Sábado, 19 de Abril de 1.997 Rezo…
23:55h. a 00:26h.
Yo.- Amado mío, quisiera saber el por qué hablas tanto de las vacaciones. ¿Por qué no te gustan?
+ Yo, Dios, trabajo siempre.
Yo, Dios, os di el domingo para descansar de vuestro duro trabajar. Pero, ¿qué hace el hombre? No descansa el día señalado. En vez de esto, agota físicamente su cuerpo con actividades que están lejos de recordarme en el santo día de asueto. Antes fue en sábado, ahora es en domingo para recordar el fiel día de la Resurrección de Cristo.
Si Yo, Dios, hubiese visto que era bueno tener un mes o quince días al año, de vacaciones, ¿no creéis que os lo hubiera dicho, amados hijos míos? Y, ¿qué pasa?, que, pensando en las vacaciones, muchos sobrecargáis los trabajos esperando descansar por vacaciones, y cuando llegan seguís, la moda, y en vez de descansar os vais a viajar. ¿Creéis que se descansa fuera del hogar, en otro clima y ambiente familiar? Esto cansa mucho más, y cuando regresáis me trabajáis mal, ya que estáis cansados de las vacaciones y no me rendís un trabajo grato a mis ojos, a los ojos del Altísimo, de quien desde lo alto os vengo observando.
¡Abusáis del día de descanso, abusáis de las vacaciones! Os cansáis y acortáis vuestras vidas con el trabajo no profesional, del día de descanso, habéis perdido el sentido común.
Y sí, Yo, Dios, digo que estoy contra las vacaciones, tal y como las veis y pasáis algunos hombres; sólo pensáis en gastar, en viajar por el qué dirán.
Me tenéis cansado, de tanto despilfarro físico y monetario, mientras no sois capaces de ocuparos correctamente ni de vosotros; ni de vuestros hijos, padres, familiares, amigos o de vuestros semejantes, ¡ni de mi santa Creación!
Y alardeáis, se os va la fuerza por la boca, mientras planeáis o alardeáis del lugar de moda, que tenéis o habéis pasado vuestras caras vacaciones.
Que muchos veis el trabajo como la posibilidad de hacer dinero para gastar en vacaciones de verano, e invierno; no me gusta esto.
Se me pone a Mí, a Dios, en último término y soy el Primero. Ya no trabajáis para Mí, para Dios, sino que dais gloria a las vacaciones y esto no lo deseo para los míos, los que me amáis.
Y como no veis maldad en unas “merecidas” vacaciones, os dais el gusto de no acordaros de Mí, de Dios, que descansé el séptimo día, pero no tuve, ni tengo vacaciones. No gasto dinero, ni energía, en algo superfluo como es el perder el tiempo. Y esto son estas “merecidas” vacaciones que decís, son una pérdida de tiempo.
Y los míos, los santos, no tenéis tiempo para perder. Y si es que lo tenéis ya no sois santos, ya que en la perfección está el trabajo constante, y el descansar un día de cada siete y no treinta días seguidos; y los que vienen después para recuperar el tiempo perdido.
Yo, Dios, os pido todo vuestro tiempo, incluso en el día de descanso. Os lo pido para Mí, para acudir a misa, confesar y comulgar; que esto es descansar. ¡Uno sólo descansa cuando está en paz! Y Yo, Dios, soy la paz.
Por esto, el domingo es mi día, día de descanso para venir a buscar mi Paz, la paz de Dios.