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Revelaciones 3

Jueves, 7 de diciembre de 1995… rezo… (13:46) a (14:25)

 

Yo.- (Dios, mi Señor, me pide que escriba).

+ Amados míos, a todos los hombres os digo Yo, vuestro Dios, que tanto y tanto os ama:

¡Os necesito a cada uno de vosotros, oh, amados hijos míos!

No deseo que penséis que no os necesito, que sin vosotros puedo hacer mi voluntad.

Yo deseo, vuestro Dios desea, os rindáis a mi amor, y por vuestro amor, me sirváis.

Desde el mismo instante en que sois engendrados, ya formáis parte de mis planes, y necesito los cumpláis voluntariamente.

Por eso os digo:

Oh amados hijos míos, ¡os necesito!

Necesito que ocupéis el lugar correcto y adecuado a cada uno para darme gloria.

¡¡Es falso que sin vosotros puedo pasar!! (Yo.- Y su voz es poderosa al decirlo).

Si Yo, Dios, he permitido vuestra vida, es que estáis bajo mis santos planes de amor y redención, de esperanza y edificación.

Repito:

¡¡Os necesito!!

A ti.

Sí, a ti; tal y como eres, con tu espíritu, con tu cuerpo físico; esté enfermo o sano, joven o viejo, seas alto o bajo.

¡Precisamente es a ti, a ti, a quién necesito, hijo mío, hija mía!

No es que si Yo, Dios, quisiera, podría encontrar a otra persona que ocupara mi voluntad, ¡es que estás destinado tú, tú, a ella!

Y no me vengas con falsa modestia.

Eres hijo, hija de Dios, y como tal, me debes gloria, que es servicio y amor, entrega total y auténtica sumisión amorosa, y fiel docilidad a tu Dios, ¡¡a Mí!!

Sí, lo que tú debes hacer por Mí, por tu Dios, que tanto y tanto te ama, no puede hacerlo otra persona.

¡Tu sitio es tuyo!

Es el sitio que Yo, Dios, te he elegido, y es el lugar adecuado para tu santidad.

Nadie, absolutamente nadie, puede sustituirte.

Yo, Dios, permití tu nacimiento para darte un puesto de gran importancia, la importancia de ser hijo, hija de Dios, y heredero, heredera, del Cielo Eterno, donde la felicidad es total, donde estáis constantemente e infinitamente conmigo.

Allí sois felices y os gozáis con vuestro amor de mi amor, que es el amor más maravilloso, grande y sublime, que jamás sentisteis.

Y Allí vivís, sentís y gozáis eternamente.

Deseo haceros saber, hijos míos, que Allí veis del mundo sólo lo que Yo, Dios, deseo que veáis, y que sea y es, para gozo vuestro.

Las cosas malas que hacéis mis hijos cuando estáis en la tierra, no permito Yo, Dios, que las almas santas que están conmigo, las vean, ya que os llenarían de dolor; y Allí, en el centro de mi Santo Corazón, el Corazón de Dios, siempre hay amor puro, y el amor puro no es compatible con el mal, ya que el mal es sucio, es mentira, ya que la mentira va contra la verdad, y la verdad es entera, pura, sin mancha, y por eso en el amor puro, en el Cielo de Dios, mi Cielo, no hay dolor; y si no hay dolor, no puede haber visión de mal, que es la mentira de no dar amor y gloria a Dios; y por eso las almas que están en Mí, en el Cielo, no ven más que lo que Yo, Dios, deseo.

Cuando pedís que interceda un Santo, un alma que está en el Cielo, por vosotros, o se lo pedís a un ángel mío, siempre, siempre, vuestra petición llega a Mí, a Dios Espíritu, que soy el que está y lo abarca todo. Y si es de mi voluntad y deseo, hago por mi poder, que a quienes van dirigidas vuestras peticiones, las oigan y os sirvan de intermediarios, por mi santa voluntad y amor.

Por eso digo, que Dios oye toda oración, ya que Yo, Dios Espíritu Santo, estoy en ti, en la tierra y en el Cielo.

Nada ni nadie se esconde de mi presencia, sólo los que viven eternamente en el Infierno, los desterrados, los que me odian y odiaron. Y si no los veo, no es por su voluntad, sino que Yo, Dios, no los deseo escuchar, ya que si es mi deseo, los contemplo, pero ellos no están en Mí, ya que Yo no puedo estar en el mal; puedo verlo, observarlo, mas no vivo en el mal.