Viernes, 18 de Abril de 1.997 Rezo…
12:16h. a 13:12h.
Yo.- Dios mío, te necesito. Realmente seguirte, andar por Tu camino, es duro. A veces no te veo, es decir, no veo Tu Providencia, ya que la monotonía es triste.
+Estás asustada con el peso de tu carga, que por el santo cumplimiento de tu deber vas sin ver.
¡Yo estoy aquí contigo! Pero no me ves, ya que no me miras a Mí, a Dios, sino al mundo.
Y os repito: vosotros sois de Mi Mundo, no os fijéis en este mundo terrenal de competición, de traición.
¡Mira a María! Ella vivió en la tierra, viendo a Dios, y así debes hacer tú, amada mía. Estás cansada, ¡descansa en los dulces brazos de María!
Has hecho bien acudiendo a Ella por mediación del Santo Rosario que me habéis rezado. Y digo habéis, ya que cuando alguien lo reza, automáticamente María se pone de rodillas ante mis pies, y me los besa, mientras reza al compás de tu mismo rezar.
Debéis tener mucho respeto al rezo del Rosario, ya que cuando rezáis, María Santa se abraza a mis pies y me suplica por ti, por el que reza y sus intenciones en las peticiones.
No temas, Primavera, estás pasando el invierno donde todo parece muerto, mas, la savia está viva, aunque los árboles parezcan secos.
Deja pasar el tiempo, que llegará la primavera y lo que parecía “muerto”, reverdecerá y dará frutos y flores.
Descansa en tu invierno y sé feliz por amarme tanto.
Yo.- A veces pienso que a pocos les interesan Tus locuciones conmigo, ya que eres exigente y no dejas ningún cabo suelto. Y esto supone un gran esfuerzo para los que deseamos la santidad, para vivir eternamente entre Tus Brazos en el Cielo.
+ Sé que, a través de ti, amada mía, mis locuciones contigo no se basan en pediros la bondad y el rezar. A través de ti, sacudo las conciencias, que hoy día la gran mayoría viven con un pie en lo mundano y otro en lo divino, y deseo que pongan los dos en lo mío, en la caridad.
Yo.- Pero… ¿Tú sabes lo difícil que es? ¡Es de locos!
+ Cierto, amada Primavera. Tú estás loca por mi amor, al igual que Fuerza, pero sabes que conseguir la locura en todos, es muy difícil.
Yo.- Mira, yo, a veces pienso, medito todo lo que me dices y lo veo tan difícil para el mundo. Yo, como no tengo nada, sólo a Ti y a mi familia; pero hay muchos que tienen mucho. Yo te amo y me abandono a Tu amor; pero… sé que si no fuera por Ti, no podría: hay tantas cosas lícitas que son tan atractivas.
+ Tú sin Mí no tienes nada, aunque tuvieras mucho. Yo contigo lo tienes todo, no digas jamás que no tienes nada. ¿Sabes lo que es nada?
Yo.- No… ¿Algo oscuro?
+ La nada es lo que había en el universo antes de que Yo, Dios, lo creara.
Desde el momento que Yo puse en él mi pensamiento, el pensamiento de Dios en Unidad, dejó de ser nada y existió.
Cuando uno no está bautizado, se asemeja a esta nada, a la nada antes de la Creación. Cuando veas una persona que no está bautizada, puedes llorar por ella, bendita Primavera, ya que Yo, Dios, no estoy en ella.
Los pecados más grandes, en quien está bautizado, no son nada; lo que sí es nada, es no tener mi Espíritu Santo por no estar bautizado.
Yo.- ¿Y qué puedo hacer?
+ Rezar, rezar, rezar.
Yo.- Se debe rezar muy poco en el mundo ya que no ocurre nada, es decir, no se bautiza y se peca de continuo. Incluso yo peco cuando, como hoy, estoy triste por ver al mundo tan lejos de mí y sentir esa soledad de saberme fuera del mundo.
+ Sí, y la tristeza aún os impide rezar.
Te he puesto a ti y a los tuyos una pesada carga, ya que no deseo os unáis a ningún grupo católico. Por eso te sientes sola, pero no lo estás, ni lo estarás jamás. Hay muchos que te llaman bendita y me piden por ti.
Yo.- ¿Sí?… Es que no me acuerdo de los que me aman; están tan lejos.
+ Y tú estás tan cerca de Mí.
Yo.- Te amo, Amor mío y Dios mío. Te amo muchísimo.
+ ¿Y sigues triste?
Yo.- Sí, perdóname, pero incluso ahora lloro de tristeza por este mundo que está tan lejos de mí, aunque yo vivo en él.
+ Te dije que llorarías por el mundo. ¡Aún deberás llorar más! Me agrada tu santa tristeza, por esa cruz que, por mi amor, llevas a cuestas.
Yo.- Pero, no soy buena, no hablo con caridad con mi amado esposo, creo que le contagio mi tristeza, mi desasosiego. Yo no sé vivir en el mundo, me cansa el mundo, me agobia el mundo, y amo el mundo: Es raro lo que me ocurre, pero me ocurre.
+ Es dulce y duro el camino de santidad.
Yo.- Bueno, si pienso en Ti, y vivo por Ti, no es triste, al contrario, es muy feliz y alegre. Pero si pienso en mis amados semejantes, y veo que es tan difícil seguirte, y son tan débiles que cuando me hablas como ayer hiciste, y me dices las cosas tan claras que debemos hacer los que te amamos, que pienso: ¿Quién Te seguirá cuando les diga o lean lo que Tú les pides? Y el mundo, cuando hay salud y dinero, es bueno, es agradable. Yo ya sé que siempre viviré la pobreza, tenga lo que tenga, pero, ¿sé?, ¿sabré? Creo que a veces se me van los ojos en las cosas lícitas. Perdóname.
+ Y, ¿qué crees que hago siempre? Perdonarte. Perdonaros.
Yo.- ¿Tú crees que soy una buena esposa y madre? Me veo fatal.
+ Deberías ser mejor.
Yo.- Eso mismo pienso yo, pero: ¿Cómo?
+ Ante todo, olvídate de lo mundano, y no te pongas triste antes de tiempo. ¿Qué sabes tú de tus futuras nueras y yernos? ¿Crees que no sabrán vivir como intentáis hacerlo vosotros hoy? ¿Dudas de mi Providencia? Sí, ya sé que deseas la santidad de todos los tuyos. De continuo vienen ante Mí, Dios, estas súplicas; estás más preocupada tú, que tus hijos mismos. Sé buena y apóyate en Mí, en quien tanto te amo. ¿O es que no estoy loco de amor por ti?
Yo.- Sí, sí, sí.
+ Pues ocúpate de tu labor: Debes ser santa. Esta es tu labor, te la impongo Yo.
Yo.- Yo la acepto. Intentaré ser santa. Ayúdame.
+ Ven, coge tu cruz y sígueme.