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Revelaciones 21

Viernes Santo, 28 de Marzo de 1.997  Rezo…
15:20h. 15:40h.

+ Morí por ti, me dejé llevar a la muerte, ¡por ti!

Dios, así me lo pedí y obedientemente llegué hasta el principio del fin, morí por ti.

No llores, eso también lo hice por ti.

Cuando se habla de mi dolor, de mi Sacrificio en el Calvario, no se habla de mis lágrimas, y Yo, Dios Jesucristo, lloré de dolor físico, lloré de pena espiritual.

¡No temáis llorar, ya que Dios lloró! Lloré y me desangré.

Y mi pena mayor, como hombre perfecto que soy, fue al ver el desgarrador sufrimiento de mi Madre, ¡María! ¡Madre de Dios, mía!

Nadie ni nada me quitó su amor.

Su amor fue y es mío, ¡de Dios!

Ni su amor por Mí, por Jesús, le quitó ni un ápice ni una tilde de su amor a Mí, a Dios, al que libremente obedecimos individualmente.

Ni Yo, Jesús, la obligué a obedecerme a Mí, a Dios. Ni Yo, Jesús, fui obligado por María, la Madre de Dios, mía, a obedecerme.

Ambos libremente, individualmente, por amor permitimos que Yo, Dios, mandara en nuestras vidas, la de María y la mía.

Vosotros, individualmente y libremente, obedecedme.

Y, ¿qué os pido?

El que por amor al que tanto os amo, cumpláis con todos y cada uno de los santos mandamientos de mi ley, la ley de Dios y los mandamientos perfectos, santos, de la Santa, la perfecta Madre Iglesia, de Dios; la del Papa, la Católica, Apostólica y Romana. 

Y que obedeciendo me améis tanto, que anheléis y deseéis estar Conmigo, con Dios mismo. Y que Yo mismo viva en vosotros, venga, esté con vosotros.

Y, ¿dónde me hallo Yo, Dios?

Me hallo y me hallaréis, si me queréis, en los Santos Sacramentos, ¡en todos y cada uno de ellos!

¡Venid a Mí, todos los que estéis cansados, todos los que lloréis!

Yo, Dios, lloré y mi Padre vino a Mí y me consoló con su Amor. Y Yo aprendí del Padre, y soy el Padre y os deseo consolar de vuestro dolor:

¡Acudid a la confesión!

¡Acudid a la comunión! ¡Allí estoy Yo, Dios!

¡Bautizaos!