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LA IGLESIA DEL PAPA, LA ÚNICA IGLESIA DE DIOS - 32. página

Libro nº 7 de Primavera de la Gloria de Dios

Revelaciones 30

Miércoles, 23 de Abril de 1.997    Rezo…
11:12h. a 13:52h.

+ Os digo, amados míos, cuán grato son a mis ojos las mujeres santas. Éstas que prestan sus cuerpos para que Yo, Dios, y ella junto a su esposo, podamos tener hijos.

¿Qué sería del varón que deseara serme fiel y cumplir con su deber de estado, dándome todos los hijos que Yo, Dios, quiera, si su esposa no le cediera su cuerpo para que él y ella se santificaran?

Ay de las esposas malvadas, éstas que dan preferencia a la moda y tienen uso de su cuerpo para seguir la moda mundana: el sexo por el sexo, la esbeltez y el estar libre de ataduras físicas, (hijos suyos y míos), para poder ir a trabajar, para consumir. Es decir, para un nivel de vida más alto, o sea, caer en lo bajo de ser esclavas del capitalismo, renunciando a su libertad de ser buenas esposas y madres bondadosas.

¡Apartaos, varones justos, de la mujer necia!

¿Qué deseáis: una esclava para trabajar la tierra, o una fiel y buena compañera que os ayude a llegar al Cielo?

Y tú, mujer, sé digna y ve altiva con el santo deber cumplido, que es el darme hijos: ¡Todos los hijos que Yo, Dios quiera!

¿Qué hay de malo en ello, qué hay de malo en ser madre? ¿Es que es mejor dar dinero que hijos? ¿Desde cuándo tiene precio vuestra indecencia?

Sé decente, hija mía, y no pongas precio a las cabezas de tus hijos; no son delincuentes, no tienen vida aún para que hayan cometido mal tan grande que no les permitas vivir.

¿Qué es una mujer decente? La decencia es parte interna de la pureza, y lo externo es el cuerpo. Debéis cuidarlo, pero cuidarlo no es idolatrarlo.

Cuidar de una cosa es hacer todo lo buenamente posible, para que esta cosa funcione perfectamente, o sea, cumpla con su deber.

Y el deber de la persona, hombre o mujer, es darme gloria, a Mí, a Dios, sobre todas las cosas.

¿Cómo se da Gloria a Dios? A Mí, a Dios, se me glorifica dándome el título de Creador del Universo, del Cielo y el Infierno.

Y si soy Creador y tú existes, es porque Yo, Dios, te creé. Y si te creé, es que has salido de mis manos, de las Santas Manos de Dios: y si has salido de Mí, es que eres mío, de Dios.

¿No decís “vuestro” a lo que ha salido de vosotros? ¿Vuestro trabajo, vuestros hijos? Pues si sois míos, sois santos como Yo, Dios, lo soy, y lo es todo lo que de Mí ha salido.

Pues siendo así, vuestras obras deben ser perfectas, santas, inmaculadas, sin mancha de imperfección.

Entonces, llegado a esto, amados hijos míos, hijos santos, perfectos: debéis hacer lo santo, lo perfecto con vuestro cuerpo, siguiendo lo natural, que lo natural es la armonía en la Creación.

Y lo armonioso en el hombre y en la mujer es que os unáis en una sola carne, y que, de esta unión santa, perfecta, nazca vuestra propia creación perfecta, los hijos.

Esto es lo natural, y ninguno de vosotros osará ir en contra de esta verdad sin ánimo de que le digan mentiroso. Como, por ejemplo, hay diversidad de trabajos según el gusto o voluntad individual, no hay en cambio, otra opción más que la de crear hijos cuando un hombre y una mujer se unen de forma natural, es decir, sin perturbar la armonía de la naturaleza. Es decir, siendo justos, que la justicia es aplicar la verdad. Por lo cual, el uso natural y justo del cuerpo, es que los que se dan en casamiento sean fieles a su naturaleza y creen hijos de los dos. Todo lo que hagáis en contra de esta justicia os dañará el cuerpo, y la mente es parte del cuerpo.

Y, además, todo lo que con vuestro cuerpo hagáis contra vuestra misma condición natural, os llevará al Infierno: allí donde van a residir para el resto de la inmortalidad, corporal y espiritual, los que actuando contra sí mismos, es decir, contra su propia naturaleza, Yo, Dios, Cristo, los sentencié por mi justo juicio al Infierno. Y digo que, con ellos, estará sufriendo interminablemente y eternamente su cuerpo, ya que, Yo, Dios, Jesús, en el último día del mundo, acudiré a buscar vuestros cuerpos.

