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Revelaciones 1

 

MARÍA INMACULADA Y SU HIJO DIOS

Cuarto libro de Revelaciones Divinas a Primavera de la Gloria de Dios

 

Viernes, 22 de marzo de 1.996   Rezo…      12:16 h.

Yo.- Dios me pide os cuente mi visión:

Yo, Primavera, estaba con toda mi familia, reunidos para rezar las tres partes del Santo Rosario a Mamá. Tenía a Flos en brazos, que estaba tomando un biberón de leche.

Hemos encendido, como siempre, una vela y hemos puesto un manto blanco, como siempre, en un sillón, para que Mamá se siente en él cuando rezamos su Rosario, tal y como me pidió Dios, hace algunos meses.

Y ha llegado Mamá, pero hoy vestía de color oro, su capa también, y sus zapatos planos también; y llevaba una corona de oro que lucía brillante apoyada en su cabeza, y sus lindos cabellos brillaban como destellos dorados, igual que el amor que salía de sus ojos. ¡Estaba bonita de verdad, preciosa, divina! Y estaba sentada en el sitio que le reservamos. Y tenía en una mano el mundo, que era dorado. Y en la otra, una linda rosa roja.

Hemos empezado a rezar el Santo Rosario, y Ella nos miraba con mucha paz.

Cuando Fuerza ha anunciado el tercer misterio de Gozo: “El nacimiento de Jesús”, el mundo que sostenía Santa María en su mano, se ha abierto por encima y han salido de él, flores rosas, creo que eran rosas, pero si eran rosas, debían ser rosas silvestres, ya que no eran pretenciosas ni muy grandes, pero eran muy bonitas.

Íbamos rezando Avemarías y he visto que, de dentro del mundo que sostenía Mamá, salía una serpiente, no muy grande, debía ser como una culebra. Ha bajado al suelo y Santa María la ha pisado con su pie envuelto en un zapato dorado, que lo ha puesto en la cabeza de la serpiente.

Hemos continuado rezando.

Cuando Fuerza ha anunciado el primer misterio de Dolor: “La oración en el huerto”, Santa María se ha puesto a llorar sangre, pero esa sangre no le ensuciaba el vestido. Yo también me he puesto a llorar al ver a Mamá llorar de esa manera, y le he preguntado: “¿Por qué lloras así, Mamita? Y Ella me ha dicho: “Lloro por todos aquellos que no lloran sus pecados”.

Hemos ido rezando y veía a dos ángeles, uno a cada lado de Santa María, que iban recogiendo las lágrimas, que caían en unas pequeñas vasijas.

Cuando Fuerza ha anunciado el cuarto misterio de Dolor: “La subida al Calvario”, se ha cerrado el mundo que Mamá tenía en su mano, y los ángeles han derramado las lágrimas de sangre encima del mundo.

Hemos continuado rezando el Santo Rosario.

Al llegar a los misterios de Gloria, la bola del mundo se ha envuelto en una aureola dorada, y Mamá también ha empezado a resplandecer mucho: la envolvía un gran resplandor de oro y, aunque continuaba sentada, estaba un poco elevada. Al llegar al cuarto misterio de Gloria: “La asunción de Nuestra Señora”, se ha puesto de pie pero no tocaba al suelo; estaba elevada unos 4 centímetros del suelo. Luego, en el quinto misterio de Gloria: “La coronación de la Virgen”, han empezado a caer del Cielo rosas rosas; caían con dulzura, y Ella ha cogido algunas: seis, que ha venido a dárselas a mi hija Flos, y la ha besado, y he visto al ángel de mi hija Flos, muy reluciente y de aspecto guerrero: fuerte y valeroso, que se inclinaba ante María, y Ésta le ha puesto sus manos en la cabeza, y aún se ha encendido más su brillo.

Al empezar las letanías, Santa María ha vuelto a sentarse en su lugar, pero iba vestida de blanco, muy sencilla, y Jesús, de pie, a su lado, la ha cogido con sus manos, las dos suyas, y a medida que Fuerza iba recitando las letanías, Jesús, Dios, se las iba piropeando con una amorosa sonrisa a su Madre Santísima. Y  cada vez que decía una, caía del Cielo una rosa roja.

Al llegar a los rezos de: “Cordero de Dios…”, ha llegado ante Santa María, el Papa, Juan Pablo II, que ha procedido a arrodillarse, pero Jesús le ha cogido, al poco de inclinarse el Papa, por los hombros; la mano de Dios ha rodeado con amor los hombros de Juan Pablo II, y así se han quedado. Al llegar al Credo, Juan Pablo II se ha arrodillado  ante Santa María, y durante todo el rezo del Credo, le ha ido besando los pies. Después hemos empezado a rezar el Ángelus, y he visto tres Ángeles, que creo que los tres son del Santo Padre: había uno que era luminoso en sobremanera; éste sí que vi que era del Papa, ya que se notaba que le protegía y que eran muy amigos, el Santo Padre y él. Y al finalizar el Ángelus, Mamá ha besado al Santo Padre y me ha dicho: “Con mis besos al Santo Padre, Yo, María, beso a toda la Iglesia Católica, a todos mis hijos.”

Y creo que así ha terminado todo.   

+ Así ha sido, amada Primavera. Yo, Dios, me apresuro a poner mi santo sello a tu visión.

Deseas saber, Primavera, el por qué seis rosas a Flos. No fue porque nació el día seis, sino porque el seis es el número del amor, de la nueva era, la segunda oportunidad de Dios a la tierra. La primera fue al nacer Yo, Cristo, Dios. Y la segunda es por los sacrificios y expiación de todos los santos, encabezados por el dolor, por amor, de Santa María, y que por Mí, por Dios, y por ellos, empieza la nueva era. Era de Dios y su amor. Os doy mi bendición y derramo mi Espíritu con más fuerza al Santo Padre, para mi nueva era. Alegraos, benditos míos, Dios será amado. 

13:09 h.