasar el santo velo de la muerte. Su santidad la elevó a la gloria celestial, porque soy Dios, y todo lo puedo, y soy fiel con quien libremente me es fiel. Y amor, con amor pago. Y justicia, con justicia actúo. Y así sigo haciéndolo con todos los hombres, sin discriminación.

+ Reina de Santísimo Rosario.

Y sentencio Yo, Dios, y mi sentencia es sellada con mi sello:

El rezo del Santo Rosario, es el arma eficaz para parar los males con que los hombres cernís, envolvéis, el mundo, por vuestros pecados, por la astucia de Satanás, que os instiga a la destrucción.

 El Santo Rosario a María Inmaculada, Reina en el Cielo y en la tierra.

Y es el instrumento que María utilizará para pisar la cabeza de la Serpiente.

Ella, María, vuestra Reina, la Reina del Santísimo Rosario, os necesita para salvar al mundo. Rezad el Rosario, y tendréis parte en la victoria final de María Inmaculada.

+ Reina de la familia.

Rezad en familia. Quien así rezase, vivirá unido y gozará del reinado de María Inmaculada, Madre de Dios.

+ Reina de la paz.

Y contribuirá a la Era de la paz en el mundo. Y poseerá eternamente la paz, en la eternidad celestial, del bien y la dicha total.