Fijaos si sois importantes para Mí, para Dios, los hombres, que vendré en el último momento a rescatar vuestro cuerpo, de la destrucción total del universo. No rescataré oro, ni plata, ni zafiros, diamantes, o esmeraldas; todo esto por lo que trabajáis, por lo que hacéis rendir vuestro cuerpo, pues Yo, Dios, desprecio esto que vosotros tanto amáis, y en cambio amo y quiero lo que despreciáis, vuestros cuerpos, ¡vuestros hijos!

Fijaos bien en lo que os digo, amados míos. De todo el universo: estrellas, satélites, planetas, etc. no vendré a buscar otra cosa que vuestros cuerpos para unirlos a vuestras almas, a las almas de todos los tiempos. Y con cuerpo y alma, gozaréis de lo que os pertenece por juicio personal y mundial, ya que entonces mi juicio, el juicio de Dios en Santa Unidad, es decir, en perfecta comunión: Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, Yo, Dios, sentenciaré al mundo, a todos, a los ojos y oídos de todos.

Y los malos iréis perpetuamente, en cuerpo y alma, al Infierno Eterno: allí, a llorar con vuestros mismos ojos, a sufrir con vuestro corazón, que Yo, Dios, resucitaré y daré vida en el último día.

Y los buenos, oh, los buenos, los santos, los que libremente fueron y sois perfectos; vosotros reiréis con vuestra boca y os abrazaréis con vuestros brazos, los brazos mismos que ahora no existen por haberlos devorado los gusanos en vuestras tumbas; más, mi Voz da vida, ¡soy Dios!, ¡Dios! Y todo obedecerá mi Voz, y crearé, por ya estar creado desde el principio de los tiempos, un Nuevo Cielo y una Nueva Tierra; es decir, un Nuevo Universo, una vida perfecta, con semejanza al Jardín de Edén, ¡mi nuevo Edén! Y allí, los nuevos Adán y Eva, viviréis felices en esta tierra de belleza, donde no hallaréis nada de extraño, ya que todo será nuevo y maravilloso, salido de mi pensamiento, ¡de la mente de Dios! ¡Yo!

Y Allí, los buenos, los perfectos, los santos, los que hoy cumplís con vuestro deber, seguiréis viviendo y cumpliendo con vuestro deber.

Aquí, vuestro deber es la justicia, la verdad de ser y actuar tal y como sois, es decir, ser naturales. Y Allí viviréis con naturalidad los goces inenarrables de inmensa, intensa felicidad, deleitándoos en gozar de Mí, de Dios, que estaré en todo lo creado, plenamente en todo.

Aquí estoy en parte, ya que Satanás me usurpó la totalidad, por la libertad que Adán y Eva le cedieron de su propia libertad; tal y como seguís haciendo vosotros. Incluso muchos de los que los criticáis, que seguís libremente dándole a Satanás, al mal, parte de mi parte, es decir, vuestra total obediencia a mis justos deseos de ser vosotros libremente naturales: es decir, a rendiros a la libertad de funcionar con naturalidad. Y la naturaleza del hombre es que hombre y mujer se complementan con sus sexos, para que con tal acto, complementario y mutuo, ambos cumplan con su deber que es el resultado de un acto natural, es decir, establecido por lo físico, por lo que no es opinable; como no es opinable que un hombre desee ser mujer o viceversa.

Quiera o no, se opere o no, un hombre es lo que su sexo, por mi deseo, el deseo de Dios, le doy, le permito tener. En esto no sois libres, como nadie que se llame justo puede dejar de cumplir con su deber, el deber que la naturaleza le ha dado, y él, libremente, lo ha aceptado dándose en matrimonio.

La naturaleza es justa. Todo animal que usa del coito engendra una cría, si éste es mi deseo. Y todo matrimonio que usa del coito, si no va contra sí mismo, es decir, si es natural, engendra un hijo si éste es mi deseo y se lo permito.

Por lo cual, lógicamente sabréis que un deseo del Creador es la obediencia en la creación. Y en los hombres es vuestro deber, por cuanto los hombres sois libres, libres de cumplir o dejar de cumplir con vuestro deber, pero vuestro deber os viene instituido por lo natural, lo lógico, lo que es por ser.

Hijas mías, es grande, muy grande ser mujer. Si tú cumples con tu deber y tienes hijos del varón, te santificas, me das gloria: y gracias a ti, a tu cuerpo que me das y das al varón, éste puede cumplir con su deber y darme hijos. Pero si tú, hija mía, mujer, te niegas; acarreas contigo y por ti, la desesperación del varón que necesita de ti para ser padre.

Y vosotros, amados hijos, sin vosotros la mujer no puede parir: os necesitáis uno al otro. Por lo cual, veréis que justamente no os hice iguales, sino complementarios, para que, necesitándoos mutuamente, os unierais en un solo cuerpo y no estuvierais solos, sino que andéis juntos, acompañados y unidos como en el mismo acto sexual, para que, cumpliendo con vuestro santo deber, seáis naturales, o sea, funcionéis con naturalidad. Y el sexo es para crear vida, ¿o sabéis de otra manera de hacerlo?

Pues no habiendo dos maneras sabréis que esta única manera, la unión de los dos sexos, es para crear nueva vida, por cuanto veréis que los sexos, son para esto: para dar nueva vida, ya que la unión de ellos no tiene otro fin cuando se hace con naturalidad, es decir, no poniendo impedimentos a lo que es de su uso.

Que el sexo da placer, también lo da el comer, todo lo que Yo, Dios, deseo que libremente hagáis, os doy placer en ello, ya que os amo y sois hijos míos, hijos de Dios.

Y Yo, Dios, sentí placer al crearos, al obedecerme en mis deseos de creación. Por esto, todo lo bueno es placentero, no repugna a ninguna parte del cuerpo si éste está sano, es decir, no está enfermo; que la manipulación mental es una enfermedad que os hace tener reparos a la hora de cumplir con mi Santa Voluntad, ya que el mundo, lo mundano, ha atrofiado vuestro juicio y ya no tenéis buen juicio; es decir, no sois justos por no tener buen juicio, o sea, estáis enfermos, ya que la verdad de la justicia no se halla en vuestros entendimientos. Por lo cual, digo, Yo, Dios, estáis enfermos; debéis acudir al médico.

Y, ¿qué es un médico?, uno que ha estudiado el cuerpo humano y que cree saber su buen perfecto estado, y su funcionamiento correcto.

Y digo Yo, Dios, a estos médicos, ¿es un mal funcionamiento dejar al cuerpo libre para que cumpla con lo que está capacitado para funcionar?

Muchas, muchísimas enfermedades os vienen por la esclavitud hormonal, y el Sida es una de ellas: no sois libres con vuestros cuerpos, por sujetarlos a la impureza de un mal uso de la naturaleza, y moriréis física y espiritualmente, por no cumplir justamente con vuestro deber, por ello, os espera el Infierno Eterno.

Si tú estás arrepentido, Yo, Dios, te perdono y te prometo la salud, y un nuevo futuro si acudes a confesar ante un sacerdote de la Iglesia Católica, la Iglesia del Papa, por estar tú bautizado en ella: y si no lo estás, te haces bautizar.

Y como te digo, amado hijo mío, amada hija mía: confiesas tus injusticias ante un sacerdote y éste te dará mi perdón; y vas a comulgar, y Yo mismo, Dios, Jesucristo, te daré a Mí mismo, y Conmigo mi Verdadero e Infinito Amor. Y podrás vivir en paz, en la paz de ser justo; de vivir la verdad que te da la libertad de hacer el bien, el bien en ti. Y por tal motivo me das gloria a Mí, a Dios, ya que das gloria a Dios cuando actúas, obras según tu naturaleza, es decir, según tu deber cumplido.

Pero antes de juzgar lo que es vuestro deber, os digo, Yo, Dios, que si lo miráis con los ojos de lo mundano, es decir, de lo que dice el hombre por el hombre; esto no es mío, es del hombre mismo. Por lo cual, dista mucho lo natural del mundo, de lo verdaderamente natural. Y te doy un ejemplo: muchos gritan, vociferan para salvaguardar la naturaleza, los animales en extinción, y, estos mismos extinguen a sus propios hijos.

Encontrarás la verdad en mi doctrina: la Católica, Apostólica y Romana, en las palabras santas del Papa, el Catecismo.

Estudia el Catecismo, allí está la verdad del hombre por Dios, por Quien os creé y os redimí. ¡Estudia la Doctrina del Catecismo Católico! Sabrás cuál es tu deber.

Muchos deseáis ser buenos, hacer el bien, pero no sabéis cómo. Vais confundidos por la doctrina del mundo, que está influida por el marxismo, y en el marxismo está Satanás mismo que la infundió a un hombre enfermo del amor de Dios, y éste fue su error: No me conocía, no conocía a Dios, sólo trataba a los hombres, y los hombres sois imperfectos, y a muchos, su imperfección les ha hecho y les hace hacer maldades.

Y estas maldades, vistas por un hombre débil, sin fe, le horrorizan y le hace odiar al mundo, a sus semejantes. Por lo cual, por este miedo que desencadenó su odio, desea desesperadamente que todos los hombres sean iguales; para así no tenerles miedo. Y por esto nació el comunismo, para que la gente fuera común, unos con otros.

Pero la gente sois personas, por cuanto, sois individuales que os unís en dos sexos. Y en eso mismo deriva vuestro instinto, en ser hombres y mujeres que atrayéndose mutuamente, deseáis ser dos en uno mismo. Y más de dos es imposible una unión, por lo que, vosotros, hijos míos, sois pluralistas: ni en la unión hombre y mujer sois iguales, ya que por ser hombre y mujer sois ya distintos.

Por lo cual, una doctrina común, es decir, haceros vulgares, comunes, tal y como pretendía y aún sigue pretendiendo el comunismo, es algo incierto. Es decir, no es cierto, no podéis ser todos iguales, siendo, eso sí, todos iguales a mis ojos, a los ojos de Dios. Pero esa igualdad no es la misma igualdad de los marxistas, los comunistas.

Os desean todos iguales, arrastrados ante quien es el cabeza, el padre, ¡y no hay padre más que Yo, Dios! El que engendré mi Doctrina Católica, la Doctrina Verdadera.

Todas las otras doctrinas son falsas, como falsos son los otros padres, por esto os dije Yo, Jesucristo: No llamaréis padre a nadie de la tierra ya que sólo hay un padre, y éste es Dios.

Por eso, no deseo que creáis y os unáis a otra doctrina y ciencia, que no sea la mía, ya que ciertamente sólo Yo, Dios, soy vuestro Padre, que padre quiere decir; Creador.

Nadie de la tierra os puede crear, sólo Yo, Dios, os di la vida, y os la mantengo hasta que quiero.

La vida y la muerte son mías, ¡de Dios Creador y Redentor, de Dios en Unidad!

POR LO CUAL, NO ACEPTÉIS LAS DOCTRINAS MUNDANAS, ¡del mundo!

Apartaos del comunismo; y no admitáis el socialismo, ni el capitalismo.

Sólo es mío el Cristianismo, la Doctrina Católica, la del Papa, ¡la Santa, la Perfecta! La que cuando intentáis seguir os da paz, ¡mi Paz, la Paz de Dios!

Y mi paz no son sensiblerías, como da el protestantismo. Mi paz es fuerte, no se quiebra, ni te hace llorar de impotencia ante tanta injusticia humana, ¡no! Mi paz es recia, y quien la tiene no se esconde, ni es dominado por el mundo.

Quien tiene mi paz actúa ¡libre! Y va y hace lo que desea, ya que mi paz está en mis Sacramentos, y los Sacramentos son para los imperfectos, los que necesitáis de Mí, de Dios, para vivir y sentir esta paz que os doy, al intentar con todas vuestras fuerzas, cumplir con vuestro deber. Y si os despistáis y pecáis, acudís al Sacramento de la Confesión, y vuelvo Yo, Dios, a daros la paz, que es la Fuerza de mi Amor.

Quien tiene y vive mi amor, el amor de Dios, tiene y vive mi paz, la paz de Dios.

Estarás contenta hoy, Primavera, llevo mucho tiempo contigo, y aunque tu mano está cansada, tú eres feliz, ya que Yo estoy en ti, he venido a ti, y tú me das al mundo a través de tu escritura.

Sí, quiero que estés contenta, ya que Yo, Dios, te amo mucho, y mucho he hablado hoy contigo para que veas mi Amor y te goces en mi Paz.

Bendita seas, hija mía, tú y los tuyos, sois todos míos; y os amparo, y nada ni nadie podrá dañaros jamás.

Seguid así, cumpliendo vuestro deber; que es lo natural y lo justo.

Yo, Dios, os bendigo por vuestra fortaleza y por vuestro empeño en ello, en ser naturales, y por tanto y cuanto, me dais gloria; por vosotros y con vosotros, soy glorificado.

¡Aleluya!