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LA IGLESIA DEL PAPA, LA ÚNICA IGLESIA DE DIOS - 37. página

Libro nº 7 de Primavera de la Gloria de Dios

Revelaciones 35

Lunes, 12 de Mayo de 1.997     Rezo…
10:13h. a 11:01h.

+ Muchos hacéis voto particular de obediencia, pero no os cercioráis si a lo que vais a obedecer son normas y órdenes que están unidas a la voluntad del Papa, de mi legítimo sucesor.

¡Los santos no son mis sucesores! ¡Mi sucesor es el Papa! El cabeza de mi única y Santa Iglesia.

Hijos míos, no me seáis atolondrados, y antes de uniros a ningún grupo de mi amada y Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, investigad y cercioraos de que obedecen, en todo, al Santo Padre, al Papa.

Os ponen carga adulterada, ya que mezclan algunos, fango con el oro puro. No por su exigencia en el obedecimiento de sus reglas, y su severidad en ello, son esas causas de mi agrado. Hay muchos que estáis de pie, o sentados, a la hora de mi venida en la Santa misa. Y éste, no es el deseo del Papa. ¿Cierto?

Pues, si no lo sabes, tu obligación es saber lo que dice el Cabeza de Casa.

¡El santo que tú sigues o la santa que imitas, no son el Papa!

Aunque el Papa no sea santo, él es mi sucesor, el sucesor de Dios, ¡¡Yo!!

Hijos míos, es fácil tener fe en Mí, en Dios, ya que estoy en tu corazón y en tu mente. Tu alma la hice Yo, Dios, por eso te es fácil creer en Mí, y hay pocos que no creáis de verdad que no exista Yo, Dios.

Pero, cuando luego buscáis mi Rostro en mi Iglesia, en mi doctrina, como lo buscáis a través del rostro de los hombres, os engañáis.

Buscadme en el Libro Santo, en la Biblia, y me hallarás; y nadie te engañará, ni los mismos “fariseos” de mi Santa y Única Iglesia, ¡la verdadera!, ¡la del Papa!, la Católica, Apostólica y Romana.

Yo, Dios, os hablo la verdad, y os ayudo a encontrar mi Camino.

¿Quiénes son mis santos? Son los que han encontrado mi Rostro, y la gran mayoría van solos por la vida; se adhieren a ellos los demás.

Pero, los que veis mis maravillas en ellos, van solos. Y su estandarte es la doctrina del Papa, y han tenido que luchar contra los falsos profetas, los sacerdotes endemoniados. ¡Sí!, pon endemoniados, Primavera, es lo que te digo y es lo que son los que van contra el Papa: ya que Yo, Dios, estoy con él, con el Papa, y los que van contra él y su doctrina, que es mi doctrina; las normas, las reglas, los estatutos de Dios; Yo mismo, que creé y redimí al mundo vivo. Y vivo Yo, Dios, en mi mundo y os veo de continuo. Y todo aquel que va contra Mí, Dios, es satánico, es endemoniado; ya que Satanás, el Demonio, lo tiene dominado y hace de él su esclavo.

¡No os fieis de nadie!, y tratad a todos como a santos, ya que, los endemoniados, al ser tratados como discípulos míos, ese mismo trato santo les impide destrozaros.

Pero ser santo no es ser beato e ir diciendo “sí”, callando cobardemente, mientras decís que lo hacéis por caridad.

¡¡No sabéis lo que es la caridad!! (Y lo dice fuerte).

La caridad es hacer el bien que Yo, Dios, quiero que hagas, por amor a Mí, a Dios. Y este amor te hace amar a los demás.

¡¡No llaméis caridad a la cobardía!!

Los cristianos, ¡los católicos!, no podéis ser cobardes ya que tenéis mi Verdad, vivís mi Vida, y andáis mi Camino. ¿Veis cómo estáis unidos a Mí? Pues no podéis ser cobardes, ya que Yo, Dios, no soy cobarde.

¿Conocéis a algún santo que haya sido cobarde?

¡¡No!!, no existen los santos que hayan sido cobardes, o que no me hayan ayudado a darme al mundo.

Los que os creéis santos y no me ayudáis a salir al mundo, ayudando a los que llevan mi Sello, ¡sois “fariseos”!, y Yo, Dios, os acusaré por ello.

Vivís bien vuestras normas, pero cuando Yo, Dios, os pido un favor especial de apostolado, ¡calláis!
Os escudáis en las reglas de vuestro Santo y os laváis las manos como Pilatos.

Y Yo, Dios, como a Pilatos, os doy la oportunidad de ser de mi bando, del bando de los héroes.

Como Pilatos se debía a Roma, vosotros os debéis a vuestro Santo, y lo que no está escrito en sus normas, no hacéis caso, aunque sea una orden Divina.

Yo, Dios, os pruebo. Puedo sacar pan de las piedras, y puedo hacer que los mundanos hagan las funciones que pedí a “los santos” y que se niegan a ello; y como Pilatos os laváis las manos.

Ponéis la excusa de “mis ovejas”, y por ella, abandonáis a las descarriadas.

Yo, el Buen Pastor, dejo el rebaño y voy en busca de las ovejas perdidas.

Por una, sólo por una, dejo el rebaño y me lanzo a su búsqueda.

Si no me imitáis a Mí, a Dios, por más que intentéis imitar a vuestro santo, ¡no sois santos!

Las reglas os atan al tiempo, y mi tiempo avanza; no muere con la muerte del Santo. Y por ser Dios Vivo, continúo hablando con mis hijos, con el mundo, a pesar de que el Santo de un determinado grupo, sea esto, santo, por estar en el Cielo Conmigo; con el verdadero y único Dios del Universo.

Un santo no es Dios, me imita y se santifica con tal imitación. Pero Yo, Dios, soy el único Dios.

Seguid en todo al Papa. Éste es el sello de los que sois del Dios verdadero, ¡Yo!

Rezo…   20:50h. a …

+ Amados:

¿Por qué os disputáis a mis ovejas y las deseáis para un grupo de mi Iglesia?

Si todos obedecéis en todo al Santo Padre, ¡al Papa!, todos sois buenos y camináis el camino de santidad.

¿A qué tantas disputas entre los miembros santos de mi Santa Iglesia, la Católica, Apostólica y Romana?

Habláis mal un grupo de otro, llegáis incluso a calumniar para conseguir vuestro propósito; un nuevo súbdito de vuestro grupo.

Y esto, ¡no me gusta! (Está enfadado).

Si Yo, Dios, pudiera enfadarme, amada Primavera, esto haría con el comportamiento de la gran mayoría.

¡No está unida mi Santa Iglesia Católica! Los santos, que tanto y tanto me amaron, parecen los culpables de vuestros pecados.

Si alguien que no es de vuestro grupo, precisa ayuda y apoyo, para ir en busca de las ovejas descarriadas, no creéis que sea asunto vuestro y le dais la espalda, os laváis las manos.

Oh, hijos míos, cuan harto estoy de vuestra imperfección.

Y el Papa, pobre hijo mío, debe escuchar las quejas que un grupo dice de otro.

Y así, todo el tiempo, ve cómo las ovejas que deberían ser santas están inquietas por cosas vanas, como el saber la etiqueta, de dónde, de qué grupo pertenece “un santo”, antes de darle su mano.

Mucho ruido hacéis en la hora de la Santa Misa cuando os dais la paz con un apretón de mano. ¡Dejad de ser mundanos!, y recordad que Yo, Dios, os veo siempre.

Pensad en Mí y obedeced en todo al Papa.

Uníos todos los grupos de mi Única y Santa Iglesia Católica, y ayudaos a recobrar o a buscar ovejas para el Pastor, el Papa.

Que vuestros ojos estén puestos en él y su doctrina, más incluso que en el Santo o Santa fundador-a de vuestro grupo.

Y los que vais solos también poned vuestros ojos en el Pastor, el Papa, a mi sucesor.

Quien no haga esto, le espera el Infierno. ¡Sí! Anótalo, Primavera. Yo, Dios, digo el Infierno.

Quien no ame y obedezca al Papa, se quemará en el fuego de la Gehena.

Recordad que el Papa soy Yo, Dios, que con él estoy, y vosotros sois individuales, y el santo al que profesáis devoción; está muerto y juzgado por Mí, por Cristo, Dios, pero que vosotros aún estáis vivos, ¡aún no sois santos! Antes os juzgaré y mi misericordia caerá a raudales por quien ame y obedezca en todo al Papa, ¡a mi hijo!

Yo, Dios, lo amo con delirio, sea quien sea, por el hecho de haber sido elegido por mi Santo Espíritu: es mi amado, ¡mi hijo! Hijo del Altísimo, Padre de la Iglesia Santa, la Católica, Apostólica y Romana, la única Iglesia de Dios, ¡la del Papa!

Aquí termina, hija mía, mi fiel y valiente Primavera, mi séptimo libro contigo. Y ponte a escribir mi octavo libro, al que denomino: Las Almas.