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Revelaciones 26

Domingo, 24 de diciembre de 1995… rezo… (9:30) a (10:10)

 

Yo.- Amado mío: ¿por qué me hiciste rezar veintiocho veces la oración que me dijiste, la madrugada del ocho de diciembre?

+ Dios te lo dice; Yo te lo digo: fue por las veintiocho personas que estaban en contra de hacer llegar estos, mis Santos Escritos, al Santo Padre, como era y es mi voluntad.

Es más que una voluntad divina, era una orden del mismo Dios ¡Yo!

Anota, Primavera, la visión que viste y la oración que te hice rezar veintiocho veces…, toda la visión.

Yo.- Yo, Primavera, vi en visión al Santo Padre, Juan Pablo II, que estaba de rodillas ante un Sagrario, y leía mis escritos, los Escritos que Dios me dicta. Leía y leía. Había otra persona con él, pero esta persona no leía, sino que estaba como de “guardia”; entraba y salía de la capilla u oratorio.

Era la noche del siete de diciembre, yo estaba en la cama y estaba con mi esposo Fuerza, e iba diciéndole a mi esposo lo que veía. Estábamos a oscuras. De pronto, vi como el Santo Padre dejaba de leer los Escritos de Dios, y los besaba.

Yo, le dije a mi esposo: “¿Qué hora debe ser?”. Y Fuerza, me dijo: “Las once quince u once treinta” Y por mi curiosidad, abrí la luz de mi mesita y miré el reloj: ¡eran las doce en punto de la noche!

Yo le dije a mi esposo: “A lo mejor, el Santo Padre los está leyendo de verdad, y termina para irse a dormir”. Y nos emocionamos, y yo lloré un poquito, sólo un poquito, y era de alegría.

Vi en visión, que aquella tarde, el Jefe de Sección de los De Belén, monseñor Perdiel, recibía de manos del sacerdote de X, el Padre (x) (no recuerdo su nombre de pila. Fue uno de los sacerdotes que nos atendió en el Lugar de los De Belén, en la ciudad X), los Escritos que Fuerza y yo les llevamos, y que son los que me dicta Dios…

Luego nos dormimos.

A las cinco y veinticuatro de la madrugada, Dios me despertó y me dijo: (lo anoté en un papel).

+ “Reza esta oración por el Santo Padre, veintiocho veces:

“Yo, Dios todopoderoso, por mi autoridad sobre los hijos de los hombres, prohíbo a Satán interfiera en el alma del Santo Padre”.

Y lo dices veintiocho veces, y cesará su intervención.

Dices cada vez, tres veces, amén”.

Yo.- Yo tenía que hacer esfuerzos para rezarla y no dormirme, y no descontarme, y rezar las veintiocho veces. Y mientras rezaba, veía en visión al Santo Padre, que dormía en su cama; y de pronto, Satanás, se puso tras él, y se dispuso a quitarle la vida. Yo rezaba, rezaba la oración que me dijo el Señor, y a medida de ir rezando, a Satán se le acabaron las fuerzas. Faltando poco para terminar mis oraciones, entró en la habitación del Papa, la persona que vi en mi visión primera, y que estaba junto al Santo Padre en el oratorio. Esta persona (que era un sacerdote) se asustó mucho, y vinieron al dormitorio del Santo Padre, varias personas más (unas seis o siete). El Papa estaba medio muerto, y yo seguía rezando, y cuando me faltaban dos o tres repeticiones, el Santo Padre vivió, y todos los allí presentes, decían emocionados: “¡Es un milagro! ¡Es un milagro! ¡Milagro! Ha sido la Virgen María, Madona”… Yo sabía que habían sido las oraciones que yo había estado diciendo, por orden y mandato Divino.

Luego vi al Santo Padre, ya recuperado en su cama, y una persona le iba leyendo los Escritos que Dios me dicta, y el Santo Padre lloraba emocionado. Así y aquí acabó mi visión